sábado, 1 de mayo de 2021

Nunca serás ausencia

 Esta mañana me he despertado con la triste noticia de que nos ha dejado Analía. Después de toda una vida, no sé qué era exactamente. Analía era, para empezar, una de las mejores amigas de mi madre. Yo siempre he sido reacio a usar nomenclaturas de parentesco cuando no hay razones biológicas o jurídicas. Lo cierto es que ella me llamaba sobrino, me quería como una madre y me mimaba como una abuela. Analía pertenece a esa generación de amigos de mi madre que se negó a callar en plena dictadura militar y que representan para mí el más puro ejemplo de lucha. Analía era muchas cosas. Y era pura bondad y puro amor. Analía era futbolera y muy muy muy cuerva. La primera vez que viajé a Argentina no tardó en aparecer con indumentaria de Vélez Sarsfield para mí y con entradas para un Vélez-San Lorenzo que se jugaba esa misma semana. Ella me llevó a ver a Vélez por vez primera, que es uno de los recuerdos más bonitos que guardo de mi vida. Ganó Vélez y siempre he tenido la sensación de que aquella tarde en Liniers, como me quería como una madre y me mimaba como una abuela, dentro de sí y refugiada en su silencio, ella también iba con Vélez. 

Se va una de las mejores personas que he conocido y deja pendientes un montón de momentos por vivir.

Nos va a tocar seguir, aun sabiendo que desde hoy el mundo es un lugar peor.
 
Cierro estas líneas, pero me niego a despedirte. Nunca serás ausencia, tía.


Analía y yo en Liniers. Año 2009.

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