Hace cuatro días que el pueblo español hacía historia entregando los
mandos del Gobierno, por vez primera, a un partido condenado por
corrupción. Construyen su fuerza política a partir del miedo y de la
información tendenciosa. Advierten sobre Venezuela mientras callan sobre
Honduras o Arabia Saudí. Elevan su potencial desde unos medios de
comunicación que ya ni necesitan enmascarar los intereses económicos que
les mueven. Y se saben ganadores habida cuenta de la impasibilidad
de un pueblo que ni piensa ni empatiza. Han configurado un país con
mujeres machistas como Christina Seguí, homosexuales homófobos como los
de Victorio & Lucchino y negros xenófobos como el tarado, en el más
estricto sentido de la palabra, que desde hace unos meses merodea por
platós de televisión. Y todavía hay quien se atreve a creer que la
izquierda sale reforzada del debate electoral en una sociedad condenada
por el síndrome de Estocolmo. ¿Romanticismo o ingenuidad?
No hay comentarios:
Publicar un comentario