viernes, 22 de noviembre de 2019

El odio está ganando

Cuando se creó el primer sistema sanitario tipo Seguridad Social (Alemania, siglo XIX) el Estado lo hizo ante la necesidad de mantener a los trabajadores sanos para que sus problemas de salud no repercutieran en la producción. Sí, nos hubiera encantado que se hubiera hecho por una simple cuestión de humanidad, pero no fue ese es el motivo. Casi 150 años después, un trabajador de baja es un incordio hasta el punto de que se ha legislado para que despedir a un trabajador enfermo sea causa de despido objetivo (faltas justificadas durante el 20% de los días hábiles en el periodo de dos meses). Desde hace muchos años escuchamos aquello de "no es una crisis, es una estafa". Y lo cierto es que la elevada tasa de desempleo es una garantía para que los derechos de los trabajadores sean pisoteados sin que éstos puedan defenderse. La Sanidad Pública es uno de los grandes patrimonios que, todavía, tiene este bello país. Sin embargo, acudimos a las urnas señalando a inmigrantes y catalanes, unos que quieren quedarse y otros que quieren irse, porque el odio se está imponiendo al sentido común. Y cuando gane el odio habremos perdido todos.

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