El 1 de mayo no es día para celebraciones sino para detenerse a
reflexionar sobre la situación laboral de la clase trabajadora. Desde la última reforma laboral la siniestralidad
laboral no ha hecho más que aumentar cada año y 2018 no fue la
excepción. De los 618 trabajadores
muertos como consecuencia de accidentes laborales en 2017 pasamos a 652
en 2018. Casi dos trabajadores cada día.
La prevención de riesgos laborales
que -como no podía ser de otra manera- no fue prioridad para el
gobierno de derechas, tampoco lo ha sido para el PSOE hasta ahora. El
programa electoral con el que han ganado las elecciones dice que
impulsarán la modificación de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales
que data de 1995. Aquella que no modificaron entre 2004 y 2011 cuando
estuvieron al frente del Gobierno. Además, su programa menciona, con
acierto, que los accidentes laborales siguen aumentando. Esperemos, por
el bien de la clase trabajadora, que en esta nueva legislatura se
acuerden de la tercera letra de sus siglas y protejan los derechos de un
proletariado que sigue retrocediendo décadas a pasos agigantados en
materia de derechos.
Por
una clase obrera que deje de morir cada día; de llegar absolutamente
deteriorada físicamente a la tercera edad; que tenga el trabajo como
medio de vida y no que ejerza de instrumento necesario en la vida de
excesos de las clases altas; que cotice por lo que verdaderamente ha
trabajado y tenga una pensión nunca por debajo del SMI.
Y por favor, que acabemos de una vez con esa barbaridad que es que las empleadas del hogar no tengan derecho a la prestación por desempleo.
Y por favor, que acabemos de una vez con esa barbaridad que es que las empleadas del hogar no tengan derecho a la prestación por desempleo.