jueves, 12 de octubre de 2017

12 de octubre

Se me hace difícil creer que alguien pueda encontrar motivo alguno de celebración en una fecha como la de hoy. Entiendo que cuando uno conmemora un acontecimiento, con dolor u orgullo, lo hace cuanto menos consciente de aquello que representa; y no se limita a enarbolar un pañuelo con el riesgo de hallarse rindiendo tributo a un proceso histórico colonizador plagado de sufrimiento y muerte de personas inocentes. En consecuencia y por una razón de humanidad, quiero creer que solo una osada cuestión de desinformación lanza a algunos desafortunados a hacer alarde de "hispanidad" en un día como hoy.

Trazo mi vida con absoluta fidelidad a unos principios que son absolutamente incompatibles con el regodearse en el saqueo de los pueblos aborígenes o en la imposición cultural. Será por eso que en mi opinión resulta impactante ver como choca la Ley 18/1987 que declara festivo el 12 de octubre con el artículo 578 del Código Penal que regula el enaltecimiento del terrorismo y que recoge una serie de conductas que parecen coincidir con aquello que se conmemora en esta fecha. Claro que no aspiro a ver a la Fiscalía del Estado ni a la Audiencia Nacional tomando hoy nota del desfile de las Fuerzas Armadas. Y todo esto dejando de lado aquello de sentirse orgulloso de ser español. Tan incongruente, por otra parte, como despreciar a alguien por el mero hecho de ser español. Sentir orgullo de ostentar una nacionalidad es tan absurdo como estar orgulloso de tener el pelo oscuro o cuatro extremidades. Ni estoy orgulloso ni me avergüenzo de ser español y argentino. Lo soy y punto. ¿Cómo estar orgullosos de aquello que nos ha venido dado o que ha sido fruto del azar?

El 12 de octubre es una fecha que desde una perspectiva histórica no ofrece motivo alguno de celebración. Y no por ello España deja de ser un lugar maravilloso. Lo sabe todo aquel que haya contemplado su fascinante geografía, gozado de su inmejorable clima o tratado con su gente (salvo episodios desafortunados como al que le pueda haber tocado lidiar conmigo). Pero se me hace difícil agitar una bandera que simbolice un Estado sin una independencia real del Poder Judicial, un país con millones de viviendas vacías y a su vez miles de familias con niños durmiendo en las calles (¿art. 47 CE?) porque se prefiere rescatar bancos a personas, un sistema educativo que margina al estudiante con dificultades familiares y que se empeña en alejar a las clases bajas de la Universidad, un país anclado en otra época que contempla y admira una Corona cuyo único mérito conocido es haber sido nombrado por Franco como sucesor a título de rey, un sistema sanitario que se desmorona como consecuencia de una política gubernamental que prioriza invertir en Defensa antes que en sanidad.

¿Alguien en su sano juicio puede estar orgulloso de todo eso? No os conforméis con agitar una bandera.

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