No sé por dónde empezar a escribir sobre este hecho que, por enésima
vez, nos retrata como sociedad. El suicidio de Verónica es consecuencia
de la vileza de esta especie, capaz de todo lo que ninguna otra.
Humillar y destrozar la vida de alguien no es límite alguno para el ser
humano, y lo demostramos día tras día por más vidas que se queden por el
camino. Da igual que sea a bordo de una patera en el estrecho,
durmiendo en las calles o provocando el suicidio de aquellas cuya dignidad es ultrajada a cambio de una sonrisa burlona o de una cruel perversión.
Puede que desde un punto de vista penal solo sean responsables aquellos
que han difundido el vídeo de Verónica, pero desde un punto de vista
moral lo es toda una sociedad que ha normalizado la difusión sin
consentimiento de vídeos de esta índole; y que llenan las galerías de
los teléfonos móviles, con mayor éxito si hay una cuenta de de alguna
red social que distinga a la protagonista. ¿Quién para esto? ¿Dónde se
educa?
Verónica no verá crecer a sus hijos y ya no vivirá ninguna experiencia más, tras solo 32 años. Sus hijos vivirán sus vidas enteras con un vago recuerdo de lo que fue su madre. Desgraciadamente Verónica no va a ser lo última.
Qué tristeza que no hayas encontrado otra alternativa para hallar la paz.
Lo siento, Verónica.
La noticia en el Diario Público.
Verónica no verá crecer a sus hijos y ya no vivirá ninguna experiencia más, tras solo 32 años. Sus hijos vivirán sus vidas enteras con un vago recuerdo de lo que fue su madre. Desgraciadamente Verónica no va a ser lo última.
Qué tristeza que no hayas encontrado otra alternativa para hallar la paz.
Lo siento, Verónica.
La noticia en el Diario Público.