sábado, 9 de noviembre de 2019

Entre el buenismo y el escrache

Como cada año en su recta final, la RAE ha vuelto a mover ficha. En 2017 llegaron al diccionario, entre otras, "posverdad", "aporofobia", "postureo" o "táper". Estas dos últimas fueron dos palabras que de manera bien distinta cambiaron nuestras vidas. Para mal o para bien. Y no sé cuál de qué manera. Fue también el año del "buenismo" y en el que se reconoció "sexo débil" como una expresión despectiva. 2017 fue, lingüisticamente, un año muy movido. Fue, de hecho, el año del "iros" que retroactivamente validaba el "Iros todos a tomar por culo" que había publicado Extremoduro en 1997. El año pasado, mucho más suave, ingresaron "selfi", "meme", "escrache" o "sororidad", y varió la acepción de "feminicidio". Y de manera reseñable poca cosa más. Este año aterrizan en nuestro diccionario los términos "antitaurino", "agendar", "zasca" o "andropáusico". Además, la RAE ha retirado su condición de sistema curativo a la homeopatía, asestándole con ello un buen 'knock out', aunque la Academia rehuye de los anglicismos y prefiere que digamos "nocaut". Sigue a la espera "heteropatriarcado", que lleva varios años bregando por hacerse un hueco y ahora deberá aguardar al menos hasta 2020. Así que ahí se queda, esperando junto a la "cocreta" y al "hembrismo" de Javier Marías, que ya lleva 23 años de brazos cruzados. Por cierto, después del caótico 2019 del Real Madrid este año el diccionario incorpora también la expresión «annus horribilis». Tiene guasa. Que no "guasap", aunque lo recomiende la RAE antes que 'WhatsApp'.

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