Esta mañana yendo en el coche a trabajar me he cruzado a varias clases de un colegio que iban de excursión. La chavalería iba emparejada de la mano, honrando una vieja tradición española. Lo primero que he pensado ha sido «pobrecillos, que todavía tienen toda la vida por delante». Y entonces una niña me ha saludado, devolviéndole yo el saludo. Creo que hasta he sonreído. Sorprendentemente, se ha alegrado un montón (intuyo que para ella habrá supuesto 'ganar' en el juego de los saludos) y han empezado a saludarme varios más. He sentido el deber moral de hacer ganadores a todos ellos, así que he ido saludando a todos, cual Rey de España el 12 de Octubre. Ellos se han ido saludados a disfrutar de su jornada de excursión y a mí, lo reconozco, me han alegrado el día.
jueves, 19 de diciembre de 2019
martes, 17 de diciembre de 2019
¿Y tú de qué vives?
Es verdad que no necesito mucho para enervarme, pero creo que esta vez tenía motivos. Hay una frase que cada vez que la escucho aumenta un par de grados mi temperatura corporal y, siempre, me retuerce las tripas un poco más que la vez anterior. No vas a vivir de esto. La he escuchado por vez última en el gimnasio, cuando alguien aquejado de una dolencia física dudaba si podría seguir con su actividad física en un futuro y lo asumía con total sosiego. ¿Cómo se puede tener tan poca sangre para resignarse con semejante calma? ¿Qué clase de alivio es dejar aquello que haces porque te gusta? ¿Cómo podría alguien ser consolado con semejante ofensa?
Ahora que el adoctrinamiento se ha convertido en un tema de absoluta actualidad, se me hace a mí que no lo hay peor que hacer creer a alguien que vive de su trabajo. Lo hemos normalizado, pero no. Del trabajo no se vive, del trabajo se sobrevive. El trabajo es solo un medio de subsistencia, pero vivir es otra cosa. ¿Así que cómo que no voy a vivir de esto? Si vivo de esto, precisamente. De hacer lo que me gusta e imaginar qué puedo hacer. De las pequeñas ilusiones y de los grandes sueños. De una pachanga con amigos, de la cena del sábado o de imaginarme en la maldita cima del K2. Nunca he sido capaz de reprimir una respuesta descortés cuando alguien me ha dicho la dichosa frase. Haya sido una profesora, un médico o un amigo. Son esas cosas, justamente, las que mantienen a uno vivo.
viernes, 22 de noviembre de 2019
El odio está ganando
Cuando se creó el primer sistema sanitario tipo Seguridad Social (Alemania, siglo XIX) el Estado lo hizo ante la necesidad de mantener a los trabajadores sanos para que sus problemas de salud no repercutieran en la producción. Sí, nos hubiera encantado que se hubiera hecho por una simple cuestión de humanidad, pero no fue ese es el motivo. Casi 150 años después, un trabajador de baja es un incordio hasta el punto de que se ha legislado para que despedir a un trabajador enfermo sea causa de despido objetivo (faltas justificadas durante el 20% de los días hábiles en el periodo de dos meses). Desde hace muchos años escuchamos aquello de "no es una crisis, es una estafa". Y lo cierto es que la elevada tasa de desempleo es una garantía para que los derechos de los trabajadores sean pisoteados sin que éstos puedan defenderse. La Sanidad Pública es uno de los grandes patrimonios que, todavía, tiene este bello país. Sin embargo, acudimos a las urnas señalando a inmigrantes y catalanes, unos que quieren quedarse y otros que quieren irse, porque el odio se está imponiendo al sentido común. Y cuando gane el odio habremos perdido todos.
sábado, 9 de noviembre de 2019
Muro de Protección Antifascista
Cantaba Litto
Nebbia que «si la historia la escriben
los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia: la verdadera historia».
A 30 años de la caída de un Muro de Berlín que ya es más el tiempo que lleva
derribado que el que estuvo levantado, existe una verdad socialmente aceptada
sobre el referido muro. Y que esa verdad coincida con lo que realmente
aconteció en el Berlín de los ’80 hace tiempo que pasó a un segundo plano. Del
mismo modo que ningún ludópata reconocería de buenas a primeras que es víctima
de una patología o un alcohólico que tiene un problema con el consumo de
alcohol, resultaría insólito encontrar a alguien que dudara de su propia verdad
respecto de la historia tal y como ella o él la entiende. Ahora bien,
¿coinciden la verdad y tu verdad?
Previo al
diagnóstico de una patología existe una coincidencia de síntomas entre la
enfermedad en cuestión y el paciente, la cual lleva a profundizar en el
diagnóstico para determinar la anomalía. Aquel que compró el discurso de que los
vencedores de la caída del muro quisieron vender presenta por norma general un
desconocimiento sobre la ubicación real del muro y el territorio que este
dividía. Por tanto, leyendo estas líneas, puede ser buen momento para detenerse
un instante y preguntarse uno mismo si realmente conoce qué dividía el muro. Resulta
difícil, en primer lugar, asimilar la existencia de un muro que divida en dos
un país como Alemania. Porque, aunque siempre se haya hablado del Muro de
Berlín, nos han dicho que separaba la Alemania Democrática de la Federal.
¿Entonces? ¿Un muro a lo largo de un territorio que deja de un lado a la RDA y del
otro a la Alemania Federal? Si así lo has creído hasta ahora, debo decirte que
presentas el primero de los síntomas. Pero para tu alivio, he de reconocerte
también que las dos veces que he estado en Berlín he podido comprobar que casi
la totalidad de los visitantes de la capital alemana que me crucé lo creían así
también.
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| División de Alemania tras la Conferencia de Potsdam |
Pero entonces,
¿qué ocurría en Berlín si siempre nos han contado historias de ciudadanos que
trataban de huir de la RDA y se topaban con el muro? Primero retrocedamos muy
fugazmente a la Conferencia de Potsdam, en 1945, que entre otras cosas dividía
el territorio alemán entre las grandes potencias vencedoras de la Segunda
Guerra Mundial. Ahora bien, se exigió que Berlín, al tratarse de la capital,
tuviera una división particular. En definitiva, aunque estuviera en territorio ocupado
por la Unión Soviética, el Bloque Capitalista no estaba dispuesto a renunciar a
la capital germana. Entonces, dividida Alemania en cuatro cuartos, dentro del
área soviética encontramos un territorio ocupado por el Bloque Capitalista. Por
tanto, la URSS conserva Berlín Este, pero lo que posteriormente sería la RFA se
adueña de Berlín Oeste. Y no es hasta 1961 cuando, en plena Guerra Fría, se
construye el «Muro de Protección Antifascista», que con 155 kilómetros de
perímetro rodea el área de la que la RFA dispone dentro del territorio de la
RDA. En consecuencia, es errónea la creencia popular de que los ciudadanos de
la RDA estaban encerrados y no podían escapar de Alemania Oriental. Únicamente,
no podían ingresar en el territorio de la RFA dentro de Berlín. Creer que los
ciudadanos de la RDA estaban encerrados sería tan absurdo como creer que un
muro que rodeara Albacete aislaría a la ciudadanía de Cuenca o Alicante.
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| En rojo, los 155 km del Muro de Berlín que rodeaban el territorio de la RFA dentro del área de la RDA |
La caída del «Muro
de Protección Antifascista» abrió las puertas del capitalismo a la Alemania del
Este. Y con ello, las de la pobreza, el desempleo o la criminalidad. La
Reunificación alemana hizo libres, cuentan los ganadores, a todos los alemanes.
Sin embargo, paradójicamente no fue hasta entonces cuando en la Alemania del
Este cesó la situación de “desempleo cero” y cuando las calles fueron
convirtiéndose en el hogar de las desamparadas víctimas del capitalismo. Aunque,
pensándolo bien, no hace falta remontar la mirada a la Alemania de los noventa
para apreciar las miserias del capitalismo.
Entre el buenismo y el escrache
Como cada año en su recta final, la RAE ha vuelto a mover ficha. En 2017
llegaron al diccionario, entre otras, "posverdad", "aporofobia",
"postureo" o "táper". Estas dos últimas fueron dos palabras que de
manera bien distinta cambiaron nuestras vidas. Para mal o para bien. Y
no sé cuál de qué manera. Fue también el año del "buenismo" y en el que
se reconoció "sexo débil" como una expresión despectiva. 2017 fue,
lingüisticamente, un año muy movido. Fue, de hecho, el año del "iros"
que retroactivamente validaba el "Iros todos a tomar por culo" que había
publicado Extremoduro en 1997. El año pasado, mucho más suave,
ingresaron "selfi", "meme", "escrache" o "sororidad", y varió la
acepción de "feminicidio". Y de manera reseñable poca cosa más. Este año
aterrizan en nuestro diccionario los términos "antitaurino", "agendar",
"zasca" o "andropáusico". Además, la RAE ha retirado su condición de
sistema curativo a la homeopatía, asestándole con ello un buen 'knock
out', aunque la Academia rehuye de los anglicismos y prefiere que
digamos "nocaut". Sigue a la espera "heteropatriarcado", que lleva
varios años bregando por hacerse un hueco y ahora deberá aguardar al
menos hasta 2020. Así que ahí se queda, esperando junto a la "cocreta" y
al "hembrismo" de Javier Marías, que ya lleva 23 años de brazos
cruzados. Por cierto, después del caótico 2019 del Real Madrid este año
el diccionario incorpora también la expresión «annus horribilis». Tiene
guasa. Que no "guasap", aunque lo recomiende la RAE antes que
'WhatsApp'.
jueves, 31 de octubre de 2019
Nirmal Purja y las reglas
Todo eso del Project Possible - 14/7 siempre me sonó muy comercial. Algo a lo que no estamos acostumbrados en el mundo del alpinismo. Los anuncios, el desafío... desde el comienzo, algo no sonaba bien. Aún así, sería de necios negar que la gesta de Nirmal Purja es extraordinaria. Lo es porque se sale de lo común. Y pese al oxígeno, las cuerdas fijas, las rutas escogidas o los helicópteros entre campamentos base es algo para lo que el 99,9999% de la población mundial no está capacitada. Evidentemente, Nirmal Purja tiene unas condiciones físicas sobrenaturales. Parte de la explicación se debe a la genética. Nació con ese don, pero desde luego que no es todo. Otra parte fundamental responde al trabajo del nepalí, que ha potenciado sus condiciones físicas hasta convertirse en un auténtico depredador de alturas. Y sumando a las grandes condiciones físicas de las que dispone una enorme capacidad de sacrificio y un esfuerzo tremendo Nirmal Purja holló el 29 de octubre la cima del Shisha Pangma, completando su reto de alcanzar la cumbre de los catorce ochomiles en siete meses. Necesitó únicamente 190 días.
Ahora bien, ¿sería Nirmal Purja el único capaz de hollar la cima de los catorce ochomiles en 190 días? No lo creo. Desde luego, no es un reto al alcance de cualquiera, pero la historia del alpinismo consta de una larga lista de nombres extraordinarios y muchos de ellos tienen potencial de sobra para aproximarse, igualar o rebajar las cifras del nepalí. Sin embargo, la ahora segunda mejor marca, por llamarla de alguna manera, pertenece al coreano Kim Chang-Ho, quien tardó siete años, diez meses y seis días entre 2005 y 2013. Unos números lejísimos de los que ha firmado Nims. ¿La razón? Sencillamente, nadie se plantea algo así. El cronómetro nunca fue un gran amigo del alpinismo, quien siempre se entendió mejor con el día y la noche o con las cuatro estaciones.
El alpinismo es definido por el diccionario como un deporte. Sin embargo, el propio diccionario da una definición de deporte en la que no encaja el alpinismo, pues para considerarse deporte se exige que esté reglado. Es el eterno debate con mis amigos licenciados en Ciencias de la Actividad física y el Deporte. Desde luego, el alpinismo es un deporte particular. Y eso, lo vuelve más extraordinario si cabe. El alpinismo no tiene un reglamento como tal. He aquí la gran controversia. Existen, en todo caso, un conjunto de normas consuetudinarias por las que se rige. Es lo que se conoce como la «costumbre». Llevándomelo al área del Derecho, el Código Civil español, por ejemplo, establece que «la costumbre sólo regirá en defecto de ley aplicable» (art. 1.3). De una manera algo más enrevesada pero con idéntico significado, el Código Civil argentino regula que «los usos y costumbres no pueden crear derechos sino cuando las leyes se refieran a ellos o en situaciones no regladas legalmente» (art. 17). El alpinismo, como decía, no tiene un reglamento propio como los deportes al uso. Sin embargo, existe una gran cantidad de normas fruto de la costumbre que todos conocemos y que entendemos deben ser respetadas. ¿Puede ser que Nirmal Purja haya quebrantado esa costumbre? Yo creo que sí.
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| © Nirmal Purja Project Possible Ltd |
Debo decir que siempre me he mostrado partidario de que cada uno disfrute de las montañas, o las enfrente, como le plazca. No cuestiono si alguien elige montañas masificadas o desconocidas, el uso de oxígeno artificial, el empleo de cuerdas fijas, las rutas escogidas, las expediciones comerciales y un largo etcétera de condiciones y condicionantes. Todos somos capaces de distinguir los grados de dificultad y al fin y al cabo entiendo que una de esas normas consuetudinarias de la montaña consiste en rendir cuentas a uno mismo. Y qué mejor ejemplo que Denis Urubko saliendo en solitario a intentar la cima del K2 porque consideraba que el invierno terminaba el 28 de febrero. Para él, al margen de reconocimientos, habría logrado la primera ascensión invernal al K2 únicamente de haber hollado su cima antes de que concluyera febrero.
El problema de Nirmal Purja desde mi punto de vista no es que haya usado oxígeno artificial o que se haya valido de cuerdas fijas para ascender los ochomiles. ¡Faltaría más! Ni siquiera los desplazamientos entre campos base con helicópteros. La cuestión, en mi opinión, es que considero que ha roto las mencionadas normas consuetudinarias del alpinismo con el objetivo de entrar en la historia. Tras décadas y décadas de respetarse un estilo, o una serie de estilos, el nepalí ha encontrado el "vacío legal" en la forma de ascender. En un deporte tan sumamente extraordinario que relega los números a un segundo plano, ha encontrado en los números una vía para colarse en la historia. En el alpinismo, el fin no justifica los medios. Y menos si el fin es establecer un récord.
lunes, 28 de octubre de 2019
El gen soñador
Tienen el gen soñador. Por eso, ni el horror personándose en la Casa
Rosada pudo con ellos. Tampoco esta vez. Era mal augurio que lo votaran
quienes niegan los 30.000 desaparecidos. Los que repiten aquello de los
"choriplaneros" y los "vagos". Los que se refieren al "negro" con
desprecio y los que nunca entendieron que como personas descienden del
primate y, como argentinos, se dividen entre vástagos de indígenas e
inmigrantes europeos. En definitiva, todo aquello que desprecian.
Y ahí permanece, inamovible e inmutable, el gen de la otra mitad que
los hace tan diferentes. El que convierte la distopía en la ilusión de
una patria mejor; el que lleva 130 nietos recuperados; y el que hoy los
llevó a amanecer creyendo, sabiendo, que Argentina se vuelve a levantar.
Hoy he mirado la bandera y el sol brillaba un poco más.
¡Al gran pueblo
argentino salud!
domingo, 13 de octubre de 2019
Maratón de Berlín | 2:59:18
◖ PARTE 1 - LA PREPARACIÓN ◗
2 de diciembre de 2018. El maratón y yo nos enfrentamos por tercera vez y
como en las dos anteriores gana él. 140 días habían pasado entre el primer y el
segundo intento y 238 días entre el segundo y el tercero. Ahora llega la espera
más larga: 301 días hasta el maratón de Berlín.
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| La pista de atletismo de Benidorm ha sido mi casa durante la preparación del maratón. |
El plan es desconectar del maratón una temporada. Es evidente que a estas
alturas estoy ya obsesionado con bajar de las tres horas. Aunque no quiera,
pienso en ello cada día. Después de dos años sin pensar en otra distancia que
en los 42,195 km del maratón, oriento el primer semestre del año a ser más
rápido en 10.000 metros y medio maratón. El 19 de febrero de 2019 es el primer
día de una preparación que, no puedo engañarme, tiene por objetivo bajar de las
tres horas en Berlín. Por delante 32 semanas. Así, durante los meses de
febrero, marzo, abril, mayo y junio, con los entrenamientos más fuertes que he
hecho hasta entonces, bajo el 10.000 de 0:37:10 a 0:36:33 y el medio maratón de
1:23:24 a 1:21:29. Los números son tremendamente esperanzadores, creo que tengo
todo controlado, no me cuesta salir a sufrir en cada entrenamiento y la mejora
no cesa. Mentalmente siento que soy una roca y estoy convencido de que en
Berlín, esta vez sí, el “sub tres horas” será mío.
Contaba con que desde el 13 de julio me tomaría un ‘break’ de 10 días y
cambiaría las zapatillas de correr por las botas de alpinismo, para ascender
Gran Paradiso primero, en los Alpes italianos y, a continuación, el Mont Blanc
por la vertiente francesa. Sin embargo, antes de eso, el 10 de julio estoy haciendo
un 12x1000 en la pista de atletismo y quiero parar. Nunca he dejado un
entrenamiento, pero esta vez quiero hacerlo. La disputa mental con uno mismo es
habitual en este tipo de entrenamientos, pero hasta la fecha nada a lo que no
me haya podido sobreponer. Me miento como siempre: “solo una más”. Sin embargo,
el noveno “mil” sale sorprendentemente lento y no puedo más. Hoy no quiero
sufrir más. Apenas tengo tiempo de dudar y me veo abandonando la pista de
atletismo. Solo quiero irme a casa. Y me voy. Es la primera vez que dejo un
entrenamiento a la mitad.
Después de esto viajo a los Alpes y desconecto del maratón. No pienso
apenas en el entrenamiento que abandoné y me sumerjo en una experiencia
increíble en la alta montaña que, además, termina de la mejor manera. Me siento
absolutamente pleno, lo cual no es nada fácil, y estoy hecho a la idea de que
quedan dos meses de sufrir para hacer un gran papel en el maratón de Berlín. Sin
embargo, regreso de la montaña y las buenas sensaciones se han quedado en el
techo de los Alpes. Me niego a salir a correr. No quiero. No puedo. Empiezo a
contar las semanas que quedan para la carrera y sé que puedo perder todo el
gran trabajo que he hecho desde febrero hasta julio. Salgo a rodar, pero me da
pánico volver a la pista de atletismo, que es donde uno se mide de verdad, y comprobar
que no soy tan rápido como unas semanas atrás. Así que de ir dos o tres veces
por semana a la pista de atletismo paso a no ir y posponerlo hasta la próxima
semana una y otra vez. Detrás de cada día que no salgo a correr hay una gran
sensación de tristeza, pero no es tan grande como el miedo a ir al tartán y
verme lento. Finalmente en agosto no soporto más la situación y tiro la toalla.
Me veo mentalmente superado y decido renunciar a Berlín y posponer el intento
de las tres horas. Es también la primera vez que me bajo de un objetivo
deportivo, pero siento que no tengo otra opción. Cuando me vea con fuerzas,
retomaré los entrenamientos.
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| Sin trampa ni cartón, apenas 190 km en todo el mes de agosto. |
Los dorsales del maratón de Valencia están agotados desde hace meses, pero
tengo la opción de competir en el CADU y por tanto tener un dorsal el 1 de
diciembre. Así que decido volver a los entrenamientos el primer lunes de
septiembre. Si logro la regularidad del primer semestre del año, puedo
aprovechar la base con la que cuento y en 13 semanas prepararme para bajar de
las tres horas en Valencia. De este modo, el lunes 2 de septiembre activo otra
vez el ‘modo maratón’ y empiezo con los kilómetros de calidad. Tengo claro que
voy a estar más lento, pero pienso que tengo tiempo e intento ser optimista. El
viernes 6 de septiembre, después de trabajar, vuelvo a la pista de atletismo
después de dos meses. Llueve, pero ya he perdonado muchas semanas. Estoy solo
en el tartán y hago 8x1000 (recuperación: 180”) a 3:34,28 de media. Después de
dos meses temiendo volver a la pista de atletismo veo que la situación está
lejos de ser lo dramática que había dibujado en mi cabeza. No he perdido mucho
y estaría a buen nivel para ir a Berlín, pero llevo dos meses sin pisar el
gimnasio, sin entrenar en la pista de atletismo, y sin hacer ningún rodaje
largo (21 km el rodaje más largo). Los 38 km/semana que promedio en agosto
convertirían en ridícula la idea de ir a la capital alemana a competir. Ha sido
una inmejorable manera de volver, pero toca seguir entrenando. Termino la
semana con 75 km acumulados de muy buena calidad, pero un rodaje de 30 km
me pone en evidencia. Tras 20 kilómetros a 4:30 min/km soy incapaz de mantener
el ritmo y voy perdiendo velocidad de manera considerable.
La segunda semana de septiembre supero los 90 kilómetros y me encuentro
físicamente muy bien. Lamento no haber ido al gimnasio y no haber hecho rodajes
largos, porque creo que de haberlo hecho tendría muchas opciones de bajar de
tres horas en Berlín. Me paso la semana dándole vueltas. Quedan dos semanas para
el maratón y siento que todavía hay una remota posibilidad de salvarlo. Tomo la
decisión de hacer el habitual ‘tapering’ durante las dos próximas semanas,
entrenar muy suave e ir a Berlín. Me doy un 5% de posibilidades de bajar de las
tres horas, precisamente por la ausencia de gimnasio y rodajes largos que son
dos pilares fundamentales para preparar el maratón. Pero es que pese al caos
que han sido los meses de julio y agosto, el trabajo previo me mantiene en
septiembre en un muy buen estado de forma. Hago el ‘tapering’ más suave de los
que he hecho hasta la fecha y pongo rumbo a Berlín sin tomar la decisión
todavía: arriesgar todo a las tres horas o tratar de bajar los 3:05:26 que en
este momento es mi MMP. Pero me conozco, y algo dentro de mi sabe que acabaré
yendo a por las tres horas.
◖ PARTE 2 – LA CARRERA ◗
En Berlín estoy mucho más tranquilo que en la previa de los otros
maratones. Me cuido para no caminar muchos kilómetros el sábado, pero tampoco
estoy especialmente preocupado. En mi cabeza he asumido el que va a ser mi
cuarto fracaso en la distancia de Filípides y solo quiero que llegue el domingo
y termine la carrera. La noche antes del maratón me acuesto pronto y antes de
las 23h estoy dormido. Nunca me había dormido tan pronto en la previa de un
maratón.
El domingo a las 5 AM ya me he despertado y tras dar vueltas en la cama me
levanto cuando pasan unos minutos de las 6 AM. Noto que estoy nervioso y me
alegro. Es como si de repente he entrado en la carrera a nivel mental. Cumplo
el protocolo con el desayuno que llevo conmigo desde España, aunque el estómago
se cierra en un momento dado y no puedo comer nada más. La sensación no es
agradable, pero es otro indicio de que estoy dentro.
De camino a la carrera le doy muchas vueltas a qué debo hacer tras el
pistoletazo de salida, y le hago un comentario en broma a mi amigo Santi: “soy
tan ateo que tal vez Dios hoy me regale un 2:59 para hacerme dudar de su
existencia”.
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| 8:37 AM. No, no es un posado Instagrammer. Es el famoso "robado" real. |
Ya en la línea de salida estoy listo para enfrentarme a los 42,195 km y no
hay tiempo para posponer la decisión. Voy a salir a por las tres horas. Soy
consciente de que se me puede venir la noche en cualquier momento a partir de
la segunda mitad de carrera, y que como suceda antes del kilómetro 30 va a ser
enormemente insoportable, pero si hay alguna opción de conseguirlo debo
arriesgar. En la muñeca izquierda el reloj con GPS con una pantalla fija, que,
como en cada maratón, no cambiaré en toda la carrera. La distancia de vuelta, el ritmo
actual, el ritmo medio de vuelta,
y el tiempo de vuelta es lo que voy
a ir viendo en mi muñeca izquierda. Y cada vez que cubra un kilómetro, se
reseteará y se pondrá todo a cero. Esa será mi referencia durante toda la
carrera, tratando de aproximar cada kilómetro al máximo a 4 minutos y 15
segundos. En el reloj derecho, un cronómetro al uso que me marque el tiempo
total de carrera con el que comprobaré cada cinco kilómetros que paso en los
tiempos pretendidos.
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| La pantalla que visualizo durante toda la carrera con laps de 1 km |
Si son ya varias las cosas en este relato que han pasado por primera vez,
también lo será el pegarme a la liebre de tres horas desde la salida. En
realidad, salgo unos 30 metros por detrás. La sigo, pero no tengo prisa por
cazarla. Calculo que lo hago entre los kilómetros 3 y 4, que es cuando ya me
pego a ella para no soltarla durante más de 20 kilómetros. Mi experiencia en el
maratón me dice que los primeros kilómetros son muy llevaderos y que el cuerpo
te pide correr más, pero hay que saber que esto es largo y se deben cuidar las
energías al máximo. 4:15 min/km es un buen ritmo. De hecho, creo que es un
ritmo más alto del que voy a ser capaz de mantener durante toda la carrera. Sin
embargo, tengo claro que los problemas los afrontaré cuando lleguen, y de momento
debo limitarme a pasar los kilómetros en 255 segundos.
![]() |
| Salida junto al pelotón que busca las tres horas. Pelotón que se irá reduciendo conforme avance la carrera. |
De este modo, sin problema alguno mantengo el ritmo constante durante la
primera mitad de la carrera y hago el paso por el medio maratón en 1:29:27
según el reloj que llevo en mi muñeca derecha. Es decir, voy 1,6 segundos/km
más rápido del ritmo objetivo. Un margen lo suficientemente pequeño como para
estar satisfecho. Aunque no quiero pensarlo, mi cabeza no puede evitar comenzar
a hacerse la idea de que más pronto que tarde van a llegar los problemas
físicos. Sabe que en el muro he sufrido siempre y que hoy no va a ser la
excepción. Pero sí, hoy terminará siendo la excepción.
Hago el paso por el kilómetro 25 en 1:45:52, lo que supone haber corrido
este parcial de 5 km ligeramente más rápido que los cuatro anteriores. De
hecho, he tenido que moderarme un par de veces para no dejar a la liebre atrás.
He volteado la cabeza más de lo que me gustaría y en el kilómetro 25 me siento
fuerte. Creo que la liebre está ligeramente en apuros, y es demasiado pronto,
así que tomo la decisión de seguir solo. Por primera vez en la mañana de hoy soy yo mismo quien debe controlar el ritmo. Sé que correr por encima de mi
capacidad puede anular mi carrera, así que no dejo de mirar el reloj. Aun así,
hago el parcial de 5 kilómetros en 20:54, y este parcial del km 25 al km 30 se
convierte en el más rápido de mi carrera. A estas alturas soy plenamente
consciente de que nunca había hecho este parcial tan rápido en ningún maratón.
Pese a llegar a Berlín sin rodajes largos a mis espaldas y sin haber pisado el
gimnasio, no hay indicios de calambres, me encuentro bien de piernas y empiezo
a creer que estoy fuerte. Por eso, cuando estoy llegando al muro, creo que
mantener el ritmo es la mejor opción. Este nuevo parcial de 5 kilómetros lo
hago en 20:52, prácticamente calcando los tiempos del parcial anterior, y hago
el paso por el kilómetro 35 en 2:27:38. El parcial de los kilómetros 30 a 35,
donde hasta la fecha he acostumbrado a flojear, es hoy mi parcial más rápido
del maratón, aunque sea solo dos segundos más rápido que el sector anterior.
![]() |
| Kilómetro 38. |
Tengo 32 minutos y 21 segundos para recorrer los últimos 7,195 km, pero
estoy lejos de sentir que lo tengo hecho. Por eso no aflojo lo más mínimo y de
hecho el kilómetro 36 será el más rápido de todo el maratón. Lo recorro en
4:01, pero me trae el primer pinchazo en el gemelo derecho. Ahora sí, los
fantasmas se han presentado y hay que lidiar con ellos. No me asusto, y sé que
es momento de mantener la cabeza fría. He cometido un error al haber corrido 14
segundos más rápido que el ritmo objetivo. Si soy capaz de correr a 4:15 min/km
de ahora en adelante, lo tengo hecho. Seis, tal vez, sean muchos kilómetros,
pero si cubro en 17 minutos los próximos cuatro kilómetros lo tendré hecho. Así
que bajo el ritmo y calco el kilómetro 37 en 4:15. De vez en cuando algún
ligero pinchazo me avisa que los gemelos comienzan a estar bajo mínimos, y los
dos siguientes kilómetros los recorro en 4:26 y 4:27. He empezado a perder 11 o
12 segundos por kilómetro. Llevaba un margen de unos 90 segundos, por lo que
todavía estoy dentro, pero hace falta un último esfuerzo. Voy ahora con un minuto
de margen y apenas quedan tres kilómetros. Tengo claro que, salvo calambre
grave, debo conseguirlo. Y lo confirma el kilómetro 40 que recorro en 4:13,
otra vez dentro del ritmo objetivo, y cuyo paso realizo en 2:49:41. Tengo algo
más de 10 minutos para recorrer los últimos 2,195 km.
![]() |
| Kilómetro 40. Obsesionado con que no se escapen las tres horas. |
En el kilómetro 41
comienzan a ser más frecuentes los pequeños calambres en los gemelos (que es el
único músculo que se ha visto afectado por la carrera) y ya hay una carrera
sobre mis piernas y otra dentro de mi cabeza. No dejo de hablar conmigo mismo y
de convencerme de que quiero sufrir. He soñado durante años con estar vivo para
el sub tres horas en los dos últimos kilómetros de un maratón y hoy, aunque con
dolores, lo estoy. Así que me empujo a seguir, que diez minutos en una carrera
de casi tres horas son insignificantes. El último parcial de 2,195 km lo hago
protegiendo las piernas y tardo 4:23 min/km. Cruzo la puerta de Brandemburgo y
veo la meta a 200 metros. Sé que tras fracasar en Valencia 2017, París 2018 y
Valencia 2018, Berlín me va a cumplir un sueño. Un sueño en el que sobre todo en
2018 y 2019 he pensado absolutamente cada día. Cruzo la meta en 2 horas, 59
minutos y 18 segundos.
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| Parciales de 5 km durante el maratón de Berlín |
![]() |
| Bajo la lluvia de Berlín, para recordar el deseado 'sub tres'. |
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