domingo, 15 de febrero de 2026
Vergüenza ajena en Nuevayol
sábado, 8 de mayo de 2021
Intelectuales izquierdistas
Artículo de Germán Eguilior publicado originalmente en Kaos en la red.
Se hizo eco del artículo la Confederación General del Trabajo de Euskal Herria, que lo compartió en su web.
La historia es cíclica. De nuevo, la izquierda se ilusiona con las elecciones y la derecha vuelve a arrasar en las urnas. Un sector de la izquierda, frustrado, arremete contra aquellos trabajadores que, representando a la inmensa parte del electorado, han vuelto a otorgar el poder a la derecha. Y otra parte de la izquierda, como si no fuera con ella —y cuyo comportamiento es también cíclico—, se sube al pedestal de la intelectualidad, desde el que no se pasa hambre, e invita a la izquierda a hacer autocrítica. En tercera persona, porque esta historia no va con ella.
La culpa, entienden, no es de los trabajadores a los que los candidatos más feroces del capitalismo les han disfrazado la sumisión de libertad y les han hecho creer que libertad es compartir piso con tres trabajadores más mientras creas riqueza para quien te explota si después de trabajar te puedes tomar una cerveza. Para ellos, la culpa es de las candidaturas de izquierda, que siempre están conformadas por vendidos, reformistas e hipócritas que están ahí para hacerle el juego al capitalismo. Por eso ellos no los votan y por eso más disfrutan cuanto menos votados sean. Porque quieren castigarlos una y otra vez. Para ellos, es más importante ver hincar la rodilla a todos estos que todo lo que está en juego. Precisamente, porque para ellos es un juego.
Es el peligro de los intelectuales que nunca han bajado al barro. Son proletarios de estantería que acumulan textos de Marx y Lenin y cuya principal preocupación es no caer en contradicciones a través del voto. Se limitan a esperar el fracaso de la izquierda, con toda la garantía que de este ofrece la historia, para reprochar errores y contradicciones de las que ellos están exentos. Y se toman a bien las derrotas porque, por muy rojos que sean, no va con ellos.
Vaya por delante mi agradecimiento a todos aquellos que desde sus situaciones cómodas empatizan con la clase obrera. Al César lo que es del César. Ahora bien, haber leído a teóricos e intelectuales enriquece culturalmente, pero no te hace clase obrera. Para ser clase obrera hay que haber bajado al barro y haber vivido en carne propia la precariedad laboral. Sin conocer la precariedad laboral es difícil pertenecer a la clase obrera. La clase obrera asume que vive en la contradicción y estos intelectuales, como ya se ha expuesto, no tienen mayor preocupación que no caer en la contradicción.
Por eso, una izquierda mucho más concienzuda, que sabe qué es haber trabajado a jornada completa por 600, 800 o 1.000 euros —en jornadas probablemente más largas que lo que la ley entiende por jornada completa—, brama de rabia cuando la derecha vuelve a arrasar en las elecciones. Muchos de estos que despotrican ante un resultado electoral adverso lo hacen tras haberle podido escapar a la precariedad laboral, pero la han conocido. Y por eso sufren cuando esta se perpetua. Si eres hijo de trabajadores, vienes de familia obrera, indiscutiblemente. Pero si terminas la universidad sin haber servido un plato, sin haber doblado una camiseta, sin haber puesto un ladrillo o sin haber vivido cualquier otra experiencia ligada a la precariedad laboral, puedes tener mucha conciencia de clase, pero es harto complicado que pertenezcas a la clase trabajadora.
Quienes pasaban sus veranos de universitarios en la playa leyendo a Marx, estudiando inglés en el extranjero o viajando en Interrail mientras sus compañeros de clase ponían copas en discotecas están mucho más cerca del estudiante de ADE al que desprecian y que se desvive por trabajar en una Big Four que del trabajador que en Vallecas les sirve las cervezas a quienes han ganado las elecciones. Aunque ni él ni el trabajador de Vallecas hayan votado a la izquierda. Porque ellos, igual que el hijo de familia pudiente que se ha graduado en ADE, no temen la precariedad laboral. Porque sacando una oposición o en un buen puesto de abogado apenas tienes que preocuparte por el SMI o demás penurias de la clase trabajadora. Y, claro, es mucho más fácil subirse al pedestal de la intelectualidad a reprochar contradicciones y exigir autocrítica a quienes han perdido las elecciones. En tercera persona, porque ellos no las pierden.
sábado, 1 de mayo de 2021
Nunca serás ausencia
Esta mañana me he despertado con la triste noticia de que nos ha dejado Analía. Después de toda una vida, no sé qué era exactamente. Analía era, para empezar, una de las mejores amigas de mi madre. Yo siempre he sido reacio a usar nomenclaturas de parentesco cuando no hay razones biológicas o jurídicas. Lo cierto es que ella me llamaba sobrino, me quería como una madre y me mimaba como una abuela. Analía pertenece a esa generación de amigos de mi madre que se negó a callar en plena dictadura militar y que representan para mí el más puro ejemplo de lucha. Analía era muchas cosas. Y era pura bondad y puro amor. Analía era futbolera y muy muy muy cuerva. La primera vez que viajé a Argentina no tardó en aparecer con indumentaria de Vélez Sarsfield para mí y con entradas para un Vélez-San Lorenzo que se jugaba esa misma semana. Ella me llevó a ver a Vélez por vez primera, que es uno de los recuerdos más bonitos que guardo de mi vida. Ganó Vélez y siempre he tenido la sensación de que aquella tarde en Liniers, como me quería como una madre y me mimaba como una abuela, dentro de sí y refugiada en su silencio, ella también iba con Vélez.
Se va una de las mejores personas que he conocido y deja pendientes un montón de momentos por vivir.
Nos va a tocar seguir, aun sabiendo que desde hoy el mundo es un lugar peor.
Cierro estas líneas, pero me niego a despedirte. Nunca serás ausencia, tía.
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| Analía y yo en Liniers. Año 2009. |
lunes, 7 de diciembre de 2020
Las lenguas vehiculares
Tenía que pasar. Ahora hablamos de la lengua. Si escucháramos solo a algunos —que hacen bastante ruido—, podríamos llegar a creer que el castellano se va a eliminar de los centros educativos poniendo en riesgo el futuro de la lengua. Vayamos paso a paso, pero adelanto para los más asustadizos que eso no ocurrirá.
Una ley que trata la lengua abarca de entrada dos áreas muy definidas: el Derecho y la Lengua. Así que empecemos por el área jurídica y detengámonos en la Constitución. Basta con llegar al artículo 3 para encontrar respuesta a casi todas las preguntas que suscita esta cuestión.
Artículo 3
1. El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.
2. Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos.
3. La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección.
El artículo 3.2 de la Constitución establece que en los territorios bilingües —como la Comunidad Valenciana— no tenemos una lengua oficial sino dos lenguas cooficiales. Y es importante entender el significado de cooficialidad: no, el catalán, mal que les pese a algunos, no es una lengua subsidiaria, sino que es tan importante como el castellano. Además, en relación con el artículo 3.3, tiene el Estado español el deber de proteger las distintas modalidades lingüísticas de España. Pero de esto hablaremos en la parte lingüística.
Entonces, ¿de dónde viene tanta polémica? Hay que remontarse a la ley Wert que en el año 2013 con absoluta, pero desapercibida inconstitucionalidad introducía privilegiaba al castellano introduciéndolo como «lengua vehicular» y, posiblemente con cierta ironía, la llamaba «Ley orgánica para la mejora de la calidad educativa». Ahora, simplemente, se vuelve a la situación anterior en la que de conformidad con la Constitución se respeta la cooficialidad de las lenguas. Por tanto, desde el punto de vista jurídico, no debe suponer ningún problema comprenderlo. La Constitución reconoce la cooficialidad de las lenguas en los territorios bilingües y la nueva ley educativa se limita a respetarla.
Pasemos ahora a la perspectiva lingüística. ¿De verdad hay alguien tan ingenuo para creer que el castellano está en riesgo de desaparición? A las lenguas las mantienen vivas sus hablantes y el castellano, con más de 500 millones de hablantes, es la cuarta lengua más hablada del planeta. No parece que por aquí vaya a haber problema durante los próximos siglos.
Por otra parte, ningún infante —salvo supuestos concretos de niños con necesidades educativas especiales (NEE)—, llega al colegio sin un alto dominio de su primera lengua (L1). Cuando llegan a Primaria habiendo hablado su L1 en casa y con su entorno más próximo tienen un nivel de dicha lengua que cualquier estudiante de idiomas soñaría alcanzar en una segunda lengua (L2). Por tanto, es completamente falaz que el uso de una lengua distinta al castellano como lengua vehicular en comunidades bilingües pueda poner en peligro el futuro del castellano. Permítaseme ejemplificar conmigo mismo, que he tenido el castellano por lengua materna (L1) y pese a haber estudiado todo (excepto la asignatura de Lengua y Literatura Españolas) en catalán hasta los dieciséis años, no tengo problemas para comunicarme en castellano.
Ahora bien, sí puede ocurrir lo contrario con las «demás lenguas españolas», cuya desprotección puede significar su desaparición al cabo de unas décadas. Por eso decía que del artículo 3.3 de la Constitución hablaríamos luego. Ha llegado el momento de hacerlo. Reconoce la Constitución española que «la riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección». No conozco una sola persona menor de cincuenta años criada en la Comunidad Valenciana que no hable castellano. Sin embargo, conozco muchísimas personas que no solo no hablan catalán, sino que están orgullosas de ello. Porque, vayamos resolviendo esto, no nace este conflicto del absurdo temor a una hipotética desaparición del castellano, sino de la xenofobia lingüística que desde hace décadas (ya Franco prohibió el catalán en su día) se cultiva, riega y alimenta en este país.
Por eso, en territorio español tenemos multitud de centros educativos que imparten todas sus asignaturas en inglés o francés y que se acogen al modelo de enseñanza de sus respectivos países sin que nadie ponga el grito en el cielo. No importa no solo que no estudien Historia en español, sino que tampoco molesta que estudien la historia de cualquier otro país en lugar de España o que se rijan por sus modelos de Selectividad. Pero algunos eruditos creen que va a poner en peligro el porvenir de la lengua castellana que en las comunidades bilingües estudiemos Biología, Historia o Filosofía en las lenguas de nuestras tierras.
Yo pienso, escribo y transmito mis emociones en castellano. Sin embargo, he crecido en un territorio bilingüe y, por encima de playas paradisiacas o lugares emblemáticos, no creo que haya mayor patrimonio cultural para un pueblo que su propia lengua. Por eso, se ha de defender el bilingüismo para que las generaciones venideras tengan la opción de ser culturalmente tan ricas como la nuestra. Y por eso celebro que se abra la posibilidad de que en los centros educativos de la tierra en que vivimos llegue a nuestros estudiantes el catalán que les ha dejado de llegar en sus casas. El castellano, no teman, goza de una salud estupenda. Y es nuestro deber contribuir a que el catalán recupere la suya.
jueves, 26 de noviembre de 2020
Hasta siempre, Diego
Me he ido a dormir pasadas las 2 a. m. sin haber tenido tiempo en todo el día para pensar en Diego Armando Maradona. He puesto la radio y ha empezado a sonar la voz de «El Diego». Se me ha hecho un nudo en la garganta y apenas unos segundos después he roto a llorar. Y agradezco la tristeza que siento en estos momentos.
No tuve la suerte de nacer en suelo argentino, pero me he sentido argentino cada día de mi vida. Desde niño y hasta que obtuve la nacionalidad quería ser argentino como dos personas: mi madre y Diego Armando Maradona.
Si de algo me alegro ahora mismo es de que Maradona haya vivido su vida entera importándole un carajo lo que pensáramos los demás. Y en este «los demás» me incluyo a mí mismo, que en algún momento —con la formación que me facilitó crecer en el seno de una familia con recursos suficientes— me atreví a juzgar a un tipo que había crecido en la miseria.
Estas lágrimas son el más sincero homenaje que puedo darle a un tipo de barrio que hizo feliz a mi gente. Y el que crea que Maradona no es ejemplo de nada aún no entendió el valor de la lealtad. Un tipo que, pese a todo, siempre estuvo del lado de los pobres. No soy quién para perdonarte nada, pero si lo fuera, te perdonaría todo.
Hasta siempre, Diego.
| Yo en el estadio de Newell's, antes de un Newell's-Vélez (2010) |
domingo, 27 de septiembre de 2020
Patria
Cuando HBO anunció el lanzamiento de Patria, la serie inspirada en la novela de Fernando Aramburu, lo hizo con un cartel que no desató la polémica, sino que la reventó. En la mitad izquierda, Bittori llora la ejecución del Txato. En la derecha, las torturas policiales que durante medio siglo acompañaron a ETA en sus detenciones. El dolor de uno y el dolor de otros. ¿Cómo que de otros? ¿Torturas? En España no hay torturas, pero si las hubiera, ETA las merecería. Se cancelaron suscripciones a HBO y algunos se autodescartaron ante una fantástica oportunidad para pensar. ¿Qué fue ETA? ¿Hubo buenos y malos? ¿Quiénes eran los malos?
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| Imagen: HBO |
viernes, 11 de septiembre de 2020
11 de septiembre
Todavía, cada 11 de septiembre, sigue erizándose la piel al escuchar el metal tranquilo de su voz que, afortunadamente y contra la voluntad de algunos, nunca dejó de llegar. Porque podrán avasallar a los pueblos, pero la historia seguirá siendo nuestra. Camino del medio siglo desde que fueron pronunciadas, las últimas palabras de Salvador Allende son fuente de inspiración para una América Latina que resiste frente al imperialismo y que se mantiene férrea ante los gusanos anhelantes de poder, sabedora de que más pronto que tarde se abrirán las grandes alamedas. Con la traición a Allende murió la democracia en Chile y comenzaron a escribirse las páginas más terribles. Sin embargo, por más que sangre la historia, por más que pese el recuerdo y por más que asuste el futuro, más vale perder la guerra que la memoria.
martes, 4 de agosto de 2020
Rey a la fuga
miércoles, 22 de enero de 2020
Top 10 lecturas 2019
domingo, 19 de enero de 2020
Plurilingüismo como fuente de riqueza
Siendo el español mi lengua materna, he tenido la suerte de cursar todas las asignaturas en catalán durante la Primaria y la ESO. Al contrario de lo que algunos eruditos creen saber, a ninguno de mis compañeros ni a mí nos supuso esto nunca un problema para comunicarnos en castellano, entre otras cosas, porque la corrección lingüistica del español la estudiábamos en la misma asignatura en la que aprendían el idioma todas las demás niñas y niños de España. Pese al supuesto adoctrinamiento lingüistico, fuera de clase la comunicación entre alumnos era indistintamente en castellano y catalán, con un respeto absoluto por la lengua materna de cada uno en una situación absolutamente normalizada. He tenido la suerte de vivir situaciones tan maravillosas como conversaciones en la que algunos interlocutores se expresaban en catalán y otros en castellano sin que supusiera esto un problema para nadie.
Hoy se manifiestan en contra del plurilingüismo algunos que en sus protestas llegan a evidenciar desconocimiento de la lengua que consideran superior. Los opositores al plurilingüismo están emulando, unas décadas después, al golpista (ese sí que era golpista) Francisco Franco, quien se hartó de perseguir y prohibir el catalán. Odiar una lengua te vuelve miserable.
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| Queísmo en el programa electoral de Vox. |





