Hoy se cumplen diez años del, para una significativa mayoría, mejor partido de la historia. Era un domingo muy raro en Londres. Lo recordarás. Como no vas a hacerlo si te pasaste toda la tarde frente al televisor, retransmisión todavía en 4:3, temiendo que la lluvia te privara del desenlace de una final épica. Sí, por eso y porque de vez en cuando, no pretendas engañarme, la nostalgia te lleva a encontrarte de nuevo frente a la pantalla, como en aquel primer domingo de julio de 2008, gozando de aquellas casi cinco horas a puro tenis.
Todavía te pones nervioso cuando ves el cuarto set y observas que Nadal, tras situarse 5-2 con todo de cara para cerrar el partido, deja que su ventaja se esfume como agua entre los dedos. Aún ves como Federer levanta dos sets en contra y entras en pánico, temiendo por momentos que por tercer año consecutivo Nadal vea frustrado su sueño.
De un lado está un Roger Federer que apunta a mejor jugador de todos los tiempos y que, de momento, a sus 26 años quiere firmar la animalada de vencer en Wimbledon por sexto año consecutivo. Pero del otro lado está Rafael Nadal, con 22 años recién cumplidos y disputando su tercera final consecutiva en el All England Club. Rafa viene de ganar Roland Garros cuatro veces al hilo, y las tres últimas frente a Federer. Sin embargo, la hierba es "territorio Federer" y debe conquistarla si quiere cumplir su sueño de, alguna vez, verse como número 1 del mundo. Ambos se encuentran en un quinto set, por supuesto sin tie-break, que va a decidir si se prolonga el reinado del suizo o si la espada del balear sale vencedora de aquel Juego de Tronos. La paridad se prolonga hasta el 7-7 de la manga definitiva, en la que el balear finalmente rompe el servicio del amo y señor de la hierba. Mantener el saque ahora es tan difícil como ganar el partido entero. La película termina con Federer estrellando en la red el que me atrevo a denominar como el 'unforced' más bello de todos los tiempos. Al menos para mi y para todos los devotos Rafael Nadal.
Nadal logra su quinto Grand Slam, y por primera vez lo hace lejos de Roland Garros. No ha ganado ni siquiera un tercio de los 'majors' que va a conquistar a lo largo de su carrera, pero será difícil que alguno alcance este grado de emotividad. El joven de pantalones piratas y camiseta sin mangas confirma lo que todos sabemos: habemus leyenda.

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