GERMÁN EGUILIOR.-
Debo decir que no soy un habitual de la literatura deportiva. Ya no. Lo fui en su día, donde hasta los 'veintitantos' me empapé de libros de deporte en general y de fútbol en particular. De cualquier manera, la literatura sobre alpinismo es diferente. Son, como norma general, relatos sobre historias reales que bien podrían confundirse con novelas. El último libro que había leído sobre alpinismo había sido «K2. El nudo infinito», de Kurt Diemberger, en septiembre de 2018.
El libro «Nanga» lo tenía en carpeta desde hacía un par de años. De hecho, pretendía leerlo antes que aquel de Kurt Diemberger sobre la tragedia del
K2 de 1986, pero el visionado de un espectacular documental
(link) sobre la catástrofe del K2 en 2008 durante el verano pasado me hizo revolver en la historia del K2 y desear leer el relato sobre la otra gran desgracia del '
Chogori'.
Antes de hablar sobre el libro quiero decir que, si has llegado a estas líneas, además de que lo agradezco, no esperes una reseña libre de 'spoilers'. No me imagino a nadie leyendo este relato sin conocer, en líneas generales, qué ocurrió en el Nanga Parbat durante la temporada invernal de 2016. Asimismo, me gustaría destacar las razones que me llevaron a querer leer este libro. Una de las historias de montaña que más me fascinan fue la ascensión invernal al Nanga Parbat lograda por la expedición que conformaban Álex Txikon, Ali Sadpara, Tamara Lunger y el propio Simone Moro en febrero de 2016. En el momento de lograrlo, 12 de los 14
ochomiles ya habían sido ascendidos en la temporada invernal, restando solo el K2 y el Nanga Parbat, ambas en la cordillera del
Karakórum. El alpinista italiano que relata y protagoniza esta historia era ya todo un experto en primeras ascensiones invernales, habiendo protagonizados las primeras ascensiones en la temporada más fría las cimas del Shisha Pangma (2005), Makalu (2009) y Gasherbrum II (2011). Mucha culpa tuvo de que me enamorara de la historia el exfutbolista Michael Robinson, quien presenta uno de los programas deportivos más interesantes de la televisión, y en
Informe Robinson relató con maestría aquella primera ascensión invernal al Nanga Parbat
(link). El protagonista de aquel documental fue
Álex Txikon, aunque también participaron Simone Moro y Tamara Lunger. He visto el reportaje en innumerables ocasiones y desde entonces nunca he dejado de leer artículos y entrevistas publicados tanto durante la expedición como posteriormente. Por tanto, un libro sobre aquella histórica conquista contado por uno de sus protagonistas no había manera de que no deseara leerlo.
El libro está estructurado en capítulos muy cortos (86) de no más de dos o tres páginas por norma general, que hacen su lectura muy amena. Y, sobre todo, que facilita a posteriori el repaso a lo que, anuncio ya, me ha parecido un libro fantástico. El alpinista de Bérgamo introduce el libro contando cómo despertó su pasión por la
«montaña asesina» y dejando claro que su estilo no se deja llevar por el "qué" sino por el "cómo". Algo que quien ha seguido mínimamente al italiano no puede dudar. Una vez introducido el lector a la montaña, Simone divide su libro en tres partes bien diferenciadas: el primer intento, el segundo y el tercero y definitivo. Como no podía ser de otra manera, los dos primeros intentos no dejan de conformar una especie de prólogo sobre el triunfo que compartieron Ali, Alex, Simone y Tamara en 2016. Y es que, después de leer el libro, me resulta imposible no incluir a Tamara Lunger en este cuarteto de triunfadores.
Simone Moro introduce magistralmente al lector entre las laderas del Nanga Parbat, haciéndole sentir incluso las gélidas temperaturas de la «montaña desnuda». La primera parte versa sobre el intento que acometieron
Denis Urubko y Simone Moro, quienes juntos lograron las primeras ascensiones invernales al Makalu y Gasherbrum II. En el Nanga Parbat el tiempo no acompañó tal y como había vaticinado
Karl Gabl, en quien el lector tendrá una sensación de confianza plena tras leer las hojas escritas por el alpinista italiano. Aquella vez, en 2012, no hubo más remedio que retirarse habiendo alcanzado una cota de 6600 metros. El segundo intento narra la acometida de Simone Moro junto a David Göttler, que tenía lugar un año después de los ataques terroristas que en el campo base del Nanga Parbat costaron la vida a 11 alpinistas en 2013.
La parte más interesante es, a mi criterio, aquello relacionado con el tercer intento. Y supongo que lo mismo pensará el autor, habida cuenta que ese intento con cumbre incluida es la auténtica razón por la que existe este libro. Es en la página 103 del libro publicado por
Ediciones Desnivel cuando por fin aparece el nombre de
Tamara Lunger y piensas "ahora empieza lo bueno". Fue la espectacular ascensión sin oxígeno de la sudtirolesa al K2, en el año 2014, lo que llamó la atención del reconocido ochomilista, quien contactó con Tamara para aunar fuerzas. Desde mi punto de vista, como lector, ha sido especialmente interesante conocer toda la intrahistoria entre los dos alpinistas italianos ya que, hasta la fecha, había conocido esta expedición con el foco puesto sobre Álex Txikon y, por tanto, no es hasta el final de la aventura en la «montaña asesina» cuando se unen ambas cordadas. De esta manera, me resultó especialmente interesante conocer en voz de su protagonista el intento por la
vía Messner, que no se dejaría vulnerar, y que obligaría a la cordada italiana a cambiar de estrategia. La invitación de Txikon para unirse a la acometida por la Kinshofer configura la cordada que hollaría posteriormente la cima y que todos conocemos.
Tras la desgraciada muerte de
Daniele Nardi este año, precisamente en el Nanga Parbat, cuando hacía un intento invernal por el espolón Mummery, se vuelve un poco extraña y triste toda la parte referida a los desencuentros de Nardi con Txikon y Moro, y da un poco de luz del asunto teniendo en cuenta siempre que son palabras de Simone Moro, uno de los involucrados. No vale la pena que yo profundice sobre esto, pues de nada sirve mi interpretación de unos hechos que ya he leído condicionado por la opinión de uno de los protagonistas.
En todo caso, y aunque la unión estuvo a punto de no producirse, el bergamasco y la sudtirolesa se unieron a la expedición que lideraba Álex Txikon. Ellos tres y Ali Sadpara configurarían el equipo de cuatro alpinistas, habiéndose marchado Daniele Nardi, que intentaría hollar la cima del Nanga Parbat en invierno. El relato del trabajo en equipo emociona y las noticias de Karl Gabl sobre la ventana de buen tiempo dibujo una sonrisa esperanzadora al lector, que se convence de lo que ya sabe: se puede llegar a cima. El mal estado físico de Tamara Lunger en el día de cumbre, que se encontraba afectada por el comienzo del ciclo menstrual, impidió que se convirtiera en la primera mujer con una primera ascensión invernal a un ochomil. Quizá sea eso el toque amargo que embellece la historia hasta convertirla en casi perfecta. Ese dolor que te deja que la sudtirolesa no hollara la cima. De cualquier manera, después de leer el libro se hace difícil dejar a Tamara fuera del exitoso equipo que hizo historia, pues se entiende que su aporte fue absolutamente determinante para que la empresa llegara a buen puerto.
Simone Moro decidió no solo poner su nombre sino escribir él mismo su libro, lo cual me parece la única opción válida para alguien que firma un escrito. Lo hace además con un estilo muy agradable para el lector, el cual se ve inmerso en el Nanga Parbat desde el primer momento. A todo aquel que alguna vez haya empuñado un piolet y caminado con crampones le recomiendo su lectura. Al que no esté tan próximo al mundo de la montaña no se lo recomiendo, pues probablemente le aburriría y no se acercaría al precioso mundo de las arrugas de la tierra. A ellos les invitaría a que vieran el documental de Informe Robinson, «Invierno en el Nanga Parbat», que habla sobre la misma historia que el libro de Simone Moro.

PD: Si alguien va a comprar el libro, le sugiriría que no lo hiciera en ninguna gran web que al día siguiente te lo entrega en casa. Que se acerque a una librería de su pueblo o ciudad y se lo encargue a la quiosquera o quiosquero. Quizás tarde unos días en recibirlo, y si tiene mala suerte una semana, pero estará contribuyendo a una economía más sostenible y ayudando a una trabajadora o trabajador que seguramente lo necesita mucho más.