Es difícil de explicar. Ayer Nadal puso fin a una racha increíble. Desde 2005 hasta 2014, durante diez temporadas consecutivas, logró alzarse con al menos un Grand Slam por temporada. Ayer cayó en el cuarto grande del año, algo que todos sabíamos que más tarde o más temprano ocurriría. Y puso fin a un récord que veremos quién es el valiente que se atreve a arrebatárselo. Y lo hizo con un partido increíble. Ayer no sólo por primera vez no ganó un Grand Slam en una temporada, sino que por primera vez desperdició un 2-0 en un Grand Slam. Me fui a dormir casi a las siete de la mañana teniendo que trabajar hoy por la mañana. Frente al televisor, a ratos sentado, a ratos de pie. Sabía que el partido era complicado pero estaba disfrutando como hacía tiempo no podía en un partido de Nadal. Revés profundo al fondo de la pista y jugando por delante de la línea de fondo. Nadal escondió ese revés cortado al cuadro de saque con el que se ha hecho el harakiri durante toda la temporada. Abrió ángulos y se atrevió, prueba de ello la agresividad que mostró durante gran parte de los tres sets centrales del partido. La derrota es un palo durísimo, y más cuando tiene lugar a las siete de la mañana. Pero hay algo que me permite sonreír. Yo sí creo. Va a volver.

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