jueves, 26 de noviembre de 2020

Hasta siempre, Diego

Me he ido a dormir pasadas las 2 a. m. sin haber tenido tiempo en todo el día para pensar en Diego Armando Maradona. He puesto la radio y ha empezado a sonar la voz de «El Diego». Se me ha hecho un nudo en la garganta y apenas unos segundos después he roto a llorar. Y agradezco la tristeza que siento en estos momentos.

No tuve la suerte de nacer en suelo argentino, pero me he sentido argentino cada día de mi vida. Desde niño y hasta que obtuve la nacionalidad quería ser argentino como dos personas: mi madre y Diego Armando Maradona.

Si de algo me alegro ahora mismo es de que Maradona haya vivido su vida entera importándole un carajo lo que pensáramos los demás. Y en este «los demás» me incluyo a mí mismo, que en algún momento —con la formación que me facilitó crecer en el seno de una familia con recursos suficientes— me atreví a juzgar a un tipo que había crecido en la miseria.

Estas lágrimas son el más sincero homenaje que puedo darle a un tipo de barrio que hizo feliz a mi gente. Y el que crea que Maradona no es ejemplo de nada aún no entendió el valor de la lealtad. Un tipo que, pese a todo, siempre estuvo del lado de los pobres. No soy quién para perdonarte nada, pero si lo fuera, te perdonaría todo.

Hasta siempre, Diego.

 

Yo en el estadio de Newell's, antes de un Newell's-Vélez (2010)

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario