Ayer volví a sentir lástima por la sociedad en que vivimos. Un grupo
de jóvenes con una educación notable presumía de las artimañas que
llevaban a cabo para eludir los controles de alcoholemia los domingos,
cuando regresaban del famoso Tallarina. Era su plan para esa tarde. Y lo
hacían entre risas mientras recordaban como conductor y pasajeros iban
en ocasiones embriagados por igual. Decían que es que era una putada por
una borrachera pagar 1000€ de multa. No pude contenerme y
les dije que me parecía mucha mayor putada exponerse al riesgo de
lesionar, dejar inválida o incluso matar a una persona por conducir sin
estar en condiciones que una simple multa. No me pudieron responder
nada, pero no mostraron ánimo alguno de rectificar esa conducta.
He mencionado al principio de la publicación la educación de los
sujetos porque me parece significativo. No se justifica en ningún caso,
pero me parece un agravante que gente educada pueda cometer la
irresponsabilidad de sentarse al volante en estado de ebriedad. Luego
llegan las desgracias, lloramos un par de días y vuelta a lo mismo. ¿Ya
nos hemos olvidado de los ciclistas de Jávea y Oliva? Porque muchos de
los que quieren que la conductora del accidente de Jávea ingrese en
prisión llevan a cabo conductas similares y parece que no son
conscientes de esto.