Hace ya más de tres años, cuando el final parecía inmediato, me
prometí limitarme a disfrutar del tenis de Nadal cada vez que saltara a
pista. O lo que quedaba de él, que parecía no ser más que la resaca de
lo que algún día había sido.
El enésimo milagro en forma de
resurrección ha traído desde entonces cinco finales más de Grand Slam
-con tres títulos- y ocho finales de Masters 1000 -con siete títulos-,
además de un oro olímpico y haber vuelto a dominar el circuito desde lo más
alto del ranking ATP. Y hablando de 'disfrutar', me resulta imposible
obviar aquel último Wimbledon de 2018, donde mis ojos se deleitaron con
dos de las más preciosas batallas que jamás han contemplado: victoria
sobre Del Potro y derrota ante Novak Djokovic en el All England Club. Y
es que ganar ya no importa tanto.
Hoy, Nadal, que no somete a Federer desde hace más de cinco años y con
quien acumula cinco derrotas consecutivas, vuelve a medir fuerzas con el
suizo por un lugar en la final del domingo. Hoy, la Philippe Chatrier
vuelve a cruzar a los dos hombres que reescribieron la historia, ocho
años después de que se enfrentaran por última vez sobre el polvo de
ladrillo parisino. Hoy, por primera vez en los últimos tres años y
medio, pido tregua para no solo "disfrutar de Rafa". Esto es París, es
la tierra batida, es Territorio Nadal y hoy hay que ganar.
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| Imagen: ATP |
