lunes, 1 de enero de 2018

Silencio, es su casa

Voy a comentar un comportamiento del ser humano que me indigna. Había pensado en ello varias veces antes, pero lo hice por última vez durante mi visita a Budapest, una hermosa ciudad en la que lamentablemente no necesitas andar demasiado para ver personas sin hogar.

Si se guarda silencio o se habla con un volumen moderado en lugares tales como hospitales, si a la gente le molesta estar en un hotel y que en las habitaciones próximas o en los pasillos la gente no respete los descansos ajenos, etc... ¿por qué la gente no guarda silencio durante unos segundos o procura no alterar el sueño de quienes duermen sin un techo bajo el que ampararse hasta que se aleja lo suficiente como para no molestarle? Personalmente, me pone muy nervioso, o furioso, ver una persona sin hogar durmiendo y que la gente pase como si no hubiera nadie. Además de todos vuestros propósitos para el nuevo año os invito a que llevéis a cabo uno de los más sencillos de cumplir: cuando veáis una persona sin hogar, al menos, respetad su descanso.

martes, 24 de octubre de 2017

La leyenda de Jesse Owens

Hay una historia ligada a Berlín que me emociona por demás y lo hace con la particularidad de combinar ficción y realidad. La parte ficticia cae a cuenta de "La ladrona de libros", la mejor historia novelada que jamás he leído, mientras que la realidad corresponde a los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. Es la vivencia de un personaje de ficción tremendamente entrañable: Rudy Steiner, un niño gamberro, desobediente, deportista y súper competitivo de Himmelstrasse -con el que no puedo no sentirme identificado- que en la Alemania Nazi tenía como referente a un atleta negro. Se trataba de Jesse Owens, aquel velocista negro que llegó a este Olympiastadion de Berlín para poner en jaque la supuesta supremacía de la raza aria y llevarse cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos a los que Hitler pretendía dar un uso propagandístico del Tercer Reich. En este mismo estadio, más de setenta años después, Usain Bolt detuvo el cronómetro en 9,58 segundos en la final de 100 metros del Mundial 2009, firmando el actual récord del mundo de velocidad. Aquello me puso la piel de gallina, pero personalmente me quedo con el carbón con el que el infante alemán tiñó de negro su piel, el Hubert Oval haciendo las veces de Olympiastadion y el demente de Rudy estrechando las manos de los rivales imaginarios de un Jesse Owens al que encarnaba él mismo antes de batir a todos en una carrera tan imprudente como emotiva. «Algún día caerás. ¡Ya lo verás, Liesel!»

Yo en el Olympiastadion, el templo deportivo en el que se forjó la leyenda que inspiraba a nuestro queridisimo Rudy Steiner

jueves, 12 de octubre de 2017

12 de octubre

Se me hace difícil creer que alguien pueda encontrar motivo alguno de celebración en una fecha como la de hoy. Entiendo que cuando uno conmemora un acontecimiento, con dolor u orgullo, lo hace cuanto menos consciente de aquello que representa; y no se limita a enarbolar un pañuelo con el riesgo de hallarse rindiendo tributo a un proceso histórico colonizador plagado de sufrimiento y muerte de personas inocentes. En consecuencia y por una razón de humanidad, quiero creer que solo una osada cuestión de desinformación lanza a algunos desafortunados a hacer alarde de "hispanidad" en un día como hoy.

Trazo mi vida con absoluta fidelidad a unos principios que son absolutamente incompatibles con el regodearse en el saqueo de los pueblos aborígenes o en la imposición cultural. Será por eso que en mi opinión resulta impactante ver como choca la Ley 18/1987 que declara festivo el 12 de octubre con el artículo 578 del Código Penal que regula el enaltecimiento del terrorismo y que recoge una serie de conductas que parecen coincidir con aquello que se conmemora en esta fecha. Claro que no aspiro a ver a la Fiscalía del Estado ni a la Audiencia Nacional tomando hoy nota del desfile de las Fuerzas Armadas. Y todo esto dejando de lado aquello de sentirse orgulloso de ser español. Tan incongruente, por otra parte, como despreciar a alguien por el mero hecho de ser español. Sentir orgullo de ostentar una nacionalidad es tan absurdo como estar orgulloso de tener el pelo oscuro o cuatro extremidades. Ni estoy orgulloso ni me avergüenzo de ser español y argentino. Lo soy y punto. ¿Cómo estar orgullosos de aquello que nos ha venido dado o que ha sido fruto del azar?

El 12 de octubre es una fecha que desde una perspectiva histórica no ofrece motivo alguno de celebración. Y no por ello España deja de ser un lugar maravilloso. Lo sabe todo aquel que haya contemplado su fascinante geografía, gozado de su inmejorable clima o tratado con su gente (salvo episodios desafortunados como al que le pueda haber tocado lidiar conmigo). Pero se me hace difícil agitar una bandera que simbolice un Estado sin una independencia real del Poder Judicial, un país con millones de viviendas vacías y a su vez miles de familias con niños durmiendo en las calles (¿art. 47 CE?) porque se prefiere rescatar bancos a personas, un sistema educativo que margina al estudiante con dificultades familiares y que se empeña en alejar a las clases bajas de la Universidad, un país anclado en otra época que contempla y admira una Corona cuyo único mérito conocido es haber sido nombrado por Franco como sucesor a título de rey, un sistema sanitario que se desmorona como consecuencia de una política gubernamental que prioriza invertir en Defensa antes que en sanidad.

¿Alguien en su sano juicio puede estar orgulloso de todo eso? No os conforméis con agitar una bandera.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Violencia machista a la vista

Hace escasa media hora he vivido una nefasta experiencia en la Playa de la Fossa que procedo a relatar: caminando por el paseo entre una multitud he visto como un chaval de unos 25 años agredía a su pareja. El primer disgusto ha sido comprobar como la totalidad de las personas que han presenciado la horrible situación han optado por hacer como que nada había sucedido. Yo me he acercado a recriminarle a él y a ofrecerle ayuda a ella. Él me ha dicho que era su mujer y que le hacía lo que le daba la gana, que yo a mi mujer le hiciera lo que quisiera. Ella ha insistido en que no le había pegado. Ver para creer. Le he dicho que no tenía que tolerar eso mientras tecleaba el 016 en mi teléfono y su respuesta ha sido abrazar al agresor. Le he insistido en ofrecerle mi ayuda y ella ha hecho lo propio con que no le había golpeado. Ha rodeado al agresor por la cintura y ella misma es la que ha iniciado la andadura para marcharse de allí. Me he visto en una situación de absoluta impotencia y he pensado que si llamaba pidiendo ayuda seguramente para cuando llegase la ayuda no sabría ni donde estaría esta pareja de futuro poco esperanzador. En un instante y como consecuencia de la falta de interés de la víctima he decidido que no serviría de nada pedir ayuda y he seguido camino yo también. Me toca quedarme con el sabor de la amargura de no haber podido hacer más por la víctima, o no haber querido, o no haber sabido hacer lo correcto cuando evidentemente esa mujer necesita ayuda. No quiero pensar cómo será la vida de esta mujer pero a la vez no puedo evitar pensarlo. Martes negro, sin más.

Original en mi Facebook.

miércoles, 21 de junio de 2017

Alcohol y volante

Ayer volví a sentir lástima por la sociedad en que vivimos. Un grupo de jóvenes con una educación notable presumía de las artimañas que llevaban a cabo para eludir los controles de alcoholemia los domingos, cuando regresaban del famoso Tallarina. Era su plan para esa tarde. Y lo hacían entre risas mientras recordaban como conductor y pasajeros iban en ocasiones embriagados por igual. Decían que es que era una putada por una borrachera pagar 1000€ de multa. No pude contenerme y les dije que me parecía mucha mayor putada exponerse al riesgo de lesionar, dejar inválida o incluso matar a una persona por conducir sin estar en condiciones que una simple multa. No me pudieron responder nada, pero no mostraron ánimo alguno de rectificar esa conducta.

He mencionado al principio de la publicación la educación de los sujetos porque me parece significativo. No se justifica en ningún caso, pero me parece un agravante que gente educada pueda cometer la irresponsabilidad de sentarse al volante en estado de ebriedad. Luego llegan las desgracias, lloramos un par de días y vuelta a lo mismo. ¿Ya nos hemos olvidado de los ciclistas de Jávea y Oliva? Porque muchos de los que quieren que la conductora del accidente de Jávea ingrese en prisión llevan a cabo conductas similares y parece que no son conscientes de esto.

jueves, 9 de marzo de 2017

Día Internacional de la Mujer

He dudado mucho y sí, voy a pronunciarme sobre el DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER.

En primer lugar, felicidades (y no a modo de festejo) a las que dignifican el género. A las que de un modo u otro tomaron el testigo de las Clara Campoamor, Carmen de Burgos, la Pasionaria y todas aquellas que en tiempos todavía más complicados iniciaron una lucha ante la más absoluta de las opresiones. Mi más sincera admiración por las mujeres combativas.

Por otra parte, mi más sincero respeto a las que tienen un salario menor por un mismo trabajo; a las que acceden a un puesto peor pese a contar con igual o mayor cualificación; a las que sufren el doble para acceder a cargos de responsabilidad; a las que de un modo u otro, en algún momento han sufrido violencia machista verbal o física por parte de sus parejas, aunque desgraciadamente algunas ni lo sepan; a las que han sufrido acoso laboral y a las que, aunque sea una sola vez, hayan tenido que aguantar lo de las "denuncias falsas". También para las discriminadas en los Juzgados cuando los jueces no son más que el reflejo de una sociedad machista y tienen que aguantar un último bofetón cuando se agarran al clavo ardiendo de la justicia como último aliento de esperanza.

Y como no, párrafo aparte por lo que me toca, a las deportistas que después de tantos años siguen su particular lucha en una sociedad que presume de igualdad de sexo, pero que legisla contra las mujeres hasta en materia deportiva. Basta echar un vistazo a la Ley General de la Comunicación Audiovisual, que en su artículo 20 recoge los "acontecimientos de interés general" y en ningún momento aclara qué acontecimientos son masculinos y cuáles femeninos. No lo hace como fruto de la normalización, ya que recoge, entre otros, "las semifinales y la final de la Eurocopa de fútbol y del Mundial de fútbol", pero solo son televisados los masculinos. Y como no, el prestigio. Serena Williams, Steffi Graf, Gisela Pulido, Laia Sanz, Maialen Chourraut, que el pasado verano se convirtió en la primera madre española en ser campeona olímpica, y tantas otras que se dejan la piel entrenando cada día por un reconocimiento que nunca llega.

Ya residualmente, para cerrar, mi indignación ante las feministas de Facebook e Instagram. No sobran mujeres en esta lucha y todo suma, pero compartir una foto en Facebook, un "vivas nos queremos" o un selfie en Instagram con una frase de Frida Kahlo o Angela Davis no es feminismo. Deseo que ese sea solo el primer paso y nos encontremos en las calles, piquetes, barricadas o huelgas generales. Ojalá sea el inicio de la suma a una lucha que necesita de todas. Pero, si no, por favor, un poco de dignidad, amor propio y, sobre todo, respeto a las mujeres que a cambio de nada luchan cada día en las calles por hacer de este un mundo más justo.

VIVA VUESTRA LUCHA y, a vosotras sí, FELICIDADES.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Censura

A esta situación tremendamente crítica solo ha sido posible llegar con el consentimiento de la ciudadanía. Una sociedad que se ha limitado a observar impasible como sus derechos eran recortados día tras día mientras clamaba al cielo por lo que, los que les recortaban sus derechos en España, les decían que ocurría en Venezuela. Nunca he creído en España como el “Estado social y democrático de Derecho” que proclama el artículo 1 de la Constitución. Pero, por una época, llegué a pensar que estábamos lo suficientemente lejos de la España de posguerra. Cuanto más tiempo pasa y más indiferentes nos mostramos ante cada puñalada asestada a nuestros derechos, más nos acercamos a la España a la que, en teoría, nadie quiere volver. El color de la papeleta hizo que, increíblemente, los que presumen de demócratas se posicionaran a favor de encarcelar a los titiriteros por una obra de teatro. Cuando estudiábamos el Franquismo nos hablaban de la censura palpable en las letras de Cecilia, Luis Eduardo Aute o Paco Ibáñez. En el Siglo XXI, en plena era de las comunicaciones, te mete entre rejas un maldito tuit. ¡Qué mal vamos!

viernes, 27 de enero de 2017

Caer y levantarse

Son más de 700 victorias y 150 derrotas en el circuito. Ya conoce todas las sensaciones, pero algunas hace tiempo que han quedado atrás. Un incombustible Nadal patina sobre la tierra batida del Foro Itálico para desquiciar a un Guillermo Coria que no encuentra lugar al que no pueda llegar para devolverle la pelota una vez más. Un atrevido joven de 22 años recién cumplidos desafía a Roger Federer en la Centre Court de Wimbledon para, ahora sí, quitarle el cetro al maestro de maestros. Hemos visto una y otra vez una derecha abierta que cae como un tomahawk bautizando ángulos desconocidos. Ese 'banana shot' made in Manacor capaz de hundir la moral del mismísimo Novak Djokovic. Y el puño apretado acompañado de una rodilla que sube a la altura del rostro del único tenista que junto a Andre Agassi puede presumir de haber ganado el Golden Slam. Atrás quedaron esas sensaciones de imbatibilidad forjadas a partir de 81 victorias consecutivas sobre una misma superficie para dar paso a un mundo desconocido. La impotencia, la inseguridad de qué pasará cada vez que saltaba a la pista son los recuerdos más recientes. Un revés cortado que se queda a mediapista en forma de harakiri. Un servicio indolente que hacía mirar con nostalgia la videoteca de los US Open 2010 o 2013. Unas piernas lentas incapaces de hacer de la línea de fondo un fortín. El imbatible Rey de la tierra hinca la rodilla ahora una y otra vez sobre el polvo de ladrillo. Pero no se rindió. Y tocó sufrir. Nadie sabe sufrir como el Rey de la tierra batida. Un paso adelante para restar y más peso en la raqueta para golpear más agresivo. Si el segundo saque era seña de identidad, Nadal se presenta en Australia con un primer saque para dominar los juegos al servicio. Y ahí vimos al combativo de Nadal de siempre, porque eso nunca lo perdió, con armas para salir a matar. Cayó Zverev, cayó Monfils y ha caído Raonic. Nadie podría volver del abismo si no se llama Rafael Nadal Parera. Una capacidad de sacrificio jamás antes vista y una cabeza robusta como una roca es el cóctel perfecto para no morir jamás. El mejor competidor de la historia de este deporte está en semifinales de un Grand Slam después de 965 días. Ganar es secundario. Sólo hay una cosa mejor que ver ganar a Rafael Nadal y es verle competir. Faltan nueve horas para que salte a la pista buscando una final en la que espera Federer. La vida se lo debe al tenis. Vamos, Rafael.

viernes, 1 de julio de 2016

¿Dónde quedó aquel rugby?

Echo de menos el rugby. El clásico. El amateur. El que empezó a morir hace no más de cinco años. Echo de menos el rugby en el que distinguíamos a delanteros y tres cuartos, por la forma de jugar y por la forma de ser. Echo de menos esos equipos en los que viendo bajar a los jugadores del autobús ya sabías cómo iban a formar. Y entrenando, ahí es donde más lo echo de menos. Echo de menos a los medios de meleé que querían ejercicios de pase, para agachar el culo, rozar la hierba y con la pierna totalmente recta poner un pase preciso tan lejos como puedan. Echo de menos al apertura que quiere patear, y que cuando el ejercicio acaba pone un 'up and ander', por lo que hubiera podido ser. Echo de menos a esos centros que le hacen un cambio de pie hasta a su propia sombra, casi hasta cuando el ejercicio es de chocar. Echo de menos esos alas con velocidad punta que superan al adversario y mientras el entrenador les grita "al suelo" siguen corriendo hasta el ingoal, porque aman esprintar. Y echo de menos a ese zaguero que se frota las manos ante los fallos de sus compañeros para ir a cerrar, aunque sea un 2 vs 1 que sabe que va a acabar en ensayo. Total, es un entrenamiento. Y los delanteros. Echo de menos esos primeras líneas que le piden al apertura que les pongan balones altos. Echo de menos esos segunda líneas que bajaban media hora antes para mejorar el pase. Y echo de menos a los terceras omnipresentes que quieren salir del ruck para doblar al zaguero y picarse en explosividad. Ese rugby. ¿Os acordáis? Un especialista en el pase, un especialista en la patada, un especialista en el juego de piernas, un velocista, algunos tipos duros... El primera que entrenando buscaba un cambio de pie y que prometía que antes de terminar la temporada iba a ensayar redoblando al ala. Echo de menos esos pequeños grupos dentro del equipo que en función de su condición física se juntaban para salir a correr. Echo de menos, sobre todo, cuando en el rugby se valoraba más el corazón y la habilidad jugando que lucir un cuerpo de gimnasio. Siempre seré más de Pichot que de Chabal.

martes, 28 de junio de 2016

Imbéciles

Una de las cosas que más gracia me hace de la derecha es que consideren falta de respeto que desde la izquierda digamos que somos un país de imbéciles tras el resultado de las últimas elecciones. Y en algo tienen razón: en España somos 46 millones de habitantes de los que sólo 8 millones han votado al PP, más otros 10 millones han desperdiciado su oportunidad de acabar con este gobierno corrupto a través de abstenciones, votos en blanco y votos nulos. Es decir, sólo 18 millones de los 46 millones de habitantes son responsables de este resultado. Además, en el caso de los 8 millones de votantes del PP, no puedo catalogar a todos de imbéciles, pues hay una minoría a la que realmente le favorece que gobiernen (más allá de que en mi caso, por una cuestión de principios, ni aun beneficiándome podría votar a un partido homófobo, xenófobo o sexista como el Partido Popular). Algunos por intereses empresariales o financieros, dado que para explotar a un trabajador el respaldo de la reforma laboral de 2012 es una garantía; y otros por enchufismo. No es que el gobierno nacional les vaya a colocar en los Ayuntamientos o puestos de privilegio, pero bien es preferible que los que les dan esos magníficos puestos de trabajo estén contentos. Al fin y al cabo no iba a ser casualidad que se repitan tantos apellidos por el Ayuntamiento, y que el que no se repita sea primo/cuñado/amigo de.

Rectificando por tanto lo de que somos un país de imbéciles por un más apropiado "en España hay alrededor de 17 millones de imbéciles", sigue haciendome gracia que la derecha considere falta de respeto la catalogación de "imbéciles", algo que no es más que una definición objetiva.

Si llamarles "imbéciles" es una falta de respeto, me pregunto yo: ¿es una falta de respeto al resto de ciudadanos de este país respaldar a un gobierno corrupto? ¿y respaldar a un gobierno que ha recortado en sanidad? ¿y respaldar a un gobierno que está alejando a las clases populares de las Universidades? ¿y respaldar a un gobierno que ha dado la espalda a los niños autistas? ¿y respaldar al gobierno de la amnistía fiscal al servicio de los defraudadores? ¿y respaldar a un gobierno que ha recortado en ayudas a la dependencia? ¿y respaldar a un gobierno que ha permitido que niños indefensos duerman en la calle habiendo viviendas vacías? ¿y respaldar a un gobierno que ha recortado en pensiones? ¿y respaldar a un gobierno que incumplió, día tras día, su programa electoral con el que ganó las elecciones anteriores?

Sé que nuestros principios nos sitúan, afortunadamente, en extremos opuestos. Y afortunadamente, a mi lo que me parece una auténtica falta de respeto y motivo para la indignación es el haber respaldado a un gobierno responsable, entre otras cosas, de todo lo mencionado en el párrafo anterior.

lunes, 27 de junio de 2016

Ya no creo

No puedo seguir creyendo en el cambio. Lamentablemente, vivimos en un país de imbéciles. Hoy, un trabajador que acaba de perder su trabajo, que estaba sin contrato y que ni siquiera sabe si va a cobrar lo que le deben, me ha dicho que va a votar en blanco. Va a votar en blanco porque el PP lo hizo mal, el PSOE lo hizo mal y Podemos... seguro que también lo hace mal. No le convence ninguno. Le he preguntado qué sabía de la última reforma laboral o de la ley mordaza con la que retuitear puede ser delinquir. Como era de esperar, no sabía nada. Tampoco sabe nada de la Ley D'Hondt. No sabe nada de las ayudas a la dependencia. En definitiva, sabe sólo tres cosas: que los que vengan serán como los que están, que no le gusta Venezuela y que el Coletas no le convence. Así que no puedo creer más, porque lamentablemente este no es un caso aislado. No paro de encontrarme situaciones similares. A la ciudadanía le han inoculado miedo, y aunque no sepa qué pasa en México, Burkina Faso o Sierra Leona, tiene claro que no quiere ser Venezuela. A la ciudadanía no le preocupa la sanidad, la educación, las amnistías fiscales, ni familias enteras que duermen en la calle en un país con más de tres millones de viviendas vacías. Sí, si en algo estamos a la cabeza en Europa es que somos el país con más viviendas vacías en todo el continente. Hay que saber perder y no queda otra que felicitar a la derecha porque haber adoctrinado a una aplastante mayoría imbécil no puede ser fácil. Hay un gran trabajo detrás en colegios, institutos, y medios de comunicación. Y ahora recogen los frutos del trabajo que han venido haciendo. La derecha de este país maltrata a un pueblo que, cuando tiene que pronunciarse, de manera expresa o tácita vuelve a entregarle los mandos. No hay peor ciego que el que no quiere ver, y ante un pueblo que no abre los ojos la derrota está servida una vez más.

miércoles, 22 de junio de 2016

Empate a necio

Veo que ahora la derecha se indigna ante la posibilidad de que con 16 años se tenga derecho a voto. Siempre he creido que la mayoría llegaba a los 18 sin el conocimiento mínimo para decidir en unas elecciones. Con el paso de los años me he dado cuenta que la mayoría no sólo llega a los 18 sin ese conocimiento mínimo, sino también a los 30, a los 40, a los 50... si no sería imposible que un partido que legisla contra los trabajadores, que oprime al pueblo y que protagoniza semanalmente un nuevo escandalo de corrupción sea el más votado elección tras elección. Pero ahí están y no hay Púnica, Gürtel, financiación ilegal, ni tarjeta Black que los pueda detener.

Son mayores de 18 los que no votan a Unidos Podemos porque "no quieren ser Venezuela" mientras no les preocupa ser México. Son mayores de 18 los que ven colas en Caracas como consecuencia de un desabastecimiento provocado mientras a unos kilómetros de aquí no tienen constancia de las huelgas generales de nuestros vecinos franceses. Tienen más de 18 años y votan recortes en educación y en sanidad, y una reforma laboral que les condena. Tienen más de 18 años los que votan en contra de su propia libertad con la Ley Mordaza y votan en contra del derecho a decidir de las mujeres sobre su propio cuerpo. Tienen más de 18 años y echan la culpa de la situación actual a inmigrantes ilegales y legales, y hasta a la posibilidad de acoger refugiados. Tienen más de 18 años y no cuestionan el dinero en paraísos fiscales, las puertas giratorias, las pensiones vitalicias, los sueldos desorbitados ni la amnistía fiscal a la que se acogió hasta la Familia Real (que, por cierto, ni mayores de 18 ni menores hemos votado).

¿En serio debe preocuparnos que voten los jóvenes de 16 años? Por más mal que lo hicieran sólo podrían empataros.