jueves, 27 de junio de 2019

Empatía efímera

GERMÁN EGUILIOR.-

«Te entiendo, pero no mucho». «Lo siento, pero no tanto». «Me duele, pero poco tiempo». Y así, cada conjunción adversativa viste de insensibilidad a una especie que rehúye al dolor, sabiéndose incapaz de lidiar con él. En un mundo achacoso se suceden las tragedias y el ser humano se acoraza una y otra vez, temiendo quién sabe qué, y mostrando ante cada una de ellas su pobreza moral. Únicamente en ocasiones muy concretas un hecho puntual, por alguna razón, se adhiere a nuestras retinas y nos impregna de dolor, aunque sea momentáneo.

Ha sido el caso de la terrible imagen de Valeria y Óscar, cuyos cuerpos yacían inertes en el Río Bravo. Porque, mientras unos esquivamos el dolor, otros huyen de la miseria. La imagen irremediablemente nos recuerda a la de Aylan, el niño sirio que unos años atrás golpeó nuestra conciencia desde la costa de Turquía y que también, de manera fugaz, caló en lo más profundo de nuestras miserias. ¿Qué cambió entonces? ¿Y qué cambiará ahora? 

Observamos el hecho, respiramos profundo, nos duele fugazmente y seguimos camino. Estamos tan habituados a transitar entre la desgracia ajena que casi nos hemos inmunizado por completo. Casi nada duele. Casi nada cala. Casi nada llega. La evolución nos ha puesto en un punto en el que la empatía tiene más tintes de defecto que de virtud. Empatizar se ha tornado signo de debilidad para una especia a la que nada importa más allá del «yo».

Quizá el dolor por la tragedia de Valeria y Óscar debiera hacernos pensar antes de abandonarnos una vez más, pero me temo que, definitivamente, el ser humano ha perdido. No hay resquicios para la humanidad. No cambió nada entonces y nada cambiará ahora. 



Imagen: @rodriguezmonos

martes, 25 de junio de 2019

Je suis nadie

No hay banderas a media asta, minutos de silencio, ni un mísero 'je suis' en su memoria. Son cifras, y solo cuando hay algún superviviente que lo pueda constatar. 22 personas que soñaban con otra vida a partir de alcanzar nuestras costas fallecieron la semana pasada como consecuencia de las políticas migratorias del Gobierno "socialista". La deshumanización ha llegado a tal punto que somos capaces de oponernos a la cooperación internacional para socorrer migrantes y refugiados. España ha optado por desentenderse de los naufragios en aguas marroquíes. Son ya 173 personas las que han perdido la vida en 2019 tratando de alcanzar suelo español. Y lo más doloroso es que ni siquiera duele.

jueves, 20 de junio de 2019

Precariedad laboral

191 muertos por accidente laboral en el primer cuatrimestre del año. La espeluznante tasa de mortalidad indica que la precariedad laboral sigue cobrándose más de una vida diaria en España. De cualquier manera, los 191 muertos, que son sin duda los accidentes de mayor gravedad, no deben restar importancia al hecho de que los accidentes laborales durante el primer cuatrimestre del año hayan superado los 200.000 (9.000 más que en el primer cuatrimestre de 2018). El debate sigue siendo si subir el salario de los pobres es perjudicial para la economía nacional, pero, ¿cuántas veces habéis escuchado hablar de qué se puede hacer para evitar los accidentes laborales? Ninguna, porque la vida del pobre no es tan importante como que las grandes empresas quieran instalarse en nuestras fronteras.

domingo, 9 de junio de 2019

Nadie como él

GERMÁN EGUILIOR.-

Nadie se mueve como él. Nadia Comăneci cuando logró la primera puntuación perfecta de 10 en unos Juegos Olímpicos se desplazaba por las barras con menos precisión que la que usa Nadal para moverse sobre la tierra batida. En cada desplazamiento, en cada golpe, en cada giro, Rafa se alía con una arena que no le patina como a la demás. La arcilla se sabe suya y juega para el balear.

Nadie resiste como él. Incluso Máximo Décimo Meridio, tras batallar en el Coliseo, acabó cayendo bocarriba y recibiendo la muerte sobre la arena. Dominic Thiem devolvía larga la última bola y Nadal caía de igual manera que el Gladiador sobre el polvo de ladrillo de la Philippe Chatrier. Pero solo unos segundos después se levantaba para saludar a quien por tercer año consecutivo había sentenciado en Roland Garros. Mariano Puerta, Roger Federer tres años consecutivos, Robin Söderling, Roger Federer de nuevo, Novak Djokovic, David Ferrer, Novak Djokovic otra vez, Stanislas Wawrinka y Dominic Thiem dos veces más. Pleno con 12/12 en finales de Roland Garros, de las cuales seis han sido contra quienes, junto a él, ostentan el privilegio de empuñar las mejores raquetas de todos los tiempos. Pero absolutamente nadie ha podido doblegar a Rafa Nadal en una final de Roland Garros.

Nadie resucita como él. El carácter extraordinario de Jesús al haber vuelto de la muerte al tercer día quedó reducido a lo anecdótico tras las extraordinarias resurrecciones de Rafa en 2013 y 2017. En 2013, Roland Garros volvía a ver a Nadal levantando un Grand Slam seis meses después de haber sido enterrado por algunas de las plumas más prestigiosas del ‘planeta Tenis’, y acabaría la temporada en lo más alto del ranking tres años después de la última vez. En 2017, tres cursos después de haber levantado su último ‘major’, el que firmara el récord de 10 temporadas consecutivas haciéndose al menos con un Grand Slam volvía a reinar en Roland Garros para, posteriormente, volver a mandar en el ranking ATP que a final de año sentenciaría a Rafa como la mejor raqueta del planeta; superando el anterior récord establecido por el mismo y gobernando el circuito a final de año después de cuatro temporadas.

Nadie gobierna como él. Quien con 18 años debutara en Roland Garros ganando el torneo, después de 14 años y con 33 primaveras en su regazo, sigue imponiendo su dictadura en la que desde hace ya un puñado de ellas es el más transparente y legítimo régimen dictatorial que la humanidad jamás ha conocido. Rafa Nadal vuelve año tras año a poner en juego su trono e invita a 127 osados a un cuadro en el que cada mes de junio intentan cambiar una historia que, a día de hoy, tiene a Rafa Nadal con un balance de 93-2 sobre la arcilla de París.

Y es que, con 12 títulos de Roland Garros, tampoco nadie ha ganado nunca tanto como él. Ni siquiera en un torneo menor, lo cual viene a evidenciar una de las hazañas más grandes de todos los tiempos. Don Rafael Nadal Parera, amo y señor de la tierra.
Rafa Nadal, instantes después de lograr su 12º Roland Garros.

viernes, 7 de junio de 2019

Tregua al disfrute

Hace ya más de tres años, cuando el final parecía inmediato, me prometí limitarme a disfrutar del tenis de Nadal cada vez que saltara a pista. O lo que quedaba de él, que parecía no ser más que la resaca de lo que algún día había sido.

El enésimo milagro en forma de resurrección ha traído desde entonces cinco finales más de Grand Slam -con tres títulos- y ocho finales de Masters 1000 -con siete títulos-, además de un oro olímpico y haber vuelto a dominar el circuito desde lo más alto del ranking ATP. Y hablando de 'disfrutar', me resulta imposible obviar aquel último Wimbledon de 2018, donde mis ojos se deleitaron con dos de las más preciosas batallas que jamás han contemplado: victoria sobre Del Potro y derrota ante Novak Djokovic en el All England Club. Y es que ganar ya no importa tanto.

Hoy, Nadal, que no somete a Federer desde hace más de cinco años y con quien acumula cinco derrotas consecutivas, vuelve a medir fuerzas con el suizo por un lugar en la final del domingo. Hoy, la Philippe Chatrier vuelve a cruzar a los dos hombres que reescribieron la historia, ocho años después de que se enfrentaran por última vez sobre el polvo de ladrillo parisino. Hoy, por primera vez en los últimos tres años y medio, pido tregua para no solo "disfrutar de Rafa". Esto es París, es la tierra batida, es Territorio Nadal y hoy hay que ganar.

Imagen: ATP