Ayer vi el
Barcelona-Valencia de la Primera División Femenina, disputado en un Mini Estadi
que presentaba un marco desolador. Pese a haber sido jugado en buen horario, y
en un fin de semana sin fútbol masculino de Primera División, las gradas del
Mini Estadi lucían prácticamente vacías. Este hecho contrastaba con las más de
60.000 personas que apenas seis días antes habían abarrotado las gradas del
Wanda Metropolitano para el encuentro de fútbol femenino que midió fuerzas
entre el Atlético de Madrid y el propio Fútbol Club Barcelona.
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| Portada de As del 18 de marzo de 2019 |
Nadie puede
negar el auge que vive el deporte femenino tanto a nivel mundial como en
nuestras fronteras. Ahora bien, queda un larguísimo camino por recorrer y
agarrarnos a hechos extraordinarios sería engañarnos y tapar una realidad que
debemos luchar por mejorar. Los 60.000 espectadores de la semana pasada fue un hecho
insólito que, en mi opinión, es consecuencia directa de, en primer lugar, el
atractivo que genera un duelo entre Atlético y Barcelona con motivo de la
rivalidad centenaria de sus pares masculinos. En segundo lugar, una astuta campaña de
marketing por parte de la Liga Iberdrola y de las televisiones, sumada a la
inteligente decisión del equipo anfitrión de llevarse el partido del habitual
Cerro del Espino en Majadahonda al Wanda Metropolitano, derivaron en el récord
mundial de asistencia en un partido de clubes de fútbol femenino. Pero no es lo
habitual.
Sería de
necios negar la realidad futbolística que vive el fútbol femenino a día de hoy.
Y no hay peor error, obviamente, que pensar que las mujeres no sirven para el
fútbol. Por eso, considero conveniente reflexionar sobre qué razones nos llevan a esa
disparidad de nivel entre géneros:
En primer lugar,
entra en juego una cuestión de cantidad y probabilidad. En España, el 94% de
las licencias futbolísticas pertenecen a jugadores de categoría masculina, por
un 6% de licencias femeninas. Más concretamente, en las categorías inferiores,
en nuestras fronteras hay más de 100.000 licencias masculinas en cada una de
las categorías juvenil, cadete e infantil, mientras que en cada una de las
mencionadas categorías apenas se superan las 5.000 licencias femeninas. Esto
aumenta la competitividad por hacerse con una licencia de Primera División en
categoría senior, y si por cada jugadora hay veinte jugadores, es obvio que
vamos a encontrar una notable disparidad a la hora de comparar el nivel.
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| Encuentro del CADU entre el CEU y la UVEG (18/12/2017) |
Por
eso, desde mi punto de vista, se comete un grave error al querer tapar el nivel
futbolístico de la Liga Iberdrola y enseñar jugadas concretas que no muestran
la realidad de una Liga cuyo nivel futbolístico, desgraciadamente y espero que
por el menor tiempo posible, es todavía bajo. Se aprecia a la hora de
controlar un balón, de ejecutar un regate o de hacer un cambio de frente, pero
también al entrar en el nivel táctico. Físicamente,
las diferencias son también notorias, sin tener las jugadoras culpa de ello. ¿O
qué condición física tienen aquellos futbolistas masculinos que solo pueden
dedicarse a su deporte a tiempo parcial? Destacaba ayer físicamente Lieke
Martens sobre las demás, y no es casualidad que se trate de la primera jugadora
por la que el FC Barcelona ha pagado (menos de 50.000 euros) por su
incorporación, así como que sea la única jugadora de la plantilla que cobra más
de 100.000 euros anuales. Pero hablamos de una jugadora que en 2017 ganó el
premio FIFA The Best a mejor jugadora de Europa, mientras en categoría masculina
lo ganó Cristiano Ronaldo. No tengo ninguna duda de que todos saben quién es
Cristiano Ronaldo, pero apostaría a que el 99% de los lectores no saben quién
es Lieke Martens. Y he aquí, estimado lector, donde encontramos el techo de
cristal en el fútbol femenino. Que, si bien no lo hemos levantado nosotros, ayudamos
a mantenerlo.
¿Cómo puede
aspirar una mujer a vivir del fútbol de élite cuando ni ser reconocida como la
mejor jugadora del mundo te sitúa en el mapa? ¿Cómo puede una mujer vivir por y
para el fútbol cuando es prácticamente imposible dedicarse de lleno de manera
profesional a ello? ¿Cómo se le puede exigir a una mujer que tenga una
condición física a la altura de un deportista de élite cuando la escasa o nula
remuneración le obliga a encontrar su fuente de ingresos lejos del fútbol?
Me temo que el
referido techo de cristal en el fútbol femenino no se derribará solo con
balonazos, sino que harán falta inversiones y trabajo mediático. Desde que
Mediapro comprara los derechos televisivos del fútbol femenino en España, se han
pasado de 30.000 a más de 40.000 licencias y su audiencia no para de crecer.
Movistar+, que con precios inaccesibles para la ciudadanía está alejando al
aficionado medio del deporte, ofrece una interesante cobertura del fútbol
femenino para aquellos que se pueden permitir sus costosos paquetes.
Ahora bien, al
margen de la televisión, la cobertura mediática del fútbol femenino es
paupérrima. MARCA y As dedicaron, con acierto, su portada al récord de
asistencia de la semana pasada, pero diariamente relegan la cobertura
informativa del fútbol de féminas a la intrascendencia. Y como los dos diarios
deportivos líderes en nuestro país, el resto de medios informativos de prensa
escrita, televisión o radio, que hace una semana celebraban el crecimiento del
fútbol femenino para aparcarlo de nuevo al día siguiente y dedicar hojas y
hojas, horas y horas al fútbol masculino. ¿Cómo puede despertar interés en el
aficionado el fútbol femenino si convierten a sus protagonistas en auténticas
desconocidas?
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| Portada de Marca del 18 de marzo de 2019 |
A mi parecer,
ese primer impulso depende casi de manera exclusiva de los medios de comunicación.
Ellos, que son los mismos que han hecho que en este país no conozcamos a ningún
hombre que haga natación o juegue a bádminton, pero todos sepamos quiénes son
Mireia Belmonte o Carolina Marín. Los medios de comunicación gozan de una
fuerza extraordinaria, y nadie tiene más fuerza que ellos para dar visibilidad
a un deportista, un deporte o un evento deportivo.
Una vez que
los medios de comunicación terminen de impulsar el fútbol femenino que, como
comentábamos, se encuentra en auge desde hace unos años, será necesaria la
aparición de patrocinadores e inversores que realmente hagan rentable el fútbol
femenino. Será a partir de ahí cuando haya una verdadera profesionalización de
la Liga, cuando las licencias en categoría base se disparen, cuando la
competitividad por disponer de una licencia de Primera División se eleve y las
jugadoras de nuestro país puedan brindarnos el espectáculo de élite por el que
desde hace años están luchando.
No quisiera
finalizar este artículo sin destacar que en este aspecto sería de notable ayuda
una modernización por parte del legislador de la Ley General de la Comunicación
Audiovisual, del año 2010, y que a mi parecer es contraria a derecho por
discriminar por razón de sexo a la mujer. En este sentido, el artículo 20 de la
referida ley establece aquellos eventos de interés general que han de emitirse
en abierto y con cobertura estatal, y si bien no entra en cuestiones de género,
se olvida por completo del deporte femenino, dado que se refiere a eventos
donde todas las actuaciones destacadas de deportistas españoles han sido y son
en categoría masculino, o incluso a eventos que en categoría femenina no
existen (Copa del Rey, Copa Davis, Vuelta Ciclista a España, Grandes Premios de
automovilismo y motociclismo, etc). De igual modo, algunos de estos eventos existen
en categoría femenina, pero en la práctica no son televisados cuando se trata
de deporte femenino, y en ese caso se estaría incumpliendo la ley, como sucede
con los partidos de las selecciones españolas femeninas de fútbol y baloncesto.












