jueves, 30 de mayo de 2019

Suicidar a otra persona

No sé por dónde empezar a escribir sobre este hecho que, por enésima vez, nos retrata como sociedad. El suicidio de Verónica es consecuencia de la vileza de esta especie, capaz de todo lo que ninguna otra. Humillar y destrozar la vida de alguien no es límite alguno para el ser humano, y lo demostramos día tras día por más vidas que se queden por el camino. Da igual que sea a bordo de una patera en el estrecho, durmiendo en las calles o provocando el suicidio de aquellas cuya dignidad es ultrajada a cambio de una sonrisa burlona o de una cruel perversión.

Puede que desde un punto de vista penal solo sean responsables aquellos que han difundido el vídeo de Verónica, pero desde un punto de vista moral lo es toda una sociedad que ha normalizado la difusión sin consentimiento de vídeos de esta índole; y que llenan las galerías de los teléfonos móviles, con mayor éxito si hay una cuenta de de alguna red social que distinga a la protagonista. ¿Quién para esto? ¿Dónde se educa?

Verónica no verá crecer a sus hijos y ya no vivirá ninguna experiencia más, tras solo 32 años. Sus hijos vivirán sus vidas enteras con un vago recuerdo de lo que fue su madre. Desgraciadamente Verónica no va a ser lo última.

Qué tristeza que no hayas encontrado otra alternativa para hallar la paz.
Lo siento, Verónica.



La noticia en el Diario Público.

viernes, 17 de mayo de 2019

La ingratitud de Mauro Zárate

A lo largo del día de hoy he leído de todo para referirse a él, pero no sé si se ha inventado ya el adjetivo que califica con precisión a un impresentable como Mauro Zárate. Un tipo que eligió quién sabe qué en lugar del cariño de una hinchada incondicional que le abrió los brazos cada vez que volvía a casa tras fracasar en sus periplos por el mundo. Y en Vélez, al César lo que es del César, su rendimiento siempre fue bueno; pero eso solo era un agregado a la hora de devolver el cariño a aquel que había jurado amor eterno a la institución que siempre le había dado todo.

Aquel recibimiento a Mauro en Ezeiza, antes de iniciar su tercera etapa en Vélez, me sigue emocionando a día de hoy y sigo estando tremendamente orgulloso de aquello. No por él, por nosotros, o más propiamente dicho, por vosotros. Cuando aparece el desagradecido entonando el «Todos los momentos que viví...» se me dibuja una sonrisa de decepción, fruto de la pena que me genera que, después de toda una vida, no haya sido capaz de entender qué significa esta institución.



Muchas veces traté de encontrar una explicación a su paso a Boca entendiendo que, si las razones eran económicas, podía haberlo hecho mucho antes. Y que, con 31 años bien entrados, tenía que haber una verdadera razón de peso para faltar a la fidelidad del más sincero de los amores. He sentido cierta suerte de vergüenza ajena al ver las imágenes de Zárate celebrando con euforia un tanto en una tanda de penaltis, o metiendo con calzador un "pasó el equipo grande" cuando nadie le preguntó; desafiando a los que estuvieron siempre y queriéndose ganar ahora a una hinchada que ha disfrutado de los jugadores más ganadores de América Latina. El hincha de Boca no necesita que le digan que su equipo es grande, al hincha de Vélez no le puede ofender lo que diga este ingrato y Mauro Zárate sigue igual de perdido que cuando ponía morritos frente al espejo o cuando hacía el saludo nazi junto a los 'tifosi' de la Lazio.

Foto: Goal.com

miércoles, 1 de mayo de 2019

Día Internacional de los Trabajadores

El 1 de mayo no es día para celebraciones sino para detenerse a reflexionar sobre la situación laboral de la clase trabajadora. Desde la última reforma laboral la siniestralidad laboral no ha hecho más que aumentar cada año y 2018 no fue la excepción. De los 618 trabajadores muertos como consecuencia de accidentes laborales en 2017 pasamos a 652 en 2018. Casi dos trabajadores cada día.

La prevención de riesgos laborales que -como no podía ser de otra manera- no fue prioridad para el gobierno de derechas, tampoco lo ha sido para el PSOE hasta ahora. El programa electoral con el que han ganado las elecciones dice que impulsarán la modificación de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales que data de 1995. Aquella que no modificaron entre 2004 y 2011 cuando estuvieron al frente del Gobierno. Además, su programa menciona, con acierto, que los accidentes laborales siguen aumentando. Esperemos, por el bien de la clase trabajadora, que en esta nueva legislatura se acuerden de la tercera letra de sus siglas y protejan los derechos de un proletariado que sigue retrocediendo décadas a pasos agigantados en materia de derechos.

Por una clase obrera que deje de morir cada día; de llegar absolutamente deteriorada físicamente a la tercera edad; que tenga el trabajo como medio de vida y no que ejerza de instrumento necesario en la vida de excesos de las clases altas; que cotice por lo que verdaderamente ha trabajado y tenga una pensión nunca por debajo del SMI.

Y por favor, que acabemos de una vez con esa barbaridad que es que las empleadas del hogar no tengan derecho a la prestación por desempleo.