viernes, 25 de mayo de 2018

España es un manicomio

Nadie se escandaliza. En las calles la más absoluta normalidad: la señora en la puerta que mira de reojo la bolsa de la compra del viandante y el transeúnte que tira al suelo la cajetilla de tabaco al terminarla. Y en esta categórica normalidad el PP, que gobierna en España desde 2011, condenado como partido corrupto. Tampoco nos vamos a sorprender, no es nada que no supiéramos. Igual que no necesitamos que venga un meteorólogo a decirnos que llueve cuando el agua impregna nuestras cabezas, las evidencias en los últimos años eran tales que no era necesario desde un punto de vista moral que un juez nos dijera que el PP era corrupto. Sí que lo era desde una perspectiva legal, pero nada va a cambiar.

No espero ninguna repercusión significativa en este país de impasibles. El poder de los medios de comunicación es a estas alturas incuestionable y ya sabemos en manos de quiénes están. La ira ciudadana se orienta hacia el exilio de Valtonyc y el deseo generalizado es que ese maldito terrorista vuelva a España a cumplir su pena de prisión de tres años por escribir y cantar canciones; así como a la casa de Iglesias y Montero y el siempre recurrente asunto de Cataluña. De manera residual un poco de atención para cuestionar las elecciones de Venezuela en las que Maduro se ha vuelto a imponer, juzgando desde la ignorancia en la democrática y transparente España, donde todo trasciende dentro del marco de legalidad. Han condenado por corrupción al partido que va a ganar las próximas elecciones. España es un manicomio.

jueves, 8 de marzo de 2018

Androcentrismo en el lenguaje

GERMÁN EGUILIOR.-

Llega el DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER apenas unas semanas después del revuelo generado por la temeraria mención a las «portavozas» por parte de Irene Montero, la cual requirió incluso de la intervención de la RAE para proteger al idioma de las osadas intromisiones del feminismo. 


El vocablo usado por la vocera, término que recientemente incomodó sobremanera al académico Pérez-Reverte, era el pistoletazo de salida para un intenso debate que se iba a prolongar durante varios días y que bien pudo servir para reflexionar sobre un lenguaje que en materia de sexismo evoluciona muy lentamente. Mucho más, desde luego, de lo que lo hace para reconocer o admitir vocablos como «asín», «iros» o «almóndiga».


Es necesario tener conciencia sobre algo tan obvio como la existencia de la discriminación en el lenguaje; la cual, además, tiene presencia en multitud de formas. En primer lugar, si acudimos al diccionario para ver las referencias al género humano encontramos que «hombre» es «ser animado racional, varón o mujer». Es decir, usamos hombre tanto para referirnos a las personas en general como para los varones en particular. ¿Y «mujer»? Para referirnos al sexo femenino, y gracias. Sí, y gracias. Porque el mismo diccionario de la RAE recoge «hombre público» como «hombre que tiene presencia e influjo en la vida social», y «mujer pública» como «prostituta». Mejor, por tanto, limitarnos a usar mujer en referencia al sexo femenino; sin connotaciones de ningún tipo. ¿Podría alguien ser tan ingenuo de creer que el empleo del vocablo «hombre» para referirnos a la especia humana es casualidad? En una herramienta de poder como es el lenguaje no existen las casualidades y esto no es más que otra consecuencia del androcentrismo al que también está sometido el lenguaje. Algo similar ocurre al nombrar a «América», que puede bien estar aludiendo al continente en general o a Estados Unidos en particular; pero nunca a Argentina, Costa Rica o México individualmente. Esto es fruto de una dominación histórica que, por el mismo camino, llevó al varón a adueñarse del diccionario y a Estados Unidos del continente. 


Sin embargo, hay una tendencia generalizada a infravalorar este asunto del lenguaje, minimizando un problema que algunos no quieren o no saben ver. No sé cuál de las dos es más preocupante. Es habitual en estos tiempos donde Internet es fuente esencial de la comunicación, leer a modo de burla a gente convirtiendo a femenino incluso palabras epicenas como «persona» (persono). ¿Ha reparado esta gente acaso en que una de las principales características del diccionario es ordenar alfabéticamente las palabras, y sin embargo recoge términos como «carpintero-ra», «presidente-ta» o «enfermero-ra»? Es decir, pese a aplicar estrictamente el orden alfabético desde la primera palabra hasta la última, en las acepciones con ambos géneros altera el orden alfabético y antepone al género masculino. Resulta harto complicado justificar esto sin negar el machismo que predomina en la RAE desde su fundación.


A la corriente «yo no soy machista ni feminista», que se puede sintetizar más brevemente como la corriente «machista», le indigna el lenguaje inclusivo. Pérez-Reverte, con sillón en la RAE desde 2003, defendía hace 18 años el uso del género neutro e ironizaba con el uso de «clienta», admitido por la RAE, y ridiculizaba términos como «tenienta», «sargenta», «jefa» o «abogada». Por cierto: «teniente» es según la Real Academia Española el «que tiene o posee algo» y el «oficial de graduación inmediatamente superior al alférez e inferior al capitán». Por el contrario, tenienta es de igual modo la «que tiene o posee algo», pero deja de ser el oficial de graduación superior al alférez para ser la «mujer del teniente». Entre todos los términos que indignaban al académico la no utilización del género neutro nada se supo de «sirvienta» o «dependienta», sobre los cuales nunca se pronunció. Más atrás en el tiempo, Fernando Lázaro Carreter, en aquel entonces presidente de la RAE, luchaba para eliminar el vocablo «jueza». No lo consiguió, afortunadamente. Aunque para mí el académico más brillante, al menos todavía, es Javier Marías. Con silla en la RAE desde 2008, más de una década antes de su ingreso en la Academia hablaba de «hembrismo», palabra que sigue sin estar reconocido por el Diccionario de la RAE. Sin embargo, el académico no tardó en salir a la palestra a ironizar sobre las dichosas «portavozas». Malditas contradicciones.


En definitiva, debe hacerse hincapié en estas actitudes tan poco partidarias de un lenguaje inclusivo que proceden de la Real Academia porque parece que se les ha otorgado algo tan sumamente grande como un idioma, para que decidan aquello que es válido y lo que no lo es. Y resulta excesivamente arriesgado en plena lucha por acabar con la discriminación de la mujer, teniendo en cuenta que la misoginia siempre estuvo presente en la RAE. A día de hoy ni siquiera una quinta parte de los sillones están ocupados por mujeres, y es todo un logro. En esta institución, que actualmente sigue sin haber sido jamás dirigida por una mujer, apenas once féminas se han sentado en sus codiciados sillones a lo largo de tres siglos.  Y en este lapso de tiempo un enorme historial de brillantes mujeres lingüistas rechazadas con pésimos argumentos, pues hasta hace no mucho ni siquiera se esforzaban en disimular el machismo. Ha sido mucho más recientemente, con el acoso y las incómodas reivindicaciones feministas, cuando la parte de la sociedad que ha decidido no combatir la desigualdad se ha visto obligada al menos a disimular su discriminación hacia la mujer. Y esto es consecuencia de un movimiento feminista que en estos últimos años avanza a pasos agigantados, si bien tiene por delante un enorme y rocoso camino por recorrer. 


Contra la violencia de género, la discriminación lingüística, la brecha salarial y todo aquello que significa una losa para el 50% de la población, FELIZ DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER a aquellas que luchan por un mundo mejor.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Libertad Valtonyc

El Tribunal Supremo ha ratificado la pena de prisión de tres años y medio para Valtonyc. Valtonyc va a ingresar en prisión por cantar. Por cantar y porque si bien el calendario dice que estamos en 2018, los recientes hechos son más propios del siglo XV. Valtonyc va a ingresar en prisión porque nuestro Código Penal establece que "el que calumniare o injuriare al Rey o Reina a cualquiera de sus ascendientes o descendientes será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años si la calumnia o injuria fueran graves, y con la de multa de seis a doce meses si no lo son".

En el discurso de Navidad de 2011, el que fuera designado por Francisco Franco como su sucesor a título de rey, tuvo la desfachatez de decir que "la justicia es igual para todos". Poco más de seis años después, con Urdangarín y la Infanta Cristina campando a sus anchas, un rapero va a entrar en prisión por cantarle una canción al que decía que la justicia era igual para todos. Porque resulta que el que decía que la justicia es igual para todos cuenta con varios artículos en el Código Penal que hacen que no se pueda poner en duda su honorabilidad.

Cabe recordar que la justicia es igual para todos pero matar a tu vecina tiene una pena en abstracto de diez a quince años mientras que matar al Rey, a la Reina, al Príncipe o a la Princesa significa una pena de prisión permanente revisable.

La justicia nunca fue igual para todos. Ni cuando el poderoso es el sujeto activo, ni cuando es el sujeto pasivo. El Ordenamiento Jurídico en general y nuestro sistema penitenciario en particular se pone en evidencia una vez más. Deben dar las gracias a la absoluta pasividad que ha caracterizado al pueblo español durante las últimas décadas, porque es la única razón por la que los que ponen las reglas siguen jugando como quieren y ganando por goleada.

Los que celebraron las absoluciones de Francisco Camps o Ricardo Costa, o la dificultad de la justicia para determinar qué ciudadano se esconde tras el nombre "M. Rajoy" que aparece en los papeles de Bárcenas, hoy se alegran de la condena de una persona sin antecedentes penales cuyo peligro consiste en su capacidad para difundir sus propias canciones a través de la red.

En días tristes como el de hoy para esa parte de la sociedad que, pese a todo, sigue luchando por un mundo mejor, queda el consuelo de no ser como ellos. Es preferible perder siempre a estar en el bando de la mezquindad.


LIBERTAD VALTONYC

viernes, 9 de febrero de 2018

La España del 155

Me cuesta asumir que en plena era de las comunicaciones y teniendo cualquier suceso al alcance de un clic de ratón, el primer partido político de la historia imputado (ahora investigado) por corrupción siga siendo el más votado elección tras elección. Ya no es que la separación de poderes de la que Rajoy presume no exista y que el Poder Judicial se encuentre sometido casi en su totalidad al ejecutivo -lo que permite a esta cuadrilla de corruptos campar a sus anchas-, es que el pueblo se debate entre lo ignorante y lo pasivo. Aquí nos indignamos si Amaia no gana Operación Triunfo o si Piqué dice que el Espanyol está desarraigado de Barcelona, pero nos da igual que Rosa muera en un incendio en su vivienda como consecuencia de que le hayan cortado la luz. Nos hemos acostumbrado a eso, a que la gente no tenga casa, a que no tenga trabajo, a que no tenga futuro y a que desde el Congreso se gobierne contra el pueblo. Maldita Ley Orgánica 4/2015. No nos importa que condenen a una persona por subir a Instagram una imagen de Cristo en la que cambia el rostro del hijo de la paloma por la suya propia, que condenen a una estudiante de Historia por hacer chistes sobre Carrero Blanco o que haya artistas condenados a prisión por denunciar en sus canciones la corrupción y las injusticias sociales que nos ocupan en estos tiempos. No nos importa, siquiera, que el nombre del presidente del Gobierno aparezca en los papeles de Bárcenas. Tristemente, toda esta información a la que tan fácil acceso tenemos ha servido solo para que normalicemos la corrupción.

La España del presente celebra la aplicación del artículo 155 CE mientras agita la bandera. Aunque no se agitaron banderas al unísono para que se aplicara el artículo 14 CE cuando Pablo Hasel o Valtonyc se sentaban en la Audiencia Nacional, o para que se aplicara el artículo 47 CE cuando desahuciaban a Lidia y Santiago, y a sus cuatro hijos. Nos maravillábamos cuando nos vendían la democracia del ’78 viendo como Luis Eduardo Aute esquivaba la censura durante el Franquismo, y sin embargo hoy hemos normalizado que una canción te lleve a prisión. No nos movilizamos. No lo hacemos porque no nos importa. Si total, no estaremos tan mal cuando con un sueldo podemos pagar el último iPhone, y además encendemos la televisión y podemos ser iluminados por Pablo Motos, Risto Mejide o Bertín Osborne. Y en YouTube Álvaro Ojeda, referente cibernético.

¿Qué más da que los chavales de Altsasu lleven 451 días en la cárcel si ni siquiera sabemos qué pasó en Altsasu? ¿Qué más da que hayan pasado ya 1912 días desde la última huelga general en España? ¿Acaso en estos más de cinco años ha habido alguna razón para convocar otra? Y viva España, que es año de Mundial.

martes, 2 de enero de 2018

Top 10 lecturas 2017

He elaborado mi Top 10 personal de las lecturas que llevé a cabo a lo largo del pasado 2017. Lo comparto y a ver si a alguien le sirve para animarse a degustar alguno de estos libros.

10. EL TESTAMENTO (John Grisham). Porque Grisham casi nunca decepciona (exceptúo “El último jurado), y si el transcurso de la historia no atrapa especialmente lo solventa con un final colosal.

9. LAS VÍRGENES SUICIDAS (Jeffrey Eugenides). Recuerdo algunos fragmentos de este libro que eran espeluznantemente brillantes. Como curiosidad, lo leí mientras veía “13 reasons why”.

8. CRIMEN Y CASTIGO (Fiodor Dostoievski). Raskólnikov merecería estar cuanto menos en el Top 5, pero por momentos Dostoievski peca de descriptor en una novela ya de por sí lo suficientemente extensa y a veces le cuesta avanzar. Eso sí, todo lo que transcurre en la cabeza de Raskólnikov es sublime.

7. EL NIÑO 44 (Tom Rob Smith). Leído por recomendación y siendo al principio bastante reacio a hacerlo debido a que es tremendamente crítico con la Unión Soviética, la historia de por sí es magnífica. El mejor thriller que leí en 2017.

6. HAMLET (Shakespeare). Como “Crimen y castigo”, “El beso de la mujer araña”, “La conjura de los necios”, “Desayuno en Tiffany’s”, la trilogía de Primo Levi o tantos otros, llegué a él desde las canciones de Los Chikos del Maíz. Más allá del “Te be or not to be, that is the question” me pareció una excelente obra de teatro. Un género literario del que en principio no soy aficionado. Por si alguno no lo sabe, “El Rey León” está inspirado en esta obra de Shakespeare.

5. OPEN (André Agassi). Para que una autobiografía sea interesante, la vida del protagonista debe ser especialmente atrayante. Y la del exnúmero 1 norteamericano lo es, especialmente su carrera deportiva -tremendamente agitada y llena de éxito, con sus correspondientes andaduras por el barro-. Lo que más me gustó de Agassi es que pese a ser el primer jugador de la historia en ganar el Golden Slam en su carrera (después lo hizo también Nadal), se extiende sobremanera en los relatos de sus derrotas y apenas hace mención a muchas de sus grandes victorias. En esto último me siento identificado con Agassi, recordando mucho mejor las grandes citas deportivas en las que fallé en el plano personal, que mis escasos éxitos.

4. Y LAS MONTAÑAS HABLARON (Khaled Hosseini). Una sucesión de historias que se entrelazan formando un puzle soberbio, sumado a la capacidad narrativa del escritor afgano.

3. FRANKENSTEIN O EL MODERNO PROMETEO (Mary Shelley). Otra historia extraordinaria e increíblemente original si contextualizamos la época. Escrita hace dos siglos, parece tiempo suficiente para que la gente, independientemente de que lo lea o no, sepa de una vez que Frankenstein es el creador, ¡no el monstruo!

2. MIL SOLES ESPLÉNDIDOS (Khaled Hosseini). Un libro sobre mujeres en Afganistán no puede no ser duro, pero Khaled Hosseini, mi gran descubrimiento literario de 2017, cuenta una historia tan real como conmovedora. La mujer, la pasión, el sometimiento social y la lucha por la insumisión. Top 3, claro.

1. COMETAS EN EL CIELO (Khaled Hosseini). Una novela a la que no le sobra ni una letra con una conmovedora historia que se sitúa en un marco histórico tan fascinante como poco apetecible, moviéndose a lo largo de la Afganistán de segunda mitad de siglo XX. De esos libros que una vez acabados fascina incluso el hecho de tenerlo entre las manos porque se trata de una auténtica obra maestra. Me había pasado anteriormente solo con “La ladrona de libros”.

lunes, 1 de enero de 2018

Silencio, es su casa

Voy a comentar un comportamiento del ser humano que me indigna. Había pensado en ello varias veces antes, pero lo hice por última vez durante mi visita a Budapest, una hermosa ciudad en la que lamentablemente no necesitas andar demasiado para ver personas sin hogar.

Si se guarda silencio o se habla con un volumen moderado en lugares tales como hospitales, si a la gente le molesta estar en un hotel y que en las habitaciones próximas o en los pasillos la gente no respete los descansos ajenos, etc... ¿por qué la gente no guarda silencio durante unos segundos o procura no alterar el sueño de quienes duermen sin un techo bajo el que ampararse hasta que se aleja lo suficiente como para no molestarle? Personalmente, me pone muy nervioso, o furioso, ver una persona sin hogar durmiendo y que la gente pase como si no hubiera nadie. Además de todos vuestros propósitos para el nuevo año os invito a que llevéis a cabo uno de los más sencillos de cumplir: cuando veáis una persona sin hogar, al menos, respetad su descanso.

martes, 24 de octubre de 2017

La leyenda de Jesse Owens

Hay una historia ligada a Berlín que me emociona por demás y lo hace con la particularidad de combinar ficción y realidad. La parte ficticia cae a cuenta de "La ladrona de libros", la mejor historia novelada que jamás he leído, mientras que la realidad corresponde a los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. Es la vivencia de un personaje de ficción tremendamente entrañable: Rudy Steiner, un niño gamberro, desobediente, deportista y súper competitivo de Himmelstrasse -con el que no puedo no sentirme identificado- que en la Alemania Nazi tenía como referente a un atleta negro. Se trataba de Jesse Owens, aquel velocista negro que llegó a este Olympiastadion de Berlín para poner en jaque la supuesta supremacía de la raza aria y llevarse cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos a los que Hitler pretendía dar un uso propagandístico del Tercer Reich. En este mismo estadio, más de setenta años después, Usain Bolt detuvo el cronómetro en 9,58 segundos en la final de 100 metros del Mundial 2009, firmando el actual récord del mundo de velocidad. Aquello me puso la piel de gallina, pero personalmente me quedo con el carbón con el que el infante alemán tiñó de negro su piel, el Hubert Oval haciendo las veces de Olympiastadion y el demente de Rudy estrechando las manos de los rivales imaginarios de un Jesse Owens al que encarnaba él mismo antes de batir a todos en una carrera tan imprudente como emotiva. «Algún día caerás. ¡Ya lo verás, Liesel!»

Yo en el Olympiastadion, el templo deportivo en el que se forjó la leyenda que inspiraba a nuestro queridisimo Rudy Steiner

jueves, 12 de octubre de 2017

12 de octubre

Se me hace difícil creer que alguien pueda encontrar motivo alguno de celebración en una fecha como la de hoy. Entiendo que cuando uno conmemora un acontecimiento, con dolor u orgullo, lo hace cuanto menos consciente de aquello que representa; y no se limita a enarbolar un pañuelo con el riesgo de hallarse rindiendo tributo a un proceso histórico colonizador plagado de sufrimiento y muerte de personas inocentes. En consecuencia y por una razón de humanidad, quiero creer que solo una osada cuestión de desinformación lanza a algunos desafortunados a hacer alarde de "hispanidad" en un día como hoy.

Trazo mi vida con absoluta fidelidad a unos principios que son absolutamente incompatibles con el regodearse en el saqueo de los pueblos aborígenes o en la imposición cultural. Será por eso que en mi opinión resulta impactante ver como choca la Ley 18/1987 que declara festivo el 12 de octubre con el artículo 578 del Código Penal que regula el enaltecimiento del terrorismo y que recoge una serie de conductas que parecen coincidir con aquello que se conmemora en esta fecha. Claro que no aspiro a ver a la Fiscalía del Estado ni a la Audiencia Nacional tomando hoy nota del desfile de las Fuerzas Armadas. Y todo esto dejando de lado aquello de sentirse orgulloso de ser español. Tan incongruente, por otra parte, como despreciar a alguien por el mero hecho de ser español. Sentir orgullo de ostentar una nacionalidad es tan absurdo como estar orgulloso de tener el pelo oscuro o cuatro extremidades. Ni estoy orgulloso ni me avergüenzo de ser español y argentino. Lo soy y punto. ¿Cómo estar orgullosos de aquello que nos ha venido dado o que ha sido fruto del azar?

El 12 de octubre es una fecha que desde una perspectiva histórica no ofrece motivo alguno de celebración. Y no por ello España deja de ser un lugar maravilloso. Lo sabe todo aquel que haya contemplado su fascinante geografía, gozado de su inmejorable clima o tratado con su gente (salvo episodios desafortunados como al que le pueda haber tocado lidiar conmigo). Pero se me hace difícil agitar una bandera que simbolice un Estado sin una independencia real del Poder Judicial, un país con millones de viviendas vacías y a su vez miles de familias con niños durmiendo en las calles (¿art. 47 CE?) porque se prefiere rescatar bancos a personas, un sistema educativo que margina al estudiante con dificultades familiares y que se empeña en alejar a las clases bajas de la Universidad, un país anclado en otra época que contempla y admira una Corona cuyo único mérito conocido es haber sido nombrado por Franco como sucesor a título de rey, un sistema sanitario que se desmorona como consecuencia de una política gubernamental que prioriza invertir en Defensa antes que en sanidad.

¿Alguien en su sano juicio puede estar orgulloso de todo eso? No os conforméis con agitar una bandera.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Violencia machista a la vista

Hace escasa media hora he vivido una nefasta experiencia en la Playa de la Fossa que procedo a relatar: caminando por el paseo entre una multitud he visto como un chaval de unos 25 años agredía a su pareja. El primer disgusto ha sido comprobar como la totalidad de las personas que han presenciado la horrible situación han optado por hacer como que nada había sucedido. Yo me he acercado a recriminarle a él y a ofrecerle ayuda a ella. Él me ha dicho que era su mujer y que le hacía lo que le daba la gana, que yo a mi mujer le hiciera lo que quisiera. Ella ha insistido en que no le había pegado. Ver para creer. Le he dicho que no tenía que tolerar eso mientras tecleaba el 016 en mi teléfono y su respuesta ha sido abrazar al agresor. Le he insistido en ofrecerle mi ayuda y ella ha hecho lo propio con que no le había golpeado. Ha rodeado al agresor por la cintura y ella misma es la que ha iniciado la andadura para marcharse de allí. Me he visto en una situación de absoluta impotencia y he pensado que si llamaba pidiendo ayuda seguramente para cuando llegase la ayuda no sabría ni donde estaría esta pareja de futuro poco esperanzador. En un instante y como consecuencia de la falta de interés de la víctima he decidido que no serviría de nada pedir ayuda y he seguido camino yo también. Me toca quedarme con el sabor de la amargura de no haber podido hacer más por la víctima, o no haber querido, o no haber sabido hacer lo correcto cuando evidentemente esa mujer necesita ayuda. No quiero pensar cómo será la vida de esta mujer pero a la vez no puedo evitar pensarlo. Martes negro, sin más.

Original en mi Facebook.

miércoles, 21 de junio de 2017

Alcohol y volante

Ayer volví a sentir lástima por la sociedad en que vivimos. Un grupo de jóvenes con una educación notable presumía de las artimañas que llevaban a cabo para eludir los controles de alcoholemia los domingos, cuando regresaban del famoso Tallarina. Era su plan para esa tarde. Y lo hacían entre risas mientras recordaban como conductor y pasajeros iban en ocasiones embriagados por igual. Decían que es que era una putada por una borrachera pagar 1000€ de multa. No pude contenerme y les dije que me parecía mucha mayor putada exponerse al riesgo de lesionar, dejar inválida o incluso matar a una persona por conducir sin estar en condiciones que una simple multa. No me pudieron responder nada, pero no mostraron ánimo alguno de rectificar esa conducta.

He mencionado al principio de la publicación la educación de los sujetos porque me parece significativo. No se justifica en ningún caso, pero me parece un agravante que gente educada pueda cometer la irresponsabilidad de sentarse al volante en estado de ebriedad. Luego llegan las desgracias, lloramos un par de días y vuelta a lo mismo. ¿Ya nos hemos olvidado de los ciclistas de Jávea y Oliva? Porque muchos de los que quieren que la conductora del accidente de Jávea ingrese en prisión llevan a cabo conductas similares y parece que no son conscientes de esto.

jueves, 9 de marzo de 2017

Día Internacional de la Mujer

He dudado mucho y sí, voy a pronunciarme sobre el DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER.

En primer lugar, felicidades (y no a modo de festejo) a las que dignifican el género. A las que de un modo u otro tomaron el testigo de las Clara Campoamor, Carmen de Burgos, la Pasionaria y todas aquellas que en tiempos todavía más complicados iniciaron una lucha ante la más absoluta de las opresiones. Mi más sincera admiración por las mujeres combativas.

Por otra parte, mi más sincero respeto a las que tienen un salario menor por un mismo trabajo; a las que acceden a un puesto peor pese a contar con igual o mayor cualificación; a las que sufren el doble para acceder a cargos de responsabilidad; a las que de un modo u otro, en algún momento han sufrido violencia machista verbal o física por parte de sus parejas, aunque desgraciadamente algunas ni lo sepan; a las que han sufrido acoso laboral y a las que, aunque sea una sola vez, hayan tenido que aguantar lo de las "denuncias falsas". También para las discriminadas en los Juzgados cuando los jueces no son más que el reflejo de una sociedad machista y tienen que aguantar un último bofetón cuando se agarran al clavo ardiendo de la justicia como último aliento de esperanza.

Y como no, párrafo aparte por lo que me toca, a las deportistas que después de tantos años siguen su particular lucha en una sociedad que presume de igualdad de sexo, pero que legisla contra las mujeres hasta en materia deportiva. Basta echar un vistazo a la Ley General de la Comunicación Audiovisual, que en su artículo 20 recoge los "acontecimientos de interés general" y en ningún momento aclara qué acontecimientos son masculinos y cuáles femeninos. No lo hace como fruto de la normalización, ya que recoge, entre otros, "las semifinales y la final de la Eurocopa de fútbol y del Mundial de fútbol", pero solo son televisados los masculinos. Y como no, el prestigio. Serena Williams, Steffi Graf, Gisela Pulido, Laia Sanz, Maialen Chourraut, que el pasado verano se convirtió en la primera madre española en ser campeona olímpica, y tantas otras que se dejan la piel entrenando cada día por un reconocimiento que nunca llega.

Ya residualmente, para cerrar, mi indignación ante las feministas de Facebook e Instagram. No sobran mujeres en esta lucha y todo suma, pero compartir una foto en Facebook, un "vivas nos queremos" o un selfie en Instagram con una frase de Frida Kahlo o Angela Davis no es feminismo. Deseo que ese sea solo el primer paso y nos encontremos en las calles, piquetes, barricadas o huelgas generales. Ojalá sea el inicio de la suma a una lucha que necesita de todas. Pero, si no, por favor, un poco de dignidad, amor propio y, sobre todo, respeto a las mujeres que a cambio de nada luchan cada día en las calles por hacer de este un mundo más justo.

VIVA VUESTRA LUCHA y, a vosotras sí, FELICIDADES.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Censura

A esta situación tremendamente crítica solo ha sido posible llegar con el consentimiento de la ciudadanía. Una sociedad que se ha limitado a observar impasible como sus derechos eran recortados día tras día mientras clamaba al cielo por lo que, los que les recortaban sus derechos en España, les decían que ocurría en Venezuela. Nunca he creído en España como el “Estado social y democrático de Derecho” que proclama el artículo 1 de la Constitución. Pero, por una época, llegué a pensar que estábamos lo suficientemente lejos de la España de posguerra. Cuanto más tiempo pasa y más indiferentes nos mostramos ante cada puñalada asestada a nuestros derechos, más nos acercamos a la España a la que, en teoría, nadie quiere volver. El color de la papeleta hizo que, increíblemente, los que presumen de demócratas se posicionaran a favor de encarcelar a los titiriteros por una obra de teatro. Cuando estudiábamos el Franquismo nos hablaban de la censura palpable en las letras de Cecilia, Luis Eduardo Aute o Paco Ibáñez. En el Siglo XXI, en plena era de las comunicaciones, te mete entre rejas un maldito tuit. ¡Qué mal vamos!