Mostrando entradas con la etiqueta medvedev. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta medvedev. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de septiembre de 2019

Tormenta neoyorquina

Un huracán pone en jaque la ciudad de Nueva York y desata la locura. El vendaval, que viene desde Rusia, había advertido de su potencial durante el estío. Nadie se lo tomó tan en serio como merecía, excepto él. Al fin y al cabo, septiembre es época de tempestades donde se rinde pleitesía a las barras y estrellas. La tormenta aterriza en Flushing Meadows dispuesta a poner patas arriba el recinto tenístico más grande del planeta. Y, cuando en los interiores de la Arthur Ashe se acondiciona el fin de fiesta, el huracán abre sus alas y abraza el caos. No hay nada que hacer. Daniil Medvédev encarna ese vendaval que se manifiesta haciendo rebotar cada bola en la mitad de la pista que defiende el balear, y acumula una sucesión de voleas poco estéticas que multiplican el casillero de ‘winners’ del flamante líder de la Next-Gen. Enfrente, el hasta entonces campeón de 18 Grand Slams empieza su particular batalla. La que, desde hace unos años, es su favorita. El que antaño hiciera de sus incansables zancas su más poderosa arma tiene ahora menos piernas, pero una mente prodigiosa. Por eso Rafa se muestra tranquilo y ni el ‘warning time’ que condena su servicio logra apenas frustrar su expresión. Sumergido en el ciclón, Nadal sabe que solo una adecuada gestión de las emociones podrá sacarle con vida de esa tormenta. Por eso, donde tantos especialistas hubieran sucumbido a la vorágine, el líder de la ‘Race’ administra la vida que le queda y celebra cada síntoma que augura el fin de la tempestad como el que encuentra agua en el desierto. Desde un ‘winner’ propio hasta un ‘unforced’ de su rival. Sin soberbia, sin desafíos y sin retar a su oponente; pero sin privarse de darse a sí mismo el mensaje de que va a vivir. Y se lo cree. Y por eso vive. El reloj corre por encima de las cuatro horas y cincuenta minutos cuando Rafa mira a la tormenta por última vez y trata de dominar sus últimos coletazos. La esfera amarilla que durante las dos últimas horas ha herido como una jabalina cae ahora fuera de la pista. Nadal se desploma. La tormenta se va. El resto es historia.

Nadal cae al suelo tras ganar su décimo noveno Grand Slam