domingo, 27 de septiembre de 2020

Patria

 Cuando HBO anunció el lanzamiento de Patria, la serie inspirada en la novela de Fernando Aramburu, lo hizo con un cartel que no desató la polémica, sino que la reventó. En la mitad izquierda, Bittori llora la ejecución del Txato. En la derecha, las torturas policiales que durante medio siglo acompañaron a ETA en sus detenciones. El dolor de uno y el dolor de otros. ¿Cómo que de otros? ¿Torturas? En España no hay torturas, pero si las hubiera, ETA las merecería. Se cancelaron suscripciones a HBO y algunos se autodescartaron ante una fantástica oportunidad para pensar. ¿Qué fue ETA? ¿Hubo buenos y malos? ¿Quiénes eran los malos?

 

Imagen: HBO
Imagen: HBO
 

En primer lugar, acusar a Patria de blanquear a ETA es evidenciar no haber leído la novela. La serie que estrena hoy HBO está inspirada en una novela que, como todas, es tendenciosa. Es la historia que su autor nos quiere contar y está en todo su derecho de hacerlo. Y creo que, hasta cierto punto, Aramburu intenta no ser arbitrario. Por eso hace constar en su historia dos hechos tan significativos como innegables que le otorgan un plus de credibilidad: la dispersión de los presos y la tortura de los miembros de ETA por parte del Estado. Pero no puede dejar de ser tendenciosa cuando la historia gira en torno al asesinato del Txato, un empresario vasco que cumplió con el impuesto revolucionario hasta que no pudo hacerle frente y dejó de pagar. Y fue ejecutado por ETA. No eligió Aramburu, por ejemplo, la historia de Felipe Huarte, un empresario que se negó a ceder ante las reivindicaciones de sus trabajadores y cuando estos se pusieron en huelga despidió a todos y los reemplazó. Fue el primer empresario secuestrado por ETA y parte del precio del rescate fue la readmisión de todos los trabajadores y la concesión de las peticiones laborales hechas por estos. Porque ETA fue, con todo lo que el pretérito perfecto simple implica, un movimiento obrero y feminista, pero esa no es la historia que Aramburu quería contar. En la familia de Joxe Mari, el miembro de ETA que transcurre el libro en prisión, hay solo un intelectual: su hermano, quien reniega del movimiento abertzale. Porque Fernando Aramburu dibuja a todo lo que simpatiza por ETA como vulgar y cateto y lo aleja de intelectuales.

La novela de Fernando Aramburu no es tendenciosa solo por la historia que elige contar, sino también por cómo la cuenta. En el relato sobre el conflicto vasco su autor caracteriza al detalle a cada uno de sus personajes y elige bien qué atributos concede a cada uno. Y en ese reparto les cae a miembros y simpatizantes de ETA el uso del condicional en lugar del imperfecto de subjuntivo («le arreaban golpes en la chapa de la puerta para que no dormiría»), lo cual es un uso marcado diatópicamente de los territorios vascos. Sin embargo, esta incorrección en el habla tiene lugar solo en el entorno etarra a lo largo de toda la novela.

De igual modo, el escritor donostiarra insinúa a lo largo de su obra que aquellos que se sumaban al movimiento lo hacían como forma de entretenimiento, como si se tratara de descerebrados en busca de acción.

— ¿Y por qué fuiste a la bronca?
— Joder, porque iban todos.
Y lo mismo, en su opinión, hacía Joxe Mari, al menos al principio. Un juego de amigos, un deporte. Vas, te arriesgas, de vez en cuando te sacuden un porrazo y a vivir.

ETA fue una organización política que, influida por el contexto histórico, practicó la lucha armada, probablemente con desproporcionalidad entre los medios utilizados y los fines perseguidos. Y si se habla de contexto, para entender el conflicto, se ha de conocer el orden cronológico de las primeras muertes del conflicto vasco. ETA tardó diez años en cobrarse su primera vida y no fue esta ni mucho menos la primera víctima mortal que dejó el conflicto. Para cuando en 1968 José Antonio Pardines se convirtió en la primera víctima mortal de ETA, hacía siete años que Javier Batarrita, que nada tenía que ver con todo aquello, se había convertido en la auténtica primera víctima mortal del conflicto vasco y su ejecutora fue la Guardia Civil, cuyos 49 disparos acabaron con su vida. El motivo fue que lo confundieron con el miembro de ETA Julen Madariaga. La Guardia Civil mató a Javier Batarrita y dejó paralítico a su acompañante por creer que eran militantes de ETA. La justicia consideró que la Guardia Civil había sido negligente (49 impactos de bala hacían difícil calificar la actuación de diligente), sin embargo, no pudo determinar quién había abierto fuego y absolvió a todos los argentes. Era la España de Franco, la España que vio nacer a ETA.

Patria es una buena novela con una capacidad intachable para enganchar al lector. Espero que las ocho horas durante las que los telespectadores se sumergirán en el conflicto vasco despierten una inquietud mínima por conocer las raíces del conflicto y por preguntarse los porqués, que no sería más que agitar la curiosidad por conocer la historia de nuestro país. Creo que es difícil encontrar verdades absolutas a este respecto, pero es conveniente considerar que la principal diferencia entre un movimiento de liberación y una organización terrorista es que mientras el primero triunfó, la segunda sucumbió.

viernes, 11 de septiembre de 2020

11 de septiembre

    Todavía, cada 11 de septiembre, sigue erizándose la piel al escuchar el metal tranquilo de su voz que, afortunadamente y contra la voluntad de algunos, nunca dejó de llegar. Porque podrán avasallar a los pueblos, pero la historia seguirá siendo nuestra. Camino del medio siglo desde que fueron pronunciadas, las últimas palabras de Salvador Allende son fuente de inspiración para una América Latina que resiste frente al imperialismo y que se mantiene férrea ante los gusanos anhelantes de poder, sabedora de que más pronto que tarde se abrirán las grandes alamedas. Con la traición a Allende murió la democracia en Chile y comenzaron a escribirse las páginas más terribles. Sin embargo, por más que sangre la historia, por más que pese el recuerdo y por más que asuste el futuro, más vale perder la guerra que la memoria.