Argentina está hermosa teñida de verde. En realidad siempre lo está,
pero hoy, con un grito feminista que retumba en todo el planeta, está
más bella todavía. Enorme victoria labrada desde el corazón de las
calles que hace de Argentina un país mejor, más justo y más humano.
Siempre me fascinó de Argentina el espíritu de lucha de su sociedad; y
como un pueblo pisoteado una y mil veces era capaz de levantarse una y
otra vez para seguir combatiendo. Hace muchos años, la primera vez que
mi hermana y yo pisábamos Argentina, bromeábamos y nos preguntábamos por
qué se manifestarían los argentinos al día siguiente. Y es que cada día en las
calles había grupos más o menos numerosos que tenían alguna razón para
protestar o reivindicar algún derecho. Decíamos jocosamente que era la manera en que los argentinos se entretenían.
Conocer al entorno de mi madre
fue algo tan impresionante como fascinante para nosotros. Los temas de
conversación -alrededor de un desagradable mate que pasaba de boca en
boca- recorrían la historia de Argentina, y saltaban a lo largo y ancho
del globo terráqueo; desde los Estados Unidos de Bush hasta la Irak de
Sadam Husein, pasando por la Guerra Civil de Sierra Leona o la situación
política de México. Y siempre lo hacían de una manera totalmente distinta de lo
que podíamos escuchar en España, con una empatía contra lo injusto
absolutamente cargada de dolor y conciencia social. En el entorno de mi madre descubrí qué
era el espíritu combativo y comprendí por qué mi madre era tan distinta de
lo que había de este lado del planeta.
Hoy solo puedo sentirme
tremendamente orgulloso de la lucha que ha llevado a cabo todo ese
entorno de mi madre, sumado al mío propio y a una gran mayoría de argentinos que ha defendido el derecho de la
mujer a ser un poco más libre.
Sois lucha, sois ejemplo y sois increíbles. ¡VAMOS ARGENTINA!

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