viernes, 9 de febrero de 2018

La España del 155

Me cuesta asumir que en plena era de las comunicaciones y teniendo cualquier suceso al alcance de un clic de ratón, el primer partido político de la historia imputado (ahora investigado) por corrupción siga siendo el más votado elección tras elección. Ya no es que la separación de poderes de la que Rajoy presume no exista y que el Poder Judicial se encuentre sometido casi en su totalidad al ejecutivo -lo que permite a esta cuadrilla de corruptos campar a sus anchas-, es que el pueblo se debate entre lo ignorante y lo pasivo. Aquí nos indignamos si Amaia no gana Operación Triunfo o si Piqué dice que el Espanyol está desarraigado de Barcelona, pero nos da igual que Rosa muera en un incendio en su vivienda como consecuencia de que le hayan cortado la luz. Nos hemos acostumbrado a eso, a que la gente no tenga casa, a que no tenga trabajo, a que no tenga futuro y a que desde el Congreso se gobierne contra el pueblo. Maldita Ley Orgánica 4/2015. No nos importa que condenen a una persona por subir a Instagram una imagen de Cristo en la que cambia el rostro del hijo de la paloma por la suya propia, que condenen a una estudiante de Historia por hacer chistes sobre Carrero Blanco o que haya artistas condenados a prisión por denunciar en sus canciones la corrupción y las injusticias sociales que nos ocupan en estos tiempos. No nos importa, siquiera, que el nombre del presidente del Gobierno aparezca en los papeles de Bárcenas. Tristemente, toda esta información a la que tan fácil acceso tenemos ha servido solo para que normalicemos la corrupción.

La España del presente celebra la aplicación del artículo 155 CE mientras agita la bandera. Aunque no se agitaron banderas al unísono para que se aplicara el artículo 14 CE cuando Pablo Hasel o Valtonyc se sentaban en la Audiencia Nacional, o para que se aplicara el artículo 47 CE cuando desahuciaban a Lidia y Santiago, y a sus cuatro hijos. Nos maravillábamos cuando nos vendían la democracia del ’78 viendo como Luis Eduardo Aute esquivaba la censura durante el Franquismo, y sin embargo hoy hemos normalizado que una canción te lleve a prisión. No nos movilizamos. No lo hacemos porque no nos importa. Si total, no estaremos tan mal cuando con un sueldo podemos pagar el último iPhone, y además encendemos la televisión y podemos ser iluminados por Pablo Motos, Risto Mejide o Bertín Osborne. Y en YouTube Álvaro Ojeda, referente cibernético.

¿Qué más da que los chavales de Altsasu lleven 451 días en la cárcel si ni siquiera sabemos qué pasó en Altsasu? ¿Qué más da que hayan pasado ya 1912 días desde la última huelga general en España? ¿Acaso en estos más de cinco años ha habido alguna razón para convocar otra? Y viva España, que es año de Mundial.

No hay comentarios:

Publicar un comentario