viernes, 1 de julio de 2016

¿Dónde quedó aquel rugby?

Echo de menos el rugby. El clásico. El amateur. El que empezó a morir hace no más de cinco años. Echo de menos el rugby en el que distinguíamos a delanteros y tres cuartos, por la forma de jugar y por la forma de ser. Echo de menos esos equipos en los que viendo bajar a los jugadores del autobús ya sabías cómo iban a formar. Y entrenando, ahí es donde más lo echo de menos. Echo de menos a los medios de meleé que querían ejercicios de pase, para agachar el culo, rozar la hierba y con la pierna totalmente recta poner un pase preciso tan lejos como puedan. Echo de menos al apertura que quiere patear, y que cuando el ejercicio acaba pone un 'up and ander', por lo que hubiera podido ser. Echo de menos a esos centros que le hacen un cambio de pie hasta a su propia sombra, casi hasta cuando el ejercicio es de chocar. Echo de menos esos alas con velocidad punta que superan al adversario y mientras el entrenador les grita "al suelo" siguen corriendo hasta el ingoal, porque aman esprintar. Y echo de menos a ese zaguero que se frota las manos ante los fallos de sus compañeros para ir a cerrar, aunque sea un 2 vs 1 que sabe que va a acabar en ensayo. Total, es un entrenamiento. Y los delanteros. Echo de menos esos primeras líneas que le piden al apertura que les pongan balones altos. Echo de menos esos segunda líneas que bajaban media hora antes para mejorar el pase. Y echo de menos a los terceras omnipresentes que quieren salir del ruck para doblar al zaguero y picarse en explosividad. Ese rugby. ¿Os acordáis? Un especialista en el pase, un especialista en la patada, un especialista en el juego de piernas, un velocista, algunos tipos duros... El primera que entrenando buscaba un cambio de pie y que prometía que antes de terminar la temporada iba a ensayar redoblando al ala. Echo de menos esos pequeños grupos dentro del equipo que en función de su condición física se juntaban para salir a correr. Echo de menos, sobre todo, cuando en el rugby se valoraba más el corazón y la habilidad jugando que lucir un cuerpo de gimnasio. Siempre seré más de Pichot que de Chabal.

martes, 28 de junio de 2016

Imbéciles

Una de las cosas que más gracia me hace de la derecha es que consideren falta de respeto que desde la izquierda digamos que somos un país de imbéciles tras el resultado de las últimas elecciones. Y en algo tienen razón: en España somos 46 millones de habitantes de los que sólo 8 millones han votado al PP, más otros 10 millones han desperdiciado su oportunidad de acabar con este gobierno corrupto a través de abstenciones, votos en blanco y votos nulos. Es decir, sólo 18 millones de los 46 millones de habitantes son responsables de este resultado. Además, en el caso de los 8 millones de votantes del PP, no puedo catalogar a todos de imbéciles, pues hay una minoría a la que realmente le favorece que gobiernen (más allá de que en mi caso, por una cuestión de principios, ni aun beneficiándome podría votar a un partido homófobo, xenófobo o sexista como el Partido Popular). Algunos por intereses empresariales o financieros, dado que para explotar a un trabajador el respaldo de la reforma laboral de 2012 es una garantía; y otros por enchufismo. No es que el gobierno nacional les vaya a colocar en los Ayuntamientos o puestos de privilegio, pero bien es preferible que los que les dan esos magníficos puestos de trabajo estén contentos. Al fin y al cabo no iba a ser casualidad que se repitan tantos apellidos por el Ayuntamiento, y que el que no se repita sea primo/cuñado/amigo de.

Rectificando por tanto lo de que somos un país de imbéciles por un más apropiado "en España hay alrededor de 17 millones de imbéciles", sigue haciendome gracia que la derecha considere falta de respeto la catalogación de "imbéciles", algo que no es más que una definición objetiva.

Si llamarles "imbéciles" es una falta de respeto, me pregunto yo: ¿es una falta de respeto al resto de ciudadanos de este país respaldar a un gobierno corrupto? ¿y respaldar a un gobierno que ha recortado en sanidad? ¿y respaldar a un gobierno que está alejando a las clases populares de las Universidades? ¿y respaldar a un gobierno que ha dado la espalda a los niños autistas? ¿y respaldar al gobierno de la amnistía fiscal al servicio de los defraudadores? ¿y respaldar a un gobierno que ha recortado en ayudas a la dependencia? ¿y respaldar a un gobierno que ha permitido que niños indefensos duerman en la calle habiendo viviendas vacías? ¿y respaldar a un gobierno que ha recortado en pensiones? ¿y respaldar a un gobierno que incumplió, día tras día, su programa electoral con el que ganó las elecciones anteriores?

Sé que nuestros principios nos sitúan, afortunadamente, en extremos opuestos. Y afortunadamente, a mi lo que me parece una auténtica falta de respeto y motivo para la indignación es el haber respaldado a un gobierno responsable, entre otras cosas, de todo lo mencionado en el párrafo anterior.

lunes, 27 de junio de 2016

Ya no creo

No puedo seguir creyendo en el cambio. Lamentablemente, vivimos en un país de imbéciles. Hoy, un trabajador que acaba de perder su trabajo, que estaba sin contrato y que ni siquiera sabe si va a cobrar lo que le deben, me ha dicho que va a votar en blanco. Va a votar en blanco porque el PP lo hizo mal, el PSOE lo hizo mal y Podemos... seguro que también lo hace mal. No le convence ninguno. Le he preguntado qué sabía de la última reforma laboral o de la ley mordaza con la que retuitear puede ser delinquir. Como era de esperar, no sabía nada. Tampoco sabe nada de la Ley D'Hondt. No sabe nada de las ayudas a la dependencia. En definitiva, sabe sólo tres cosas: que los que vengan serán como los que están, que no le gusta Venezuela y que el Coletas no le convence. Así que no puedo creer más, porque lamentablemente este no es un caso aislado. No paro de encontrarme situaciones similares. A la ciudadanía le han inoculado miedo, y aunque no sepa qué pasa en México, Burkina Faso o Sierra Leona, tiene claro que no quiere ser Venezuela. A la ciudadanía no le preocupa la sanidad, la educación, las amnistías fiscales, ni familias enteras que duermen en la calle en un país con más de tres millones de viviendas vacías. Sí, si en algo estamos a la cabeza en Europa es que somos el país con más viviendas vacías en todo el continente. Hay que saber perder y no queda otra que felicitar a la derecha porque haber adoctrinado a una aplastante mayoría imbécil no puede ser fácil. Hay un gran trabajo detrás en colegios, institutos, y medios de comunicación. Y ahora recogen los frutos del trabajo que han venido haciendo. La derecha de este país maltrata a un pueblo que, cuando tiene que pronunciarse, de manera expresa o tácita vuelve a entregarle los mandos. No hay peor ciego que el que no quiere ver, y ante un pueblo que no abre los ojos la derrota está servida una vez más.

miércoles, 22 de junio de 2016

Empate a necio

Veo que ahora la derecha se indigna ante la posibilidad de que con 16 años se tenga derecho a voto. Siempre he creido que la mayoría llegaba a los 18 sin el conocimiento mínimo para decidir en unas elecciones. Con el paso de los años me he dado cuenta que la mayoría no sólo llega a los 18 sin ese conocimiento mínimo, sino también a los 30, a los 40, a los 50... si no sería imposible que un partido que legisla contra los trabajadores, que oprime al pueblo y que protagoniza semanalmente un nuevo escandalo de corrupción sea el más votado elección tras elección. Pero ahí están y no hay Púnica, Gürtel, financiación ilegal, ni tarjeta Black que los pueda detener.

Son mayores de 18 los que no votan a Unidos Podemos porque "no quieren ser Venezuela" mientras no les preocupa ser México. Son mayores de 18 los que ven colas en Caracas como consecuencia de un desabastecimiento provocado mientras a unos kilómetros de aquí no tienen constancia de las huelgas generales de nuestros vecinos franceses. Tienen más de 18 años y votan recortes en educación y en sanidad, y una reforma laboral que les condena. Tienen más de 18 años los que votan en contra de su propia libertad con la Ley Mordaza y votan en contra del derecho a decidir de las mujeres sobre su propio cuerpo. Tienen más de 18 años y echan la culpa de la situación actual a inmigrantes ilegales y legales, y hasta a la posibilidad de acoger refugiados. Tienen más de 18 años y no cuestionan el dinero en paraísos fiscales, las puertas giratorias, las pensiones vitalicias, los sueldos desorbitados ni la amnistía fiscal a la que se acogió hasta la Familia Real (que, por cierto, ni mayores de 18 ni menores hemos votado).

¿En serio debe preocuparnos que voten los jóvenes de 16 años? Por más mal que lo hicieran sólo podrían empataros.

viernes, 25 de marzo de 2016

El legado de Cruyff


Artículo original en Nos-Comunicamos.com.ar.
No voy a hablar de finales de Copa de Europa aunque haya ganado tres. No voy a hablar de Balones de Oro por más que tenga otros tres. No voy a hablar de Mundiales por más que haya sido la figura más importante de dos: en uno por haber sido el mejor, en otro por haberse negado a jugar. No voy a hablar de camisetas aunque vistieras alguna de las más importantes del mundo.

No hay una fecha concreta. Es una tarde cualquiera de un día cualquiera, en Ámsterdam. Década de los '60, o de los '70. De piernas delgadas, un joven predestinado a convertirse en fumador compulsivo conduce una pelota en un partido cualquiera. Impone un cambio de ritmo que impresiona, una velocidad de vértigo y un regate que, medio siglo después, está en peligro de extinción. Su visión de juego no es un detalle menor. No hace justicia con Cruyff hablar de aquella gran noche. Aquel campeonato. El legado de Johan Cruyff va mucho más lejos.

Revolucionó el fútbol, abrió las puertas del fútbol moderno y le aportó el "fútbol total". Para siempre.  Lo conoció sobre el terreno de juego bajo la batuta de Rinus Michels y lo perfeccionó desde el banquillo. Obsesión por la tenencia del esférico, presión alta sobre el adversario y triangulaciones para romper las líneas rivales. Fue el primer futbolista, y a día de su muerte el único, en haber sido leyenda primero como jugador, y alcanzar el grado de leyenda también como entrenador. No hay una tarde para resumir a Cruyff. Hay toda una vida. Un hombre de fútbol.

Hasta siempre, Johan.