miércoles, 23 de agosto de 2017

Violencia machista a la vista

Hace escasa media hora he vivido una nefasta experiencia en la Playa de la Fossa que procedo a relatar: caminando por el paseo entre una multitud he visto como un chaval de unos 25 años agredía a su pareja. El primer disgusto ha sido comprobar como la totalidad de las personas que han presenciado la horrible situación han optado por hacer como que nada había sucedido. Yo me he acercado a recriminarle a él y a ofrecerle ayuda a ella. Él me ha dicho que era su mujer y que le hacía lo que le daba la gana, que yo a mi mujer le hiciera lo que quisiera. Ella ha insistido en que no le había pegado. Ver para creer. Le he dicho que no tenía que tolerar eso mientras tecleaba el 016 en mi teléfono y su respuesta ha sido abrazar al agresor. Le he insistido en ofrecerle mi ayuda y ella ha hecho lo propio con que no le había golpeado. Ha rodeado al agresor por la cintura y ella misma es la que ha iniciado la andadura para marcharse de allí. Me he visto en una situación de absoluta impotencia y he pensado que si llamaba pidiendo ayuda seguramente para cuando llegase la ayuda no sabría ni donde estaría esta pareja de futuro poco esperanzador. En un instante y como consecuencia de la falta de interés de la víctima he decidido que no serviría de nada pedir ayuda y he seguido camino yo también. Me toca quedarme con el sabor de la amargura de no haber podido hacer más por la víctima, o no haber querido, o no haber sabido hacer lo correcto cuando evidentemente esa mujer necesita ayuda. No quiero pensar cómo será la vida de esta mujer pero a la vez no puedo evitar pensarlo. Martes negro, sin más.

Original en mi Facebook.

miércoles, 21 de junio de 2017

Alcohol y volante

Ayer volví a sentir lástima por la sociedad en que vivimos. Un grupo de jóvenes con una educación notable presumía de las artimañas que llevaban a cabo para eludir los controles de alcoholemia los domingos, cuando regresaban del famoso Tallarina. Era su plan para esa tarde. Y lo hacían entre risas mientras recordaban como conductor y pasajeros iban en ocasiones embriagados por igual. Decían que es que era una putada por una borrachera pagar 1000€ de multa. No pude contenerme y les dije que me parecía mucha mayor putada exponerse al riesgo de lesionar, dejar inválida o incluso matar a una persona por conducir sin estar en condiciones que una simple multa. No me pudieron responder nada, pero no mostraron ánimo alguno de rectificar esa conducta.

He mencionado al principio de la publicación la educación de los sujetos porque me parece significativo. No se justifica en ningún caso, pero me parece un agravante que gente educada pueda cometer la irresponsabilidad de sentarse al volante en estado de ebriedad. Luego llegan las desgracias, lloramos un par de días y vuelta a lo mismo. ¿Ya nos hemos olvidado de los ciclistas de Jávea y Oliva? Porque muchos de los que quieren que la conductora del accidente de Jávea ingrese en prisión llevan a cabo conductas similares y parece que no son conscientes de esto.

jueves, 9 de marzo de 2017

Día Internacional de la Mujer

He dudado mucho y sí, voy a pronunciarme sobre el DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER.

En primer lugar, felicidades (y no a modo de festejo) a las que dignifican el género. A las que de un modo u otro tomaron el testigo de las Clara Campoamor, Carmen de Burgos, la Pasionaria y todas aquellas que en tiempos todavía más complicados iniciaron una lucha ante la más absoluta de las opresiones. Mi más sincera admiración por las mujeres combativas.

Por otra parte, mi más sincero respeto a las que tienen un salario menor por un mismo trabajo; a las que acceden a un puesto peor pese a contar con igual o mayor cualificación; a las que sufren el doble para acceder a cargos de responsabilidad; a las que de un modo u otro, en algún momento han sufrido violencia machista verbal o física por parte de sus parejas, aunque desgraciadamente algunas ni lo sepan; a las que han sufrido acoso laboral y a las que, aunque sea una sola vez, hayan tenido que aguantar lo de las "denuncias falsas". También para las discriminadas en los Juzgados cuando los jueces no son más que el reflejo de una sociedad machista y tienen que aguantar un último bofetón cuando se agarran al clavo ardiendo de la justicia como último aliento de esperanza.

Y como no, párrafo aparte por lo que me toca, a las deportistas que después de tantos años siguen su particular lucha en una sociedad que presume de igualdad de sexo, pero que legisla contra las mujeres hasta en materia deportiva. Basta echar un vistazo a la Ley General de la Comunicación Audiovisual, que en su artículo 20 recoge los "acontecimientos de interés general" y en ningún momento aclara qué acontecimientos son masculinos y cuáles femeninos. No lo hace como fruto de la normalización, ya que recoge, entre otros, "las semifinales y la final de la Eurocopa de fútbol y del Mundial de fútbol", pero solo son televisados los masculinos. Y como no, el prestigio. Serena Williams, Steffi Graf, Gisela Pulido, Laia Sanz, Maialen Chourraut, que el pasado verano se convirtió en la primera madre española en ser campeona olímpica, y tantas otras que se dejan la piel entrenando cada día por un reconocimiento que nunca llega.

Ya residualmente, para cerrar, mi indignación ante las feministas de Facebook e Instagram. No sobran mujeres en esta lucha y todo suma, pero compartir una foto en Facebook, un "vivas nos queremos" o un selfie en Instagram con una frase de Frida Kahlo o Angela Davis no es feminismo. Deseo que ese sea solo el primer paso y nos encontremos en las calles, piquetes, barricadas o huelgas generales. Ojalá sea el inicio de la suma a una lucha que necesita de todas. Pero, si no, por favor, un poco de dignidad, amor propio y, sobre todo, respeto a las mujeres que a cambio de nada luchan cada día en las calles por hacer de este un mundo más justo.

VIVA VUESTRA LUCHA y, a vosotras sí, FELICIDADES.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Censura

A esta situación tremendamente crítica solo ha sido posible llegar con el consentimiento de la ciudadanía. Una sociedad que se ha limitado a observar impasible como sus derechos eran recortados día tras día mientras clamaba al cielo por lo que, los que les recortaban sus derechos en España, les decían que ocurría en Venezuela. Nunca he creído en España como el “Estado social y democrático de Derecho” que proclama el artículo 1 de la Constitución. Pero, por una época, llegué a pensar que estábamos lo suficientemente lejos de la España de posguerra. Cuanto más tiempo pasa y más indiferentes nos mostramos ante cada puñalada asestada a nuestros derechos, más nos acercamos a la España a la que, en teoría, nadie quiere volver. El color de la papeleta hizo que, increíblemente, los que presumen de demócratas se posicionaran a favor de encarcelar a los titiriteros por una obra de teatro. Cuando estudiábamos el Franquismo nos hablaban de la censura palpable en las letras de Cecilia, Luis Eduardo Aute o Paco Ibáñez. En el Siglo XXI, en plena era de las comunicaciones, te mete entre rejas un maldito tuit. ¡Qué mal vamos!

viernes, 27 de enero de 2017

Caer y levantarse

Son más de 700 victorias y 150 derrotas en el circuito. Ya conoce todas las sensaciones, pero algunas hace tiempo que han quedado atrás. Un incombustible Nadal patina sobre la tierra batida del Foro Itálico para desquiciar a un Guillermo Coria que no encuentra lugar al que no pueda llegar para devolverle la pelota una vez más. Un atrevido joven de 22 años recién cumplidos desafía a Roger Federer en la Centre Court de Wimbledon para, ahora sí, quitarle el cetro al maestro de maestros. Hemos visto una y otra vez una derecha abierta que cae como un tomahawk bautizando ángulos desconocidos. Ese 'banana shot' made in Manacor capaz de hundir la moral del mismísimo Novak Djokovic. Y el puño apretado acompañado de una rodilla que sube a la altura del rostro del único tenista que junto a Andre Agassi puede presumir de haber ganado el Golden Slam. Atrás quedaron esas sensaciones de imbatibilidad forjadas a partir de 81 victorias consecutivas sobre una misma superficie para dar paso a un mundo desconocido. La impotencia, la inseguridad de qué pasará cada vez que saltaba a la pista son los recuerdos más recientes. Un revés cortado que se queda a mediapista en forma de harakiri. Un servicio indolente que hacía mirar con nostalgia la videoteca de los US Open 2010 o 2013. Unas piernas lentas incapaces de hacer de la línea de fondo un fortín. El imbatible Rey de la tierra hinca la rodilla ahora una y otra vez sobre el polvo de ladrillo. Pero no se rindió. Y tocó sufrir. Nadie sabe sufrir como el Rey de la tierra batida. Un paso adelante para restar y más peso en la raqueta para golpear más agresivo. Si el segundo saque era seña de identidad, Nadal se presenta en Australia con un primer saque para dominar los juegos al servicio. Y ahí vimos al combativo de Nadal de siempre, porque eso nunca lo perdió, con armas para salir a matar. Cayó Zverev, cayó Monfils y ha caído Raonic. Nadie podría volver del abismo si no se llama Rafael Nadal Parera. Una capacidad de sacrificio jamás antes vista y una cabeza robusta como una roca es el cóctel perfecto para no morir jamás. El mejor competidor de la historia de este deporte está en semifinales de un Grand Slam después de 965 días. Ganar es secundario. Sólo hay una cosa mejor que ver ganar a Rafael Nadal y es verle competir. Faltan nueve horas para que salte a la pista buscando una final en la que espera Federer. La vida se lo debe al tenis. Vamos, Rafael.

viernes, 1 de julio de 2016

¿Dónde quedó aquel rugby?

Echo de menos el rugby. El clásico. El amateur. El que empezó a morir hace no más de cinco años. Echo de menos el rugby en el que distinguíamos a delanteros y tres cuartos, por la forma de jugar y por la forma de ser. Echo de menos esos equipos en los que viendo bajar a los jugadores del autobús ya sabías cómo iban a formar. Y entrenando, ahí es donde más lo echo de menos. Echo de menos a los medios de meleé que querían ejercicios de pase, para agachar el culo, rozar la hierba y con la pierna totalmente recta poner un pase preciso tan lejos como puedan. Echo de menos al apertura que quiere patear, y que cuando el ejercicio acaba pone un 'up and ander', por lo que hubiera podido ser. Echo de menos a esos centros que le hacen un cambio de pie hasta a su propia sombra, casi hasta cuando el ejercicio es de chocar. Echo de menos esos alas con velocidad punta que superan al adversario y mientras el entrenador les grita "al suelo" siguen corriendo hasta el ingoal, porque aman esprintar. Y echo de menos a ese zaguero que se frota las manos ante los fallos de sus compañeros para ir a cerrar, aunque sea un 2 vs 1 que sabe que va a acabar en ensayo. Total, es un entrenamiento. Y los delanteros. Echo de menos esos primeras líneas que le piden al apertura que les pongan balones altos. Echo de menos esos segunda líneas que bajaban media hora antes para mejorar el pase. Y echo de menos a los terceras omnipresentes que quieren salir del ruck para doblar al zaguero y picarse en explosividad. Ese rugby. ¿Os acordáis? Un especialista en el pase, un especialista en la patada, un especialista en el juego de piernas, un velocista, algunos tipos duros... El primera que entrenando buscaba un cambio de pie y que prometía que antes de terminar la temporada iba a ensayar redoblando al ala. Echo de menos esos pequeños grupos dentro del equipo que en función de su condición física se juntaban para salir a correr. Echo de menos, sobre todo, cuando en el rugby se valoraba más el corazón y la habilidad jugando que lucir un cuerpo de gimnasio. Siempre seré más de Pichot que de Chabal.

martes, 28 de junio de 2016

Imbéciles

Una de las cosas que más gracia me hace de la derecha es que consideren falta de respeto que desde la izquierda digamos que somos un país de imbéciles tras el resultado de las últimas elecciones. Y en algo tienen razón: en España somos 46 millones de habitantes de los que sólo 8 millones han votado al PP, más otros 10 millones han desperdiciado su oportunidad de acabar con este gobierno corrupto a través de abstenciones, votos en blanco y votos nulos. Es decir, sólo 18 millones de los 46 millones de habitantes son responsables de este resultado. Además, en el caso de los 8 millones de votantes del PP, no puedo catalogar a todos de imbéciles, pues hay una minoría a la que realmente le favorece que gobiernen (más allá de que en mi caso, por una cuestión de principios, ni aun beneficiándome podría votar a un partido homófobo, xenófobo o sexista como el Partido Popular). Algunos por intereses empresariales o financieros, dado que para explotar a un trabajador el respaldo de la reforma laboral de 2012 es una garantía; y otros por enchufismo. No es que el gobierno nacional les vaya a colocar en los Ayuntamientos o puestos de privilegio, pero bien es preferible que los que les dan esos magníficos puestos de trabajo estén contentos. Al fin y al cabo no iba a ser casualidad que se repitan tantos apellidos por el Ayuntamiento, y que el que no se repita sea primo/cuñado/amigo de.

Rectificando por tanto lo de que somos un país de imbéciles por un más apropiado "en España hay alrededor de 17 millones de imbéciles", sigue haciendome gracia que la derecha considere falta de respeto la catalogación de "imbéciles", algo que no es más que una definición objetiva.

Si llamarles "imbéciles" es una falta de respeto, me pregunto yo: ¿es una falta de respeto al resto de ciudadanos de este país respaldar a un gobierno corrupto? ¿y respaldar a un gobierno que ha recortado en sanidad? ¿y respaldar a un gobierno que está alejando a las clases populares de las Universidades? ¿y respaldar a un gobierno que ha dado la espalda a los niños autistas? ¿y respaldar al gobierno de la amnistía fiscal al servicio de los defraudadores? ¿y respaldar a un gobierno que ha recortado en ayudas a la dependencia? ¿y respaldar a un gobierno que ha permitido que niños indefensos duerman en la calle habiendo viviendas vacías? ¿y respaldar a un gobierno que ha recortado en pensiones? ¿y respaldar a un gobierno que incumplió, día tras día, su programa electoral con el que ganó las elecciones anteriores?

Sé que nuestros principios nos sitúan, afortunadamente, en extremos opuestos. Y afortunadamente, a mi lo que me parece una auténtica falta de respeto y motivo para la indignación es el haber respaldado a un gobierno responsable, entre otras cosas, de todo lo mencionado en el párrafo anterior.

lunes, 27 de junio de 2016

Ya no creo

No puedo seguir creyendo en el cambio. Lamentablemente, vivimos en un país de imbéciles. Hoy, un trabajador que acaba de perder su trabajo, que estaba sin contrato y que ni siquiera sabe si va a cobrar lo que le deben, me ha dicho que va a votar en blanco. Va a votar en blanco porque el PP lo hizo mal, el PSOE lo hizo mal y Podemos... seguro que también lo hace mal. No le convence ninguno. Le he preguntado qué sabía de la última reforma laboral o de la ley mordaza con la que retuitear puede ser delinquir. Como era de esperar, no sabía nada. Tampoco sabe nada de la Ley D'Hondt. No sabe nada de las ayudas a la dependencia. En definitiva, sabe sólo tres cosas: que los que vengan serán como los que están, que no le gusta Venezuela y que el Coletas no le convence. Así que no puedo creer más, porque lamentablemente este no es un caso aislado. No paro de encontrarme situaciones similares. A la ciudadanía le han inoculado miedo, y aunque no sepa qué pasa en México, Burkina Faso o Sierra Leona, tiene claro que no quiere ser Venezuela. A la ciudadanía no le preocupa la sanidad, la educación, las amnistías fiscales, ni familias enteras que duermen en la calle en un país con más de tres millones de viviendas vacías. Sí, si en algo estamos a la cabeza en Europa es que somos el país con más viviendas vacías en todo el continente. Hay que saber perder y no queda otra que felicitar a la derecha porque haber adoctrinado a una aplastante mayoría imbécil no puede ser fácil. Hay un gran trabajo detrás en colegios, institutos, y medios de comunicación. Y ahora recogen los frutos del trabajo que han venido haciendo. La derecha de este país maltrata a un pueblo que, cuando tiene que pronunciarse, de manera expresa o tácita vuelve a entregarle los mandos. No hay peor ciego que el que no quiere ver, y ante un pueblo que no abre los ojos la derrota está servida una vez más.

miércoles, 22 de junio de 2016

Empate a necio

Veo que ahora la derecha se indigna ante la posibilidad de que con 16 años se tenga derecho a voto. Siempre he creido que la mayoría llegaba a los 18 sin el conocimiento mínimo para decidir en unas elecciones. Con el paso de los años me he dado cuenta que la mayoría no sólo llega a los 18 sin ese conocimiento mínimo, sino también a los 30, a los 40, a los 50... si no sería imposible que un partido que legisla contra los trabajadores, que oprime al pueblo y que protagoniza semanalmente un nuevo escandalo de corrupción sea el más votado elección tras elección. Pero ahí están y no hay Púnica, Gürtel, financiación ilegal, ni tarjeta Black que los pueda detener.

Son mayores de 18 los que no votan a Unidos Podemos porque "no quieren ser Venezuela" mientras no les preocupa ser México. Son mayores de 18 los que ven colas en Caracas como consecuencia de un desabastecimiento provocado mientras a unos kilómetros de aquí no tienen constancia de las huelgas generales de nuestros vecinos franceses. Tienen más de 18 años y votan recortes en educación y en sanidad, y una reforma laboral que les condena. Tienen más de 18 años los que votan en contra de su propia libertad con la Ley Mordaza y votan en contra del derecho a decidir de las mujeres sobre su propio cuerpo. Tienen más de 18 años y echan la culpa de la situación actual a inmigrantes ilegales y legales, y hasta a la posibilidad de acoger refugiados. Tienen más de 18 años y no cuestionan el dinero en paraísos fiscales, las puertas giratorias, las pensiones vitalicias, los sueldos desorbitados ni la amnistía fiscal a la que se acogió hasta la Familia Real (que, por cierto, ni mayores de 18 ni menores hemos votado).

¿En serio debe preocuparnos que voten los jóvenes de 16 años? Por más mal que lo hicieran sólo podrían empataros.

viernes, 25 de marzo de 2016

El legado de Cruyff


Artículo original en Nos-Comunicamos.com.ar.
No voy a hablar de finales de Copa de Europa aunque haya ganado tres. No voy a hablar de Balones de Oro por más que tenga otros tres. No voy a hablar de Mundiales por más que haya sido la figura más importante de dos: en uno por haber sido el mejor, en otro por haberse negado a jugar. No voy a hablar de camisetas aunque vistieras alguna de las más importantes del mundo.

No hay una fecha concreta. Es una tarde cualquiera de un día cualquiera, en Ámsterdam. Década de los '60, o de los '70. De piernas delgadas, un joven predestinado a convertirse en fumador compulsivo conduce una pelota en un partido cualquiera. Impone un cambio de ritmo que impresiona, una velocidad de vértigo y un regate que, medio siglo después, está en peligro de extinción. Su visión de juego no es un detalle menor. No hace justicia con Cruyff hablar de aquella gran noche. Aquel campeonato. El legado de Johan Cruyff va mucho más lejos.

Revolucionó el fútbol, abrió las puertas del fútbol moderno y le aportó el "fútbol total". Para siempre.  Lo conoció sobre el terreno de juego bajo la batuta de Rinus Michels y lo perfeccionó desde el banquillo. Obsesión por la tenencia del esférico, presión alta sobre el adversario y triangulaciones para romper las líneas rivales. Fue el primer futbolista, y a día de su muerte el único, en haber sido leyenda primero como jugador, y alcanzar el grado de leyenda también como entrenador. No hay una tarde para resumir a Cruyff. Hay toda una vida. Un hombre de fútbol.

Hasta siempre, Johan.



lunes, 21 de septiembre de 2015

Cheste: diez años después

Hoy hace 10 años que Cheste puso en mi camino a algunas de las personas más importantes de mi vida. Pudo haber sido una etapa pasajera, pero no sé qué tiene que a nuestro cuarto de siglo ya superado pensamos casi unánimemente que fue la mejor etapa estudiantil de nuestras vidas. Madrugamos, estudiamos -quizás copiamos más que estudiamos-, comimos y cenamos en un comedor cinco días a la semana, entrenamos, compartimos alegrías y frustraciones... con 15 o 16 años, casi sin saberlo, nos convertimos en una familia y por eso hoy somos lo que somos.
El instinto de supervivencia nos enseñó a asaltar juntos el cuarto de la merienda o el papel higiénico. Bendito papel higiénico, seco o mojado. A trabar la habitación con una silla. A atrincherarnos. A rebelarnos, con portazos, pirotecnia o lanzando tubos. La guerra es la guerra. Y encubrirnos. Qué bonito fue encubrirnos. Ahí estábamos todos, a las 3am en el hall, sin decir una palabra sobre quién había lanzado ese petardo. Y los interrogatorios. Qué fácil hubiera sido ser chivato. Y ahí íbamos, pasando uno por uno por el despacho del educador. Las madrugadas de estudio. El compañerismo. Es brutal que nos quedáramos hasta las 3am o 4am para explicarnos entre nosotros las dudas de los exámenes. O para reírnos de los que tuvieran examen de Latín, que también vale. Reírnos. Esa fue la clave. Sólo así nos podía gustar levantarnos un lunes a las 6am para subirnos tres horas a un autobús. Sólo así nos podía gustar ir a clase. Pero si era mejor de lunes a viernes que el fin de semana. Por eso daba igual levantarse cada mañana a las 6:45 con la radio a todo volumen y con las luces deslumbrándonos los ojos. Vale, reconozco que eso no daba igual. Por eso cortamos el cable del maldito altavoz y por eso lanzamos 58 tubos por la ventana. Y tantas otras que ya han prescrito.
Menos mal que no había móviles inteligentes. No sé cómo será aquello hoy, pero muy lejos de lo nuestro. Afortunadamente, de lunes a viernes éramos nosotros y nadie más. No había WhatsApp ni Facebook para hablar con los de fuera. Por eso valía la pena el sacrificio de todo el día, por esa hora y media en terrazas o por las reuniones clandestinas desde que se apagaban las luces a las 23:00 hasta altas horas de la madrugada. Han pasado diez años y cada uno ha tomado un camino. En Cheste encontre el amigo que lo da todo, el que nunca falla. Ese del que hablan en las películas o los libros, pero que rara vez existe. Y no creo que sea casualidad que lo hallara en Cheste hace hoy diez años. Bendita etapa aquella y pobre de los que no han tenido la suerte de pasar por aquello. A veces escucho a gente hablar de la etapa universitaria y me compadezco de ellos pensando que desconocen lo que fue Cheste. Decían Los Rodríguez "diez años después quién puede volver atrás". Lamento no teneros a mi lado cada día a algunos de vosotros, pero me basta haberlo vivido, recordarlo con tanta claridad y que el mundo se pare cada vez que nos cruzamos. 
A ESTUUUUUUUDIO... CLAP, CLAP, CLAP... A E ESTUUUUUUUDIO...

sábado, 5 de septiembre de 2015

Volverá

Es difícil de explicar. Ayer Nadal puso fin a una racha increíble. Desde 2005 hasta 2014, durante diez temporadas consecutivas, logró alzarse con al menos un Grand Slam por temporada. Ayer cayó en el cuarto grande del año, algo que todos sabíamos que más tarde o más temprano ocurriría. Y puso fin a un récord que veremos quién es el valiente que se atreve a arrebatárselo. Y lo hizo con un partido increíble. Ayer no sólo por primera vez no ganó un Grand Slam en una temporada, sino que por primera vez desperdició un 2-0 en un Grand Slam. Me fui a dormir casi a las siete de la mañana teniendo que trabajar hoy por la mañana. Frente al televisor, a ratos sentado, a ratos de pie. Sabía que el partido era complicado pero estaba disfrutando como hacía tiempo no podía en un partido de Nadal. Revés profundo al fondo de la pista y jugando por delante de la línea de fondo. Nadal escondió ese revés cortado al cuadro de saque con el que se ha hecho el harakiri durante toda la temporada. Abrió ángulos y se atrevió, prueba de ello la agresividad que mostró durante gran parte de los tres sets centrales del partido. La derrota es un palo durísimo, y más cuando tiene lugar a las siete de la mañana. Pero hay algo que me permite sonreír. Yo sí creo. Va a volver.