miércoles, 22 de enero de 2020

Top 10 lecturas 2019

En un año en el que he tenido la fortuna de leer bastante, vamos allá con el siempre difícil pero apetecible ranking de las mejores lecturas del año:

10. EL PERFUME: HISTORIA DE UN ASESINO (Patrick Süskind) [Novela]. No sabía hasta qué punto resultaría interesante una novela que girara en torno a los olores y no esperaba gran cosa, pero me lo pasé en grande con la 'opera prima' de Patrick Süskind, quién supo exprimir al máximo aromas, olores, miasmas y hedores; y a mí me tuvo un par de días cargando el libro para leerlo en cada rato libre que tuviera a lo largo de la jornada.

9. A QUIÉN VAMOS A DEJAR MORIR (Javier Padilla) [Ensayo]. Un tuit de @goldie_gemma me despertó la curiosidad sobre este libro de Javier Padilla. En un primer momento tuve dudas debido a mi poco conocimiento de la materia, pero resultó una excelente manera de tomar contacto con el mundo de la salud. Muchos porqués y una gran cantidad de curiosidades despertadas que, a partir del libro, me llevaron a buscar y buscar artículos sobre los distintos temas que tocaba. El libro acabó muy subrayado y lleno de apuntes. Buena señal.

8. REFORMA O REVOLUCIÓN (Rosa Luxemburgo) [Ensayo]. Publicado en 1899, el texto de la teórica marxista y los 120 años transcurridos desde su publicación evidencian que mientras impere el capitalismo progresaremos en muchas áreas pero nunca como sociedad. El texto de Rosa Luxemburgo pone de manifiesto por qué será siempre una referente revolucionaria. Con todo mi dolor, no obstante, creo que la triste realidad social que vivimos donde la conciencia de clase brilla por ausencia, hace del revisionismo que tanto odiaba Rosa Luxemburgo la única opción. No como solución, sino como bombona de oxígeno para una clase trabajadora que se ahoga presa de su propia ignorancia. De cualquier manera, aventurarse en las páginas de Rosa Luxemburgo es siempre una buena opción.

7. ARTÍCULO 353 DEL CÓDIGO PENAL (Tanguy Viel) [Novela]. Haciendo mi Trabajo de Fin Grado («El derecho a un proceso sin dilaciones indebidas en el ámbito penal») vi que no había consultado un solo libro para la elaboración del mismo, así que decidí buscar qué publicaciones existían por si podía nutrirme de alguna para no presentar un TFG deplorable. Encontré poco, y no digo nada porque encontré este libro. No tenía nada que ver con las dilaciones indebidas que tanto me interesaban, sino que era una novela. Pero como novela pareció interesante y la dejé en esa lista de lectura pendientes que engorda más y más cada vez. La novela me encantó y en el TFG, contra todo pronóstico -por no destacarme yo por buen estudiante-, me pusieron un 9.

6. LOS GIRASOLES CIEGOS (Alberto Méndez) [Novela]. Una polémica desatada tras el arribo de Vox a la Junta de Andalucía me llevó a encargar en la librería esta obra sobre la represión franquista. Resultó que había sido suprimido de las lecturas obligatorias para Bachillerato y al final pareció no ser tal, pero cuando se resolvió la polémica yo ya me lo había leído y había disfrutado con cuatro historias maravillosas. Sentí un placer inmenso por haber leído este libro.

5. NANGA (Simone Moro) [Alpinismo]. Simone Moro fue uno de los cuatro alpinistas que, en 2015, protagonizaron la primera ascensión invernal al Nanga Parbat. Aquella maravillosa historia relatada por el propio Simone Moro, que se desenvuelve casi tan bien entre letras como entre montañas, te introduce en las laderas de «la montaña asesina» y es capaz de transmitirte todo un cúmulo de sensaciones mientras te cuenta una preciosa historia. Me extendí mucho más, después de leerlo, en este artículo.

4. LA BÚSQUEDA (Charlotte Link) [Novela]. De nada conocía a Charlotte Link y esta novela me ha servido para enamorarme de ella. Apasionante 'thriller' que me atrapó de principio a fin. Cerca de 600 páginas devoradas en tres días -a pesar de las ocho horas diarias de jornada laboral- por la sencilla razón de que una vez que lo empiezas no puedes dejar de leer. No es que tenga unos personajes especialmente carismáticos, es la historia en sí lo que hace de este libro una novela fascinante.

3. EL LECTOR DE JULIO VERNE (Almudena Grandes) [Novela]. No era muy dado a leer novelas de la Guerra Civil, al menos hasta que descubrí a Almudena Grandes. Mi madre me introdujo en los Episodios de una guerra interminable y empecé a leer El lector de Julio Verne, sobre todo, porque tocaba. ¡Y qué historia me encontré! Una historia de amistad, de vida, de pobreza, de tiempos que no debieron existir y de libros, de muchos que forjaron la persona que un día fue Nino. Maravilloso.

2. BAJO LOS CIELOS DE ASIA (Iñaki Ochoa de Olza) [Alpinismo]. Mi amigo Javi me insistió durante mucho tiempo para que leyera este libro y yo tardé muchísimo, por aquello de la eterna "lista de pendientes", en darle la oportunidad. Dudo mucho que alguna vez pueda leer algo de montaña mejor que esta maravilla que tiene por autor al malogrado Iñaki Ochoa de Olza. De Iñaki no sabía prácticamente nada antes de leerlo, y de Iñaki me gusta prácticamente todo después de hacerlo. Su espíritu, su filosofía de vida, sus prioridades. No me siento identificado con Iñaki Ochoa de Olza por la sencilla razón de que ni le hago sombra ni tengo la grandeza y la personalidad como para ser tan grande. Ahora bien, acompañar a Iñaki en este viaje que es su libro es una de mis aventuras alpinísticas más fascinantes, pese a no necesitar colocar los crampones en mis botas. Un libro para leer una y otra vez. Allá donde esté, de corazón, gracias por tanto, Iñaki.

1. PATAS ARRIBA. LA ESCUELA DEL MUNDO AL REVÉS (Eduardo Galeano) [Ensayo]. He leído cosas extraordinarias durante 2019, pero la primera obra que leo del escritor uruguayo, como «Bajo los cielos de Asia» o «El lector de Julio Verne», tengo la sensación de que me marcará para siempre. Veinte años antes de que esta novela cayera en mis manos casi por casualidad, había sido leída por mis padres y crecí hartándome de escuchar referencias a ella. Más de veinte años después el mundo sigue tan patas arriba como cuando lo contara Galeano con un gran ritmo y un estilo narrativo inigualable. Hablé sobre este libro en este artículo.

domingo, 19 de enero de 2020

Plurilingüismo como fuente de riqueza

Hace muchos años, en esta misma tierra se luchaba para defender una lengua que sufría de diglosia y en la que no por impedimento legal pero sí por práctica social los catalanoparlantes se veían abocados a usar su lengua en el ámbito privado, principalmente. La lucha por uno de los patrimonios más característicos de un pueblo, su lengua, cambió la situación y convirtió a la Comunidad Valenciana en un territorio de una riqueza lingüistica absoluta.

Siendo el español mi lengua materna, he tenido la suerte de cursar todas las asignaturas en catalán durante la Primaria y la ESO. Al contrario de lo que algunos eruditos creen saber, a ninguno de mis compañeros ni a mí nos supuso esto nunca un problema para comunicarnos en castellano, entre otras cosas, porque la corrección lingüistica del español la estudiábamos en la misma asignatura en la que aprendían el idioma todas las demás niñas y niños de España. Pese al supuesto adoctrinamiento lingüistico, fuera de clase la comunicación entre alumnos era indistintamente en castellano y catalán, con un respeto absoluto por la lengua materna de cada uno en una situación absolutamente normalizada. He tenido la suerte de vivir situaciones tan maravillosas como conversaciones en la que algunos interlocutores se expresaban en catalán y otros en castellano sin que supusiera esto un problema para nadie.

Hoy se manifiestan en contra del plurilingüismo algunos que en sus protestas llegan a evidenciar desconocimiento de la lengua que consideran superior. Los opositores al plurilingüismo están emulando, unas décadas después, al golpista (ese sí que era golpista) Francisco Franco, quien se hartó de perseguir y prohibir el catalán. Odiar una lengua te vuelve miserable.

Queísmo en el programa electoral de Vox.

jueves, 19 de diciembre de 2019

El juego de los saludos

Esta mañana yendo en el coche a trabajar me he cruzado a varias clases de un colegio que iban de excursión. La chavalería iba emparejada de la mano, honrando una vieja tradición española. Lo primero que he pensado ha sido «pobrecillos, que todavía tienen toda la vida por delante». Y entonces una niña me ha saludado, devolviéndole yo el saludo. Creo que hasta he sonreído. Sorprendentemente, se ha alegrado un montón (intuyo que para ella habrá supuesto 'ganar' en el juego de los saludos) y han empezado a saludarme varios más. He sentido el deber moral de hacer ganadores a todos ellos, así que he ido saludando a todos, cual Rey de España el 12 de Octubre. Ellos se han ido saludados a disfrutar de su jornada de excursión y a mí, lo reconozco, me han alegrado el día.

martes, 17 de diciembre de 2019

¿Y tú de qué vives?

Es verdad que no necesito mucho para enervarme, pero creo que esta vez tenía motivos. Hay una frase que cada vez que la escucho aumenta un par de grados mi temperatura corporal y, siempre, me retuerce las tripas un poco más que la vez anterior. No vas a vivir de esto. La he escuchado por vez última en el gimnasio, cuando alguien aquejado de una dolencia física dudaba si podría seguir con su actividad física en un futuro y lo asumía con total sosiego. ¿Cómo se puede tener tan poca sangre para resignarse con semejante calma? ¿Qué clase de alivio es dejar aquello que haces porque te gusta? ¿Cómo podría alguien ser consolado con semejante ofensa?

Ahora que el adoctrinamiento se ha convertido en un tema de absoluta actualidad, se me hace a mí que no lo hay peor que hacer creer a alguien que vive de su trabajo. Lo hemos normalizado, pero no. Del trabajo no se vive, del trabajo se sobrevive. El trabajo es solo un medio de subsistencia, pero vivir es otra cosa. ¿Así que cómo que no voy a vivir de esto? Si vivo de esto, precisamente. De hacer lo que me gusta e imaginar qué puedo hacer. De las pequeñas ilusiones y de los grandes sueños. De una pachanga con amigos, de la cena del sábado o de imaginarme en la maldita cima del K2. Nunca he sido capaz de reprimir una respuesta descortés cuando alguien me ha dicho la dichosa frase. Haya sido una profesora, un médico o un amigo. Son esas cosas, justamente, las que mantienen a uno vivo.


viernes, 22 de noviembre de 2019

El odio está ganando

Cuando se creó el primer sistema sanitario tipo Seguridad Social (Alemania, siglo XIX) el Estado lo hizo ante la necesidad de mantener a los trabajadores sanos para que sus problemas de salud no repercutieran en la producción. Sí, nos hubiera encantado que se hubiera hecho por una simple cuestión de humanidad, pero no fue ese es el motivo. Casi 150 años después, un trabajador de baja es un incordio hasta el punto de que se ha legislado para que despedir a un trabajador enfermo sea causa de despido objetivo (faltas justificadas durante el 20% de los días hábiles en el periodo de dos meses). Desde hace muchos años escuchamos aquello de "no es una crisis, es una estafa". Y lo cierto es que la elevada tasa de desempleo es una garantía para que los derechos de los trabajadores sean pisoteados sin que éstos puedan defenderse. La Sanidad Pública es uno de los grandes patrimonios que, todavía, tiene este bello país. Sin embargo, acudimos a las urnas señalando a inmigrantes y catalanes, unos que quieren quedarse y otros que quieren irse, porque el odio se está imponiendo al sentido común. Y cuando gane el odio habremos perdido todos.

sábado, 9 de noviembre de 2019

Muro de Protección Antifascista


Cantaba Litto Nebbia que «si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia: la verdadera historia». A 30 años de la caída de un Muro de Berlín que ya es más el tiempo que lleva derribado que el que estuvo levantado, existe una verdad socialmente aceptada sobre el referido muro. Y que esa verdad coincida con lo que realmente aconteció en el Berlín de los ’80 hace tiempo que pasó a un segundo plano. Del mismo modo que ningún ludópata reconocería de buenas a primeras que es víctima de una patología o un alcohólico que tiene un problema con el consumo de alcohol, resultaría insólito encontrar a alguien que dudara de su propia verdad respecto de la historia tal y como ella o él la entiende. Ahora bien, ¿coinciden la verdad y tu verdad?

Previo al diagnóstico de una patología existe una coincidencia de síntomas entre la enfermedad en cuestión y el paciente, la cual lleva a profundizar en el diagnóstico para determinar la anomalía. Aquel que compró el discurso de que los vencedores de la caída del muro quisieron vender presenta por norma general un desconocimiento sobre la ubicación real del muro y el territorio que este dividía. Por tanto, leyendo estas líneas, puede ser buen momento para detenerse un instante y preguntarse uno mismo si realmente conoce qué dividía el muro. Resulta difícil, en primer lugar, asimilar la existencia de un muro que divida en dos un país como Alemania. Porque, aunque siempre se haya hablado del Muro de Berlín, nos han dicho que separaba la Alemania Democrática de la Federal. ¿Entonces? ¿Un muro a lo largo de un territorio que deja de un lado a la RDA y del otro a la Alemania Federal? Si así lo has creído hasta ahora, debo decirte que presentas el primero de los síntomas. Pero para tu alivio, he de reconocerte también que las dos veces que he estado en Berlín he podido comprobar que casi la totalidad de los visitantes de la capital alemana que me crucé lo creían así también. 


División de Alemania tras la Conferencia de Potsdam

 Pero entonces, ¿qué ocurría en Berlín si siempre nos han contado historias de ciudadanos que trataban de huir de la RDA y se topaban con el muro? Primero retrocedamos muy fugazmente a la Conferencia de Potsdam, en 1945, que entre otras cosas dividía el territorio alemán entre las grandes potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial. Ahora bien, se exigió que Berlín, al tratarse de la capital, tuviera una división particular. En definitiva, aunque estuviera en territorio ocupado por la Unión Soviética, el Bloque Capitalista no estaba dispuesto a renunciar a la capital germana. Entonces, dividida Alemania en cuatro cuartos, dentro del área soviética encontramos un territorio ocupado por el Bloque Capitalista. Por tanto, la URSS conserva Berlín Este, pero lo que posteriormente sería la RFA se adueña de Berlín Oeste. Y no es hasta 1961 cuando, en plena Guerra Fría, se construye el «Muro de Protección Antifascista», que con 155 kilómetros de perímetro rodea el área de la que la RFA dispone dentro del territorio de la RDA. En consecuencia, es errónea la creencia popular de que los ciudadanos de la RDA estaban encerrados y no podían escapar de Alemania Oriental. Únicamente, no podían ingresar en el territorio de la RFA dentro de Berlín. Creer que los ciudadanos de la RDA estaban encerrados sería tan absurdo como creer que un muro que rodeara Albacete aislaría a la ciudadanía de Cuenca o Alicante.

En rojo, los 155 km del Muro de Berlín que rodeaban el territorio de la RFA dentro del área de la RDA

La caída del «Muro de Protección Antifascista» abrió las puertas del capitalismo a la Alemania del Este. Y con ello, las de la pobreza, el desempleo o la criminalidad. La Reunificación alemana hizo libres, cuentan los ganadores, a todos los alemanes. Sin embargo, paradójicamente no fue hasta entonces cuando en la Alemania del Este cesó la situación de “desempleo cero” y cuando las calles fueron convirtiéndose en el hogar de las desamparadas víctimas del capitalismo. Aunque, pensándolo bien, no hace falta remontar la mirada a la Alemania de los noventa para apreciar las miserias del capitalismo.

Entre el buenismo y el escrache

Como cada año en su recta final, la RAE ha vuelto a mover ficha. En 2017 llegaron al diccionario, entre otras, "posverdad", "aporofobia", "postureo" o "táper". Estas dos últimas fueron dos palabras que de manera bien distinta cambiaron nuestras vidas. Para mal o para bien. Y no sé cuál de qué manera. Fue también el año del "buenismo" y en el que se reconoció "sexo débil" como una expresión despectiva. 2017 fue, lingüisticamente, un año muy movido. Fue, de hecho, el año del "iros" que retroactivamente validaba el "Iros todos a tomar por culo" que había publicado Extremoduro en 1997. El año pasado, mucho más suave, ingresaron "selfi", "meme", "escrache" o "sororidad", y varió la acepción de "feminicidio". Y de manera reseñable poca cosa más. Este año aterrizan en nuestro diccionario los términos "antitaurino", "agendar", "zasca" o "andropáusico". Además, la RAE ha retirado su condición de sistema curativo a la homeopatía, asestándole con ello un buen 'knock out', aunque la Academia rehuye de los anglicismos y prefiere que digamos "nocaut". Sigue a la espera "heteropatriarcado", que lleva varios años bregando por hacerse un hueco y ahora deberá aguardar al menos hasta 2020. Así que ahí se queda, esperando junto a la "cocreta" y al "hembrismo" de Javier Marías, que ya lleva 23 años de brazos cruzados. Por cierto, después del caótico 2019 del Real Madrid este año el diccionario incorpora también la expresión «annus horribilis». Tiene guasa. Que no "guasap", aunque lo recomiende la RAE antes que 'WhatsApp'.

jueves, 31 de octubre de 2019

Nirmal Purja y las reglas

Todo eso del Project Possible - 14/7 siempre me sonó muy comercial. Algo a lo que no estamos acostumbrados en el mundo del alpinismo. Los anuncios, el desafío... desde el comienzo, algo no sonaba bien. Aún así, sería de necios negar que la gesta de Nirmal Purja es extraordinaria. Lo es porque se sale de lo común. Y pese al oxígeno, las cuerdas fijas, las rutas escogidas o los helicópteros entre campamentos base es algo para lo que el 99,9999% de la población mundial no está capacitada. Evidentemente, Nirmal Purja tiene unas condiciones físicas sobrenaturales. Parte de la explicación se debe a la genética. Nació con ese don, pero desde luego que no es todo. Otra parte fundamental responde al trabajo del nepalí, que ha potenciado sus condiciones físicas hasta convertirse en un auténtico depredador de alturas. Y sumando a las grandes condiciones físicas de las que dispone una enorme capacidad de sacrificio y un esfuerzo tremendo Nirmal Purja holló el 29 de octubre la cima del Shisha Pangma, completando su reto de alcanzar la cumbre de los catorce ochomiles en siete meses. Necesitó únicamente 190 días.

Ahora bien, ¿sería Nirmal Purja el único capaz de hollar la cima de los catorce ochomiles en 190 días? No lo creo. Desde luego, no es un reto al alcance de cualquiera, pero la historia del alpinismo consta de una larga lista de nombres extraordinarios y muchos de ellos tienen potencial de sobra para aproximarse, igualar o rebajar las cifras del nepalí. Sin embargo, la ahora segunda mejor marca, por llamarla de alguna manera, pertenece al coreano Kim Chang-Ho, quien tardó siete años, diez meses y seis días entre 2005 y 2013. Unos números lejísimos de los que ha firmado Nims. ¿La razón? Sencillamente, nadie se plantea algo así. El cronómetro nunca fue un gran amigo del alpinismo, quien siempre se entendió mejor con el día y la noche o con las cuatro estaciones.

 El alpinismo es definido por el diccionario como un deporte. Sin embargo, el propio diccionario da una definición de deporte en la que no encaja el alpinismo, pues para considerarse deporte se exige que esté reglado. Es el eterno debate con mis amigos licenciados en Ciencias de la Actividad física y el Deporte. Desde luego, el alpinismo es un deporte particular. Y eso, lo vuelve más extraordinario si cabe. El alpinismo no tiene un reglamento como tal. He aquí la gran controversia. Existen, en todo caso, un conjunto de normas consuetudinarias por las que se rige. Es lo que se conoce como la «costumbre». Llevándomelo al área del Derecho, el Código Civil español, por ejemplo, establece que «la costumbre sólo regirá en defecto de ley aplicable» (art. 1.3). De una manera algo más enrevesada pero con idéntico significado, el Código Civil argentino regula que «los usos y costumbres no pueden crear derechos sino cuando las leyes se refieran a ellos o en situaciones no regladas legalmente» (art. 17). El alpinismo, como decía, no tiene un reglamento propio como los deportes al uso. Sin embargo, existe una gran cantidad de normas fruto de la costumbre que todos conocemos y que entendemos deben ser respetadas. ¿Puede ser que Nirmal Purja haya quebrantado esa costumbre? Yo creo que sí.   

© Nirmal Purja Project Possible Ltd
  
Debo decir que siempre me he mostrado partidario de que cada uno disfrute de las montañas, o las enfrente, como le plazca. No cuestiono si alguien elige montañas masificadas o desconocidas, el uso de oxígeno artificial, el empleo de cuerdas fijas, las rutas escogidas, las expediciones comerciales y un largo etcétera de condiciones y condicionantes. Todos somos capaces de distinguir los grados de dificultad y al fin y al cabo entiendo que una de esas normas consuetudinarias de la montaña consiste en rendir cuentas a uno mismo. Y qué mejor ejemplo que Denis Urubko saliendo en solitario a intentar la cima del K2 porque consideraba que el invierno terminaba el 28 de febrero. Para él, al margen de reconocimientos, habría logrado la primera ascensión invernal al K2 únicamente de haber hollado su cima antes de que concluyera febrero.

El problema de Nirmal Purja desde mi punto de vista no es que haya usado oxígeno artificial o que se haya valido de cuerdas fijas para ascender los ochomiles. ¡Faltaría más! Ni siquiera los desplazamientos entre campos base con helicópteros. La cuestión, en mi opinión, es que considero que ha roto las mencionadas normas consuetudinarias del alpinismo con el objetivo de entrar en la historia. Tras décadas y décadas de respetarse un estilo, o una serie de estilos, el nepalí ha encontrado el "vacío legal" en la forma de ascender. En un deporte tan sumamente extraordinario que relega los números a un segundo plano, ha encontrado en los números una vía para colarse en la historia. En el alpinismo, el fin no justifica los medios. Y menos si el fin es establecer un récord. 

lunes, 28 de octubre de 2019

El gen soñador

Tienen el gen soñador. Por eso, ni el horror personándose en la Casa Rosada pudo con ellos. Tampoco esta vez. Era mal augurio que lo votaran quienes niegan los 30.000 desaparecidos. Los que repiten aquello de los "choriplaneros" y los "vagos". Los que se refieren al "negro" con desprecio y los que nunca entendieron que como personas descienden del primate y, como argentinos, se dividen entre vástagos de indígenas e inmigrantes europeos. En definitiva, todo aquello que desprecian. Y ahí permanece, inamovible e inmutable, el gen de la otra mitad que los hace tan diferentes. El que convierte la distopía en la ilusión de una patria mejor; el que lleva 130 nietos recuperados; y el que hoy los llevó a amanecer creyendo, sabiendo, que Argentina se vuelve a levantar. Hoy he mirado la bandera y el sol brillaba un poco más. 

¡Al gran pueblo argentino salud! 

domingo, 13 de octubre de 2019

Maratón de Berlín | 2:59:18


PARTE 1 - LA PREPARACIÓN

2 de diciembre de 2018. El maratón y yo nos enfrentamos por tercera vez y como en las dos anteriores gana él. 140 días habían pasado entre el primer y el segundo intento y 238 días entre el segundo y el tercero. Ahora llega la espera más larga: 301 días hasta el maratón de Berlín. 

La pista de atletismo de Benidorm ha sido mi casa durante la preparación del maratón.

El plan es desconectar del maratón una temporada. Es evidente que a estas alturas estoy ya obsesionado con bajar de las tres horas. Aunque no quiera, pienso en ello cada día. Después de dos años sin pensar en otra distancia que en los 42,195 km del maratón, oriento el primer semestre del año a ser más rápido en 10.000 metros y medio maratón. El 19 de febrero de 2019 es el primer día de una preparación que, no puedo engañarme, tiene por objetivo bajar de las tres horas en Berlín. Por delante 32 semanas. Así, durante los meses de febrero, marzo, abril, mayo y junio, con los entrenamientos más fuertes que he hecho hasta entonces, bajo el 10.000 de 0:37:10 a 0:36:33 y el medio maratón de 1:23:24 a 1:21:29. Los números son tremendamente esperanzadores, creo que tengo todo controlado, no me cuesta salir a sufrir en cada entrenamiento y la mejora no cesa. Mentalmente siento que soy una roca y estoy convencido de que en Berlín, esta vez sí, el “sub tres horas” será mío.

Semana 14/32. MMP en 10.000 metros.

Contaba con que desde el 13 de julio me tomaría un ‘break’ de 10 días y cambiaría las zapatillas de correr por las botas de alpinismo, para ascender Gran Paradiso primero, en los Alpes italianos y, a continuación, el Mont Blanc por la vertiente francesa. Sin embargo, antes de eso, el 10 de julio estoy haciendo un 12x1000 en la pista de atletismo y quiero parar. Nunca he dejado un entrenamiento, pero esta vez quiero hacerlo. La disputa mental con uno mismo es habitual en este tipo de entrenamientos, pero hasta la fecha nada a lo que no me haya podido sobreponer. Me miento como siempre: “solo una más”. Sin embargo, el noveno “mil” sale sorprendentemente lento y no puedo más. Hoy no quiero sufrir más. Apenas tengo tiempo de dudar y me veo abandonando la pista de atletismo. Solo quiero irme a casa. Y me voy. Es la primera vez que dejo un entrenamiento a la mitad.

Después de esto viajo a los Alpes y desconecto del maratón. No pienso apenas en el entrenamiento que abandoné y me sumerjo en una experiencia increíble en la alta montaña que, además, termina de la mejor manera. Me siento absolutamente pleno, lo cual no es nada fácil, y estoy hecho a la idea de que quedan dos meses de sufrir para hacer un gran papel en el maratón de Berlín. Sin embargo, regreso de la montaña y las buenas sensaciones se han quedado en el techo de los Alpes. Me niego a salir a correr. No quiero. No puedo. Empiezo a contar las semanas que quedan para la carrera y sé que puedo perder todo el gran trabajo que he hecho desde febrero hasta julio. Salgo a rodar, pero me da pánico volver a la pista de atletismo, que es donde uno se mide de verdad, y comprobar que no soy tan rápido como unas semanas atrás. Así que de ir dos o tres veces por semana a la pista de atletismo paso a no ir y posponerlo hasta la próxima semana una y otra vez. Detrás de cada día que no salgo a correr hay una gran sensación de tristeza, pero no es tan grande como el miedo a ir al tartán y verme lento. Finalmente en agosto no soporto más la situación y tiro la toalla. Me veo mentalmente superado y decido renunciar a Berlín y posponer el intento de las tres horas. Es también la primera vez que me bajo de un objetivo deportivo, pero siento que no tengo otra opción. Cuando me vea con fuerzas, retomaré los entrenamientos. 

Sin trampa ni cartón, apenas 190 km en todo el mes de agosto.

 Los dorsales del maratón de Valencia están agotados desde hace meses, pero tengo la opción de competir en el CADU y por tanto tener un dorsal el 1 de diciembre. Así que decido volver a los entrenamientos el primer lunes de septiembre. Si logro la regularidad del primer semestre del año, puedo aprovechar la base con la que cuento y en 13 semanas prepararme para bajar de las tres horas en Valencia. De este modo, el lunes 2 de septiembre activo otra vez el ‘modo maratón’ y empiezo con los kilómetros de calidad. Tengo claro que voy a estar más lento, pero pienso que tengo tiempo e intento ser optimista. El viernes 6 de septiembre, después de trabajar, vuelvo a la pista de atletismo después de dos meses. Llueve, pero ya he perdonado muchas semanas. Estoy solo en el tartán y hago 8x1000 (recuperación: 180”) a 3:34,28 de media. Después de dos meses temiendo volver a la pista de atletismo veo que la situación está lejos de ser lo dramática que había dibujado en mi cabeza. No he perdido mucho y estaría a buen nivel para ir a Berlín, pero llevo dos meses sin pisar el gimnasio, sin entrenar en la pista de atletismo, y sin hacer ningún rodaje largo (21 km el rodaje más largo). Los 38 km/semana que promedio en agosto convertirían en ridícula la idea de ir a la capital alemana a competir. Ha sido una inmejorable manera de volver, pero toca seguir entrenando. Termino la semana con 75 km acumulados de muy buena calidad, pero un rodaje de 30 km me pone en evidencia. Tras 20 kilómetros a 4:30 min/km soy incapaz de mantener el ritmo y voy perdiendo velocidad de manera considerable.

La segunda semana de septiembre supero los 90 kilómetros y me encuentro físicamente muy bien. Lamento no haber ido al gimnasio y no haber hecho rodajes largos, porque creo que de haberlo hecho tendría muchas opciones de bajar de tres horas en Berlín. Me paso la semana dándole vueltas. Quedan dos semanas para el maratón y siento que todavía hay una remota posibilidad de salvarlo. Tomo la decisión de hacer el habitual ‘tapering’ durante las dos próximas semanas, entrenar muy suave e ir a Berlín. Me doy un 5% de posibilidades de bajar de las tres horas, precisamente por la ausencia de gimnasio y rodajes largos que son dos pilares fundamentales para preparar el maratón. Pero es que pese al caos que han sido los meses de julio y agosto, el trabajo previo me mantiene en septiembre en un muy buen estado de forma. Hago el ‘tapering’ más suave de los que he hecho hasta la fecha y pongo rumbo a Berlín sin tomar la decisión todavía: arriesgar todo a las tres horas o tratar de bajar los 3:05:26 que en este momento es mi MMP. Pero me conozco, y algo dentro de mi sabe que acabaré yendo a por las tres horas.


PARTE 2 – LA CARRERA

En Berlín estoy mucho más tranquilo que en la previa de los otros maratones. Me cuido para no caminar muchos kilómetros el sábado, pero tampoco estoy especialmente preocupado. En mi cabeza he asumido el que va a ser mi cuarto fracaso en la distancia de Filípides y solo quiero que llegue el domingo y termine la carrera. La noche antes del maratón me acuesto pronto y antes de las 23h estoy dormido. Nunca me había dormido tan pronto en la previa de un maratón.

El domingo a las 5 AM ya me he despertado y tras dar vueltas en la cama me levanto cuando pasan unos minutos de las 6 AM. Noto que estoy nervioso y me alegro. Es como si de repente he entrado en la carrera a nivel mental. Cumplo el protocolo con el desayuno que llevo conmigo desde España, aunque el estómago se cierra en un momento dado y no puedo comer nada más. La sensación no es agradable, pero es otro indicio de que estoy dentro. 

De camino a la carrera le doy muchas vueltas a qué debo hacer tras el pistoletazo de salida, y le hago un comentario en broma a mi amigo Santi: “soy tan ateo que tal vez Dios hoy me regale un 2:59 para hacerme dudar de su existencia”.

8:37 AM. No, no es un posado Instagrammer. Es el famoso "robado" real.

Ya en la línea de salida estoy listo para enfrentarme a los 42,195 km y no hay tiempo para posponer la decisión. Voy a salir a por las tres horas. Soy consciente de que se me puede venir la noche en cualquier momento a partir de la segunda mitad de carrera, y que como suceda antes del kilómetro 30 va a ser enormemente insoportable, pero si hay alguna opción de conseguirlo debo arriesgar. En la muñeca izquierda el reloj con GPS con una pantalla fija, que, como en cada maratón, no cambiaré en toda la carrera. La distancia de vuelta, el ritmo actual, el ritmo medio de vuelta, y el tiempo de vuelta es lo que voy a ir viendo en mi muñeca izquierda. Y cada vez que cubra un kilómetro, se reseteará y se pondrá todo a cero. Esa será mi referencia durante toda la carrera, tratando de aproximar cada kilómetro al máximo a 4 minutos y 15 segundos. En el reloj derecho, un cronómetro al uso que me marque el tiempo total de carrera con el que comprobaré cada cinco kilómetros que paso en los tiempos pretendidos.

La pantalla que visualizo durante toda la carrera con laps de 1 km

Si son ya varias las cosas en este relato que han pasado por primera vez, también lo será el pegarme a la liebre de tres horas desde la salida. En realidad, salgo unos 30 metros por detrás. La sigo, pero no tengo prisa por cazarla. Calculo que lo hago entre los kilómetros 3 y 4, que es cuando ya me pego a ella para no soltarla durante más de 20 kilómetros. Mi experiencia en el maratón me dice que los primeros kilómetros son muy llevaderos y que el cuerpo te pide correr más, pero hay que saber que esto es largo y se deben cuidar las energías al máximo. 4:15 min/km es un buen ritmo. De hecho, creo que es un ritmo más alto del que voy a ser capaz de mantener durante toda la carrera. Sin embargo, tengo claro que los problemas los afrontaré cuando lleguen, y de momento debo limitarme a pasar los kilómetros en 255 segundos. 

Salida junto al pelotón que busca las tres horas. Pelotón que se irá reduciendo conforme avance la carrera.

 De este modo, sin problema alguno mantengo el ritmo constante durante la primera mitad de la carrera y hago el paso por el medio maratón en 1:29:27 según el reloj que llevo en mi muñeca derecha. Es decir, voy 1,6 segundos/km más rápido del ritmo objetivo. Un margen lo suficientemente pequeño como para estar satisfecho. Aunque no quiero pensarlo, mi cabeza no puede evitar comenzar a hacerse la idea de que más pronto que tarde van a llegar los problemas físicos. Sabe que en el muro he sufrido siempre y que hoy no va a ser la excepción. Pero sí, hoy terminará siendo la excepción.

Hago el paso por el kilómetro 25 en 1:45:52, lo que supone haber corrido este parcial de 5 km ligeramente más rápido que los cuatro anteriores. De hecho, he tenido que moderarme un par de veces para no dejar a la liebre atrás. He volteado la cabeza más de lo que me gustaría y en el kilómetro 25 me siento fuerte. Creo que la liebre está ligeramente en apuros, y es demasiado pronto, así que tomo la decisión de seguir solo. Por primera vez en la mañana de hoy soy yo mismo quien debe controlar el ritmo. Sé que correr por encima de mi capacidad puede anular mi carrera, así que no dejo de mirar el reloj. Aun así, hago el parcial de 5 kilómetros en 20:54, y este parcial del km 25 al km 30 se convierte en el más rápido de mi carrera. A estas alturas soy plenamente consciente de que nunca había hecho este parcial tan rápido en ningún maratón. Pese a llegar a Berlín sin rodajes largos a mis espaldas y sin haber pisado el gimnasio, no hay indicios de calambres, me encuentro bien de piernas y empiezo a creer que estoy fuerte. Por eso, cuando estoy llegando al muro, creo que mantener el ritmo es la mejor opción. Este nuevo parcial de 5 kilómetros lo hago en 20:52, prácticamente calcando los tiempos del parcial anterior, y hago el paso por el kilómetro 35 en 2:27:38. El parcial de los kilómetros 30 a 35, donde hasta la fecha he acostumbrado a flojear, es hoy mi parcial más rápido del maratón, aunque sea solo dos segundos más rápido que el sector anterior.

Kilómetro 38.

 Tengo 32 minutos y 21 segundos para recorrer los últimos 7,195 km, pero estoy lejos de sentir que lo tengo hecho. Por eso no aflojo lo más mínimo y de hecho el kilómetro 36 será el más rápido de todo el maratón. Lo recorro en 4:01, pero me trae el primer pinchazo en el gemelo derecho. Ahora sí, los fantasmas se han presentado y hay que lidiar con ellos. No me asusto, y sé que es momento de mantener la cabeza fría. He cometido un error al haber corrido 14 segundos más rápido que el ritmo objetivo. Si soy capaz de correr a 4:15 min/km de ahora en adelante, lo tengo hecho. Seis, tal vez, sean muchos kilómetros, pero si cubro en 17 minutos los próximos cuatro kilómetros lo tendré hecho. Así que bajo el ritmo y calco el kilómetro 37 en 4:15. De vez en cuando algún ligero pinchazo me avisa que los gemelos comienzan a estar bajo mínimos, y los dos siguientes kilómetros los recorro en 4:26 y 4:27. He empezado a perder 11 o 12 segundos por kilómetro. Llevaba un margen de unos 90 segundos, por lo que todavía estoy dentro, pero hace falta un último esfuerzo. Voy ahora con un minuto de margen y apenas quedan tres kilómetros. Tengo claro que, salvo calambre grave, debo conseguirlo. Y lo confirma el kilómetro 40 que recorro en 4:13, otra vez dentro del ritmo objetivo, y cuyo paso realizo en 2:49:41. Tengo algo más de 10 minutos para recorrer los últimos 2,195 km.

Kilómetro 40. Obsesionado con que no se escapen las tres horas.

 En el kilómetro 41 comienzan a ser más frecuentes los pequeños calambres en los gemelos (que es el único músculo que se ha visto afectado por la carrera) y ya hay una carrera sobre mis piernas y otra dentro de mi cabeza. No dejo de hablar conmigo mismo y de convencerme de que quiero sufrir. He soñado durante años con estar vivo para el sub tres horas en los dos últimos kilómetros de un maratón y hoy, aunque con dolores, lo estoy. Así que me empujo a seguir, que diez minutos en una carrera de casi tres horas son insignificantes. El último parcial de 2,195 km lo hago protegiendo las piernas y tardo 4:23 min/km. Cruzo la puerta de Brandemburgo y veo la meta a 200 metros. Sé que tras fracasar en Valencia 2017, París 2018 y Valencia 2018, Berlín me va a cumplir un sueño. Un sueño en el que sobre todo en 2018 y 2019 he pensado absolutamente cada día. Cruzo la meta en 2 horas, 59 minutos y 18 segundos. 

Parciales de 5 km durante el maratón de Berlín



Bajo la lluvia de Berlín, para recordar el deseado 'sub tres'.