Cantaba Litto
Nebbia que «si la historia la escriben
los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia: la verdadera historia».
A 30 años de la caída de un Muro de Berlín que ya es más el tiempo que lleva
derribado que el que estuvo levantado, existe una verdad socialmente aceptada
sobre el referido muro. Y que esa verdad coincida con lo que realmente
aconteció en el Berlín de los ’80 hace tiempo que pasó a un segundo plano. Del
mismo modo que ningún ludópata reconocería de buenas a primeras que es víctima
de una patología o un alcohólico que tiene un problema con el consumo de
alcohol, resultaría insólito encontrar a alguien que dudara de su propia verdad
respecto de la historia tal y como ella o él la entiende. Ahora bien,
¿coinciden la verdad y tu verdad?
Previo al
diagnóstico de una patología existe una coincidencia de síntomas entre la
enfermedad en cuestión y el paciente, la cual lleva a profundizar en el
diagnóstico para determinar la anomalía. Aquel que compró el discurso de que los
vencedores de la caída del muro quisieron vender presenta por norma general un
desconocimiento sobre la ubicación real del muro y el territorio que este
dividía. Por tanto, leyendo estas líneas, puede ser buen momento para detenerse
un instante y preguntarse uno mismo si realmente conoce qué dividía el muro. Resulta
difícil, en primer lugar, asimilar la existencia de un muro que divida en dos
un país como Alemania. Porque, aunque siempre se haya hablado del Muro de
Berlín, nos han dicho que separaba la Alemania Democrática de la Federal.
¿Entonces? ¿Un muro a lo largo de un territorio que deja de un lado a la RDA y del
otro a la Alemania Federal? Si así lo has creído hasta ahora, debo decirte que
presentas el primero de los síntomas. Pero para tu alivio, he de reconocerte
también que las dos veces que he estado en Berlín he podido comprobar que casi
la totalidad de los visitantes de la capital alemana que me crucé lo creían así
también.
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| División de Alemania tras la Conferencia de Potsdam |
Pero entonces,
¿qué ocurría en Berlín si siempre nos han contado historias de ciudadanos que
trataban de huir de la RDA y se topaban con el muro? Primero retrocedamos muy
fugazmente a la Conferencia de Potsdam, en 1945, que entre otras cosas dividía
el territorio alemán entre las grandes potencias vencedoras de la Segunda
Guerra Mundial. Ahora bien, se exigió que Berlín, al tratarse de la capital,
tuviera una división particular. En definitiva, aunque estuviera en territorio ocupado
por la Unión Soviética, el Bloque Capitalista no estaba dispuesto a renunciar a
la capital germana. Entonces, dividida Alemania en cuatro cuartos, dentro del
área soviética encontramos un territorio ocupado por el Bloque Capitalista. Por
tanto, la URSS conserva Berlín Este, pero lo que posteriormente sería la RFA se
adueña de Berlín Oeste. Y no es hasta 1961 cuando, en plena Guerra Fría, se
construye el «Muro de Protección Antifascista», que con 155 kilómetros de
perímetro rodea el área de la que la RFA dispone dentro del territorio de la
RDA. En consecuencia, es errónea la creencia popular de que los ciudadanos de
la RDA estaban encerrados y no podían escapar de Alemania Oriental. Únicamente,
no podían ingresar en el territorio de la RFA dentro de Berlín. Creer que los
ciudadanos de la RDA estaban encerrados sería tan absurdo como creer que un
muro que rodeara Albacete aislaría a la ciudadanía de Cuenca o Alicante.
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| En rojo, los 155 km del Muro de Berlín que rodeaban el territorio de la RFA dentro del área de la RDA |
La caída del «Muro
de Protección Antifascista» abrió las puertas del capitalismo a la Alemania del
Este. Y con ello, las de la pobreza, el desempleo o la criminalidad. La
Reunificación alemana hizo libres, cuentan los ganadores, a todos los alemanes.
Sin embargo, paradójicamente no fue hasta entonces cuando en la Alemania del
Este cesó la situación de “desempleo cero” y cuando las calles fueron
convirtiéndose en el hogar de las desamparadas víctimas del capitalismo. Aunque,
pensándolo bien, no hace falta remontar la mirada a la Alemania de los noventa
para apreciar las miserias del capitalismo.

