¿Habéis oído hablar del «mansplaining»? Si eres hombre probablemente lo hayas cometido alguna vez. Si eres mujer, me temo que lo sufres con mucha más frecuencia de la que te gustaria. Consiste en explicarle algo una mujer dando por hecho que por ser hombre vas a saber del tema más que ella; aunque pudiera perfectamente ella ser toda una experta en la materia ¿Y os alarmáis cuando las mujeres denuncian que sufren acoso constantemente, tachándolas de exágeradas o dramáticas?
Esta tarde estaba en el gimnasio, maratón obliga, y mientras hacía mis series veía como una chica hacía las repeticiones de su ejercicio con apenas 10 kg. Entonces ha llegado un iluminado que por un momento ha dejado mirarse en el espejo y ha acudido al rescate de una chavala que, por otra parte, no necesitaba ninguna ayuda.
En primer lugar se ha puesto a explicarle cómo debía ejecutar el ejercicio correctamente, como si la chica estuviera haciéndolo mal. He aquí, como decía al comienzo, el «mansplaining». Después de esto se ha puesto a darle una breve charla en la que le explicaba qué grupo de músculos trabajaba con cada ejercicio mientras tocaba, en el cuerpo de ella, los correspondientes músculos. He aquí, aunque algunos no lo vean, el mencionado acoso.
Queridísimo iluminado, si no sabe cómo te llamas, créeme, no quiere que la toques.
martes, 2 de octubre de 2018
viernes, 6 de julio de 2018
El mejor partido de la historia
Hoy se cumplen diez años del, para una significativa mayoría, mejor partido de la historia. Era un domingo muy raro en Londres. Lo recordarás. Como no vas a hacerlo si te pasaste toda la tarde frente al televisor, retransmisión todavía en 4:3, temiendo que la lluvia te privara del desenlace de una final épica. Sí, por eso y porque de vez en cuando, no pretendas engañarme, la nostalgia te lleva a encontrarte de nuevo frente a la pantalla, como en aquel primer domingo de julio de 2008, gozando de aquellas casi cinco horas a puro tenis.
Todavía te pones nervioso cuando ves el cuarto set y observas que Nadal, tras situarse 5-2 con todo de cara para cerrar el partido, deja que su ventaja se esfume como agua entre los dedos. Aún ves como Federer levanta dos sets en contra y entras en pánico, temiendo por momentos que por tercer año consecutivo Nadal vea frustrado su sueño.
De un lado está un Roger Federer que apunta a mejor jugador de todos los tiempos y que, de momento, a sus 26 años quiere firmar la animalada de vencer en Wimbledon por sexto año consecutivo. Pero del otro lado está Rafael Nadal, con 22 años recién cumplidos y disputando su tercera final consecutiva en el All England Club. Rafa viene de ganar Roland Garros cuatro veces al hilo, y las tres últimas frente a Federer. Sin embargo, la hierba es "territorio Federer" y debe conquistarla si quiere cumplir su sueño de, alguna vez, verse como número 1 del mundo. Ambos se encuentran en un quinto set, por supuesto sin tie-break, que va a decidir si se prolonga el reinado del suizo o si la espada del balear sale vencedora de aquel Juego de Tronos. La paridad se prolonga hasta el 7-7 de la manga definitiva, en la que el balear finalmente rompe el servicio del amo y señor de la hierba. Mantener el saque ahora es tan difícil como ganar el partido entero. La película termina con Federer estrellando en la red el que me atrevo a denominar como el 'unforced' más bello de todos los tiempos. Al menos para mi y para todos los devotos Rafael Nadal.
Nadal logra su quinto Grand Slam, y por primera vez lo hace lejos de Roland Garros. No ha ganado ni siquiera un tercio de los 'majors' que va a conquistar a lo largo de su carrera, pero será difícil que alguno alcance este grado de emotividad. El joven de pantalones piratas y camiseta sin mangas confirma lo que todos sabemos: habemus leyenda.
viernes, 15 de junio de 2018
Color esperanza
Argentina está hermosa teñida de verde. En realidad siempre lo está,
pero hoy, con un grito feminista que retumba en todo el planeta, está
más bella todavía. Enorme victoria labrada desde el corazón de las
calles que hace de Argentina un país mejor, más justo y más humano.
Siempre me fascinó de Argentina el espíritu de lucha de su sociedad; y como un pueblo pisoteado una y mil veces era capaz de levantarse una y otra vez para seguir combatiendo. Hace muchos años, la primera vez que mi hermana y yo pisábamos Argentina, bromeábamos y nos preguntábamos por qué se manifestarían los argentinos al día siguiente. Y es que cada día en las calles había grupos más o menos numerosos que tenían alguna razón para protestar o reivindicar algún derecho. Decíamos jocosamente que era la manera en que los argentinos se entretenían.
Conocer al entorno de mi madre fue algo tan impresionante como fascinante para nosotros. Los temas de conversación -alrededor de un desagradable mate que pasaba de boca en boca- recorrían la historia de Argentina, y saltaban a lo largo y ancho del globo terráqueo; desde los Estados Unidos de Bush hasta la Irak de Sadam Husein, pasando por la Guerra Civil de Sierra Leona o la situación política de México. Y siempre lo hacían de una manera totalmente distinta de lo que podíamos escuchar en España, con una empatía contra lo injusto absolutamente cargada de dolor y conciencia social. En el entorno de mi madre descubrí qué era el espíritu combativo y comprendí por qué mi madre era tan distinta de lo que había de este lado del planeta.
Hoy solo puedo sentirme tremendamente orgulloso de la lucha que ha llevado a cabo todo ese entorno de mi madre, sumado al mío propio y a una gran mayoría de argentinos que ha defendido el derecho de la mujer a ser un poco más libre.
Sois lucha, sois ejemplo y sois increíbles. ¡VAMOS ARGENTINA!
Siempre me fascinó de Argentina el espíritu de lucha de su sociedad; y como un pueblo pisoteado una y mil veces era capaz de levantarse una y otra vez para seguir combatiendo. Hace muchos años, la primera vez que mi hermana y yo pisábamos Argentina, bromeábamos y nos preguntábamos por qué se manifestarían los argentinos al día siguiente. Y es que cada día en las calles había grupos más o menos numerosos que tenían alguna razón para protestar o reivindicar algún derecho. Decíamos jocosamente que era la manera en que los argentinos se entretenían.
Conocer al entorno de mi madre fue algo tan impresionante como fascinante para nosotros. Los temas de conversación -alrededor de un desagradable mate que pasaba de boca en boca- recorrían la historia de Argentina, y saltaban a lo largo y ancho del globo terráqueo; desde los Estados Unidos de Bush hasta la Irak de Sadam Husein, pasando por la Guerra Civil de Sierra Leona o la situación política de México. Y siempre lo hacían de una manera totalmente distinta de lo que podíamos escuchar en España, con una empatía contra lo injusto absolutamente cargada de dolor y conciencia social. En el entorno de mi madre descubrí qué era el espíritu combativo y comprendí por qué mi madre era tan distinta de lo que había de este lado del planeta.
Hoy solo puedo sentirme tremendamente orgulloso de la lucha que ha llevado a cabo todo ese entorno de mi madre, sumado al mío propio y a una gran mayoría de argentinos que ha defendido el derecho de la mujer a ser un poco más libre.
Sois lucha, sois ejemplo y sois increíbles. ¡VAMOS ARGENTINA!
domingo, 10 de junio de 2018
Disfrutar de Rafa
En 2015 Rafa Nadal firmó el peor año de su carrera. Tenía 29 años y la sensación era que, del mismo modo que había tenido un éxito prematuro, tendría una temprana retirada. Después de firmar el récord histórico al haber ganado al menos un Grand Slam durante diez temporadas consecutivas (2005-2014), en 2015 no pasó de cuartos de final en ninguno de los cuatro 'majors'. No pudo tampoco morder ninguno de los nueve Masters 1000 por primera vez en su carrera, lo que hacía de 2015 un año nefasto y se caía del Top 4 por primera vez en diez años.
Fue entonces cuando no quedó más remedio que cambiar el chip: el fin era inminente tras una brillante trayectoria. Recuerdo que le preguntaron si no contemplaba la opción de retirarse y dijo que no, que era feliz jugando a tenis y que mientras pudiera iba a seguir haciéndolo. Rafa iba a seguir y me prometí, únicamente, disfrutar de cada vez que Rafa saltara a pista a jugar a tenis.
Y así comenzaba el 2016, con un -otro- fracaso en Australia, cayendo en primera ronda contra Fernando Verdasco. Sin embargo, entre fracaso y fracaso, llegaba la gira de tierra y Nadal iba a abrir un paréntesis en Montecarlo para devolvernos el preciado sabor de la gloria grande. Disfruté ese Masters como si fuera el 15º Grand Slam. Recuerdo que me dije que no podía pedirle ya nada más a Nadal. Eso había sido tremendamente grande.
Nadal, que no había empezado mal Roland Garros, abandonaba por lesión su torneo sin saltar a pista en tercera ronda, cuando no había cedido ni un solo set y apenas había entregado nueve juegos en los dos partidos disputados. Dolía, especialmente, porque iba a ser el abanderado de la expedición española en 'Río 2016'. Algo que a mi, sinceramente, me importaba bastante poco. Pero sabía lo que significaba para él. Cuestión de empatía.
Finalmente, Rafa llegó a los Juegos Olímpicos. En una ciudad donde predomina el tenis sobre tierra batida, sorprendemente se instaló una superficie dura que en nada beneficiaba al 'King of Clay'. Expectativa ninguna, como podéis imaginar. Sin embargo Nadal mostró una de sus mejores versiones y, cuando ni siquiera teníamos claro si la lesión le permitiría competir, fue avanzando rondas tanto en la modalidad de dobles como en individuales. Contra todo pronóstico acabaría mordiendo su segundo oro olímpico, compartiendo foto con su amigo Marc López. ¡Oro olímpico un tío al que yo mismo había retirado!
Desde aquí la historia es sabida. El país volvió a prenderse al nadalismo. En Australia 2017 Nadal volvió a jugar una final (¡qué final!) de Grand Slam después de casi tres años. En Roland Garros 2017 Nadal volvió a ganar un Grand Slam poniendo fin a una sequía de tres años. En agosto de 2017 Nadal recuperaba el número 1 del mundo más de tres años después. En el US Open 2017 Nadal volvía a ganar otro Grand Slam. El 16. Y suponía su segundo 'major' del curso, algo que no lograba desde aquel maravilloso 2013. Rafa cerraba el curso en lo más alto del ranking por cuarta temporada de su, ahora sí, dilatada carrera.
Ya estamos en 2018 y Nadal juega por todo. Campeón en Montecarlo por undécima vez y en Roma por octava, hoy saltará a la Philipe Chatrier a jugar su décimo primera final de Roland Garros. Ganó las diez anteriores. Hoy, por primera vez, lo hará frente a Dominic Thiem. Para muchos el heredero. No tengo ni idea de qué va a pasar, pero me he jurado que voy a cumplir aquella promesa que hice en 2016: voy a disfrutar de verle, una vez más, saltar a la pista a jugar a tenis.
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viernes, 25 de mayo de 2018
España es un manicomio
Nadie se escandaliza. En las calles la más absoluta normalidad: la
señora en la puerta que mira de reojo la bolsa de la compra del
viandante y el transeúnte que tira al suelo la cajetilla de tabaco al
terminarla. Y en esta categórica normalidad el PP, que gobierna en
España desde 2011, condenado como partido corrupto. Tampoco nos vamos a
sorprender, no es nada que no supiéramos. Igual que no necesitamos que
venga un meteorólogo a decirnos que llueve cuando el agua impregna nuestras
cabezas, las evidencias en los últimos años eran tales que no era
necesario desde un punto de vista moral que un juez nos dijera que el PP
era corrupto. Sí que lo era desde una perspectiva legal, pero nada va a
cambiar.
No espero ninguna repercusión significativa en este país de
impasibles. El poder de los medios de comunicación es a estas alturas
incuestionable y ya sabemos en manos de quiénes están. La ira ciudadana
se orienta hacia el exilio de Valtonyc y el deseo generalizado es que
ese maldito terrorista vuelva a España a cumplir su pena de prisión de
tres años por escribir y cantar canciones; así como a la casa de
Iglesias y Montero y el siempre recurrente asunto de Cataluña. De manera
residual un poco de atención para cuestionar las elecciones de
Venezuela en las que Maduro se ha vuelto a imponer, juzgando desde la
ignorancia en la democrática y transparente España, donde todo
trasciende dentro del marco de legalidad. Han condenado por corrupción
al partido que va a ganar las próximas elecciones. España es un
manicomio.
jueves, 8 de marzo de 2018
Androcentrismo en el lenguaje
GERMÁN EGUILIOR.-
Llega el DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER apenas
unas semanas después del revuelo generado por la temeraria mención a las «portavozas» por parte de Irene Montero,
la cual requirió incluso de la intervención de la RAE para proteger al idioma
de las osadas intromisiones del feminismo.
El vocablo usado por la vocera, término que recientemente incomodó sobremanera al
académico Pérez-Reverte, era el pistoletazo de salida para un intenso debate
que se iba a prolongar durante varios días y que bien pudo servir para
reflexionar sobre un lenguaje que en materia de sexismo evoluciona muy lentamente.
Mucho más, desde luego, de lo que lo hace para reconocer o admitir vocablos
como «asín», «iros» o «almóndiga».
Es necesario
tener conciencia sobre algo tan obvio como la existencia de la discriminación
en el lenguaje; la cual, además, tiene presencia en multitud de formas. En
primer lugar, si acudimos al diccionario para ver las referencias al género
humano encontramos que «hombre» es «ser animado racional,
varón o mujer». Es decir, usamos hombre tanto para referirnos a las personas en
general como para los varones en particular. ¿Y «mujer»?
Para referirnos al sexo femenino, y gracias. Sí, y gracias. Porque el mismo
diccionario de la RAE recoge «hombre público» como «hombre que tiene presencia e influjo en la vida social», y «mujer pública» como «prostituta». Mejor, por tanto, limitarnos a usar
mujer en referencia al sexo femenino; sin connotaciones de ningún tipo. ¿Podría
alguien ser tan ingenuo de creer que el empleo del vocablo «hombre» para referirnos
a la especia humana es casualidad? En una herramienta de poder como es el
lenguaje no existen las casualidades y esto no es más que otra consecuencia del
androcentrismo al que también está sometido el lenguaje. Algo similar ocurre al
nombrar a «América», que puede bien estar aludiendo al continente en general o
a Estados Unidos en particular; pero nunca a Argentina, Costa Rica o México
individualmente. Esto es fruto de una dominación histórica que, por el mismo
camino, llevó al varón a adueñarse del diccionario y a Estados Unidos del
continente.
Sin embargo,
hay una tendencia generalizada a infravalorar este asunto del lenguaje,
minimizando un problema que algunos no quieren o no saben ver. No sé cuál de
las dos es más preocupante. Es habitual en estos tiempos donde Internet es
fuente esencial de la comunicación, leer a modo de burla a gente convirtiendo a
femenino incluso palabras epicenas como «persona» (persono). ¿Ha reparado esta gente acaso en que una de las
principales características del diccionario es ordenar alfabéticamente las
palabras, y sin embargo recoge términos como «carpintero-ra»,
«presidente-ta» o «enfermero-ra»? Es decir, pese a aplicar estrictamente el
orden alfabético desde la primera palabra hasta la última, en las acepciones
con ambos géneros altera el orden alfabético y antepone al género masculino.
Resulta harto complicado justificar esto sin negar el machismo que predomina en
la RAE desde su fundación.
A la corriente «yo no soy
machista ni feminista», que se puede sintetizar más brevemente como la
corriente «machista», le indigna el lenguaje inclusivo. Pérez-Reverte, con
sillón en la RAE desde 2003, defendía hace 18 años el uso del género neutro e
ironizaba con el uso de «clienta», admitido por la RAE, y ridiculizaba términos
como «tenienta», «sargenta», «jefa» o «abogada». Por cierto: «teniente» es según la Real Academia Española el «que tiene o posee algo» y el «oficial de graduación inmediatamente superior al alférez e inferior al capitán». Por el contrario, tenienta es de igual modo la «que tiene o posee algo», pero deja de ser el oficial de graduación superior al alférez para ser la «mujer
del teniente». Entre todos los términos que indignaban al académico la no
utilización del género neutro nada se supo de «sirvienta» o «dependienta»,
sobre los cuales nunca se pronunció. Más atrás en el tiempo, Fernando Lázaro
Carreter, en aquel entonces presidente de la RAE, luchaba para eliminar el
vocablo «jueza». No lo consiguió, afortunadamente. Aunque para mí el académico
más brillante, al menos todavía, es Javier Marías. Con silla en la RAE desde
2008, más de una década antes de su ingreso en la Academia hablaba de «hembrismo»,
palabra que sigue sin estar reconocido por el Diccionario de la RAE. Sin
embargo, el académico no tardó en salir a la palestra a ironizar sobre las dichosas
«portavozas». Malditas contradicciones.
En definitiva, debe hacerse hincapié en estas actitudes tan poco
partidarias de un lenguaje inclusivo que proceden de la Real Academia porque
parece que se les ha otorgado algo tan sumamente grande como un idioma, para
que decidan aquello que es válido y lo que no lo es. Y resulta excesivamente
arriesgado en plena lucha por acabar con la discriminación de la mujer,
teniendo en cuenta que la misoginia siempre estuvo presente en la RAE. A día de
hoy ni siquiera una quinta parte de los sillones están ocupados por mujeres, y
es todo un logro. En esta institución, que actualmente sigue sin haber sido
jamás dirigida por una mujer, apenas once féminas se han sentado en sus
codiciados sillones a lo largo de tres siglos. Y en este lapso de tiempo un enorme historial
de brillantes mujeres lingüistas rechazadas con pésimos argumentos, pues hasta
hace no mucho ni siquiera se esforzaban en disimular el machismo. Ha sido mucho
más recientemente, con el acoso y las incómodas reivindicaciones feministas,
cuando la parte de la sociedad que ha decidido no combatir la desigualdad se ha
visto obligada al menos a disimular su discriminación hacia la mujer. Y esto es
consecuencia de un movimiento feminista que en estos últimos años avanza a
pasos agigantados, si bien tiene por delante un enorme y rocoso camino por
recorrer.
Contra la violencia de género, la discriminación lingüística, la
brecha salarial y todo aquello que significa una losa para el 50% de la
población, FELIZ DÍA INTERNACIONAL DE LA
MUJER a aquellas que luchan por un mundo mejor.
miércoles, 21 de febrero de 2018
Libertad Valtonyc
El Tribunal Supremo ha ratificado la pena de prisión de tres años y medio para Valtonyc. Valtonyc va a ingresar en prisión por cantar. Por cantar y porque si bien el calendario dice que estamos en 2018, los recientes hechos son más propios del siglo XV. Valtonyc va a ingresar en prisión porque nuestro Código Penal establece que "el que calumniare o injuriare al Rey o Reina a cualquiera de sus ascendientes o descendientes será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años si la calumnia o injuria fueran graves, y con la de multa de seis a doce meses si no lo son".
En el discurso de Navidad de 2011, el que fuera designado por Francisco Franco como su sucesor a título de rey, tuvo la desfachatez de decir que "la justicia es igual para todos". Poco más de seis años después, con Urdangarín y la Infanta Cristina campando a sus anchas, un rapero va a entrar en prisión por cantarle una canción al que decía que la justicia era igual para todos. Porque resulta que el que decía que la justicia es igual para todos cuenta con varios artículos en el Código Penal que hacen que no se pueda poner en duda su honorabilidad.
Cabe recordar que la justicia es igual para todos pero matar a tu vecina tiene una pena en abstracto de diez a quince años mientras que matar al Rey, a la Reina, al Príncipe o a la Princesa significa una pena de prisión permanente revisable.
La justicia nunca fue igual para todos. Ni cuando el poderoso es el sujeto activo, ni cuando es el sujeto pasivo. El Ordenamiento Jurídico en general y nuestro sistema penitenciario en particular se pone en evidencia una vez más. Deben dar las gracias a la absoluta pasividad que ha caracterizado al pueblo español durante las últimas décadas, porque es la única razón por la que los que ponen las reglas siguen jugando como quieren y ganando por goleada.
Los que celebraron las absoluciones de Francisco Camps o Ricardo Costa, o la dificultad de la justicia para determinar qué ciudadano se esconde tras el nombre "M. Rajoy" que aparece en los papeles de Bárcenas, hoy se alegran de la condena de una persona sin antecedentes penales cuyo peligro consiste en su capacidad para difundir sus propias canciones a través de la red.
En días tristes como el de hoy para esa parte de la sociedad que, pese a todo, sigue luchando por un mundo mejor, queda el consuelo de no ser como ellos. Es preferible perder siempre a estar en el bando de la mezquindad.
En el discurso de Navidad de 2011, el que fuera designado por Francisco Franco como su sucesor a título de rey, tuvo la desfachatez de decir que "la justicia es igual para todos". Poco más de seis años después, con Urdangarín y la Infanta Cristina campando a sus anchas, un rapero va a entrar en prisión por cantarle una canción al que decía que la justicia era igual para todos. Porque resulta que el que decía que la justicia es igual para todos cuenta con varios artículos en el Código Penal que hacen que no se pueda poner en duda su honorabilidad.
Cabe recordar que la justicia es igual para todos pero matar a tu vecina tiene una pena en abstracto de diez a quince años mientras que matar al Rey, a la Reina, al Príncipe o a la Princesa significa una pena de prisión permanente revisable.
La justicia nunca fue igual para todos. Ni cuando el poderoso es el sujeto activo, ni cuando es el sujeto pasivo. El Ordenamiento Jurídico en general y nuestro sistema penitenciario en particular se pone en evidencia una vez más. Deben dar las gracias a la absoluta pasividad que ha caracterizado al pueblo español durante las últimas décadas, porque es la única razón por la que los que ponen las reglas siguen jugando como quieren y ganando por goleada.
Los que celebraron las absoluciones de Francisco Camps o Ricardo Costa, o la dificultad de la justicia para determinar qué ciudadano se esconde tras el nombre "M. Rajoy" que aparece en los papeles de Bárcenas, hoy se alegran de la condena de una persona sin antecedentes penales cuyo peligro consiste en su capacidad para difundir sus propias canciones a través de la red.
En días tristes como el de hoy para esa parte de la sociedad que, pese a todo, sigue luchando por un mundo mejor, queda el consuelo de no ser como ellos. Es preferible perder siempre a estar en el bando de la mezquindad.
LIBERTAD VALTONYC
viernes, 9 de febrero de 2018
La España del 155
Me cuesta asumir que en plena era de las comunicaciones y teniendo
cualquier suceso al alcance de un clic de ratón, el primer partido
político de la historia imputado (ahora investigado) por corrupción siga
siendo el más votado elección tras elección. Ya no es que la separación
de poderes de la que Rajoy presume no exista y que el Poder Judicial se
encuentre sometido casi en su totalidad al ejecutivo -lo que permite a
esta cuadrilla de corruptos campar a sus anchas-, es que el pueblo se
debate entre lo ignorante y lo pasivo. Aquí nos indignamos si Amaia no
gana Operación Triunfo o si Piqué dice que el Espanyol está desarraigado
de Barcelona, pero nos da igual que Rosa muera en un incendio en su
vivienda como consecuencia de que le hayan cortado la luz. Nos hemos
acostumbrado a eso, a que la gente no tenga casa, a que no tenga
trabajo, a que no tenga futuro y a que desde el Congreso se gobierne
contra el pueblo. Maldita Ley Orgánica 4/2015. No nos importa que
condenen a una persona por subir a Instagram una imagen de Cristo en la
que cambia el rostro del hijo de la paloma por la suya propia, que
condenen a una estudiante de Historia por hacer chistes sobre Carrero
Blanco o que haya artistas condenados a prisión por denunciar en sus
canciones la corrupción y las injusticias sociales que nos ocupan en
estos tiempos. No nos importa, siquiera, que el nombre del presidente
del Gobierno aparezca en los papeles de Bárcenas. Tristemente, toda esta
información a la que tan fácil acceso tenemos ha servido solo para que
normalicemos la corrupción.
La España del presente celebra la aplicación
del artículo 155 CE mientras agita la bandera. Aunque no se agitaron
banderas al unísono para que se aplicara el artículo 14 CE cuando Pablo
Hasel o Valtonyc se sentaban en la Audiencia Nacional, o para que se
aplicara el artículo 47 CE cuando desahuciaban a Lidia y Santiago, y a
sus cuatro hijos. Nos maravillábamos cuando nos vendían la democracia
del ’78 viendo como Luis Eduardo Aute esquivaba la censura durante el
Franquismo, y sin embargo hoy hemos normalizado que una canción te lleve
a prisión. No nos movilizamos. No lo hacemos porque no nos importa. Si
total, no estaremos tan mal cuando con un sueldo podemos pagar el último
iPhone, y además encendemos la televisión y podemos ser iluminados por
Pablo Motos, Risto Mejide o Bertín Osborne. Y en YouTube Álvaro Ojeda,
referente cibernético.
¿Qué más da que los chavales de Altsasu lleven
451 días en la cárcel si ni siquiera sabemos qué pasó en Altsasu? ¿Qué
más da que hayan pasado ya 1912 días desde la última huelga general en
España? ¿Acaso en estos más de cinco años ha habido alguna razón para
convocar otra? Y viva España, que es año de Mundial.
martes, 2 de enero de 2018
Top 10 lecturas 2017
He
elaborado mi Top 10 personal de las lecturas que llevé a cabo a lo
largo del pasado 2017. Lo comparto y a ver si a alguien le sirve para
animarse a degustar alguno de estos libros.
10. EL TESTAMENTO (John Grisham). Porque Grisham casi nunca decepciona (exceptúo “El último jurado), y si el transcurso de la historia no atrapa especialmente lo solventa con un final colosal.
9. LAS VÍRGENES SUICIDAS (Jeffrey Eugenides). Recuerdo algunos fragmentos de este libro que eran espeluznantemente brillantes. Como curiosidad, lo leí mientras veía “13 reasons why”.
8. CRIMEN Y CASTIGO (Fiodor Dostoievski). Raskólnikov merecería estar cuanto menos en el Top 5, pero por momentos Dostoievski peca de descriptor en una novela ya de por sí lo suficientemente extensa y a veces le cuesta avanzar. Eso sí, todo lo que transcurre en la cabeza de Raskólnikov es sublime.
7. EL NIÑO 44 (Tom Rob Smith). Leído por recomendación y siendo al principio bastante reacio a hacerlo debido a que es tremendamente crítico con la Unión Soviética, la historia de por sí es magnífica. El mejor thriller que leí en 2017.
6. HAMLET (Shakespeare). Como “Crimen y castigo”, “El beso de la mujer araña”, “La conjura de los necios”, “Desayuno en Tiffany’s”, la trilogía de Primo Levi o tantos otros, llegué a él desde las canciones de Los Chikos del Maíz. Más allá del “Te be or not to be, that is the question” me pareció una excelente obra de teatro. Un género literario del que en principio no soy aficionado. Por si alguno no lo sabe, “El Rey León” está inspirado en esta obra de Shakespeare.
5. OPEN (André Agassi). Para que una autobiografía sea interesante, la vida del protagonista debe ser especialmente atrayante. Y la del exnúmero 1 norteamericano lo es, especialmente su carrera deportiva -tremendamente agitada y llena de éxito, con sus correspondientes andaduras por el barro-. Lo que más me gustó de Agassi es que pese a ser el primer jugador de la historia en ganar el Golden Slam en su carrera (después lo hizo también Nadal), se extiende sobremanera en los relatos de sus derrotas y apenas hace mención a muchas de sus grandes victorias. En esto último me siento identificado con Agassi, recordando mucho mejor las grandes citas deportivas en las que fallé en el plano personal, que mis escasos éxitos.
4. Y LAS MONTAÑAS HABLARON (Khaled Hosseini). Una sucesión de historias que se entrelazan formando un puzle soberbio, sumado a la capacidad narrativa del escritor afgano.
3. FRANKENSTEIN O EL MODERNO PROMETEO (Mary Shelley). Otra historia extraordinaria e increíblemente original si contextualizamos la época. Escrita hace dos siglos, parece tiempo suficiente para que la gente, independientemente de que lo lea o no, sepa de una vez que Frankenstein es el creador, ¡no el monstruo!
2. MIL SOLES ESPLÉNDIDOS (Khaled Hosseini). Un libro sobre mujeres en Afganistán no puede no ser duro, pero Khaled Hosseini, mi gran descubrimiento literario de 2017, cuenta una historia tan real como conmovedora. La mujer, la pasión, el sometimiento social y la lucha por la insumisión. Top 3, claro.
1. COMETAS EN EL CIELO (Khaled Hosseini). Una novela a la que no le sobra ni una letra con una conmovedora historia que se sitúa en un marco histórico tan fascinante como poco apetecible, moviéndose a lo largo de la Afganistán de segunda mitad de siglo XX. De esos libros que una vez acabados fascina incluso el hecho de tenerlo entre las manos porque se trata de una auténtica obra maestra. Me había pasado anteriormente solo con “La ladrona de libros”.
10. EL TESTAMENTO (John Grisham). Porque Grisham casi nunca decepciona (exceptúo “El último jurado), y si el transcurso de la historia no atrapa especialmente lo solventa con un final colosal.
9. LAS VÍRGENES SUICIDAS (Jeffrey Eugenides). Recuerdo algunos fragmentos de este libro que eran espeluznantemente brillantes. Como curiosidad, lo leí mientras veía “13 reasons why”.
8. CRIMEN Y CASTIGO (Fiodor Dostoievski). Raskólnikov merecería estar cuanto menos en el Top 5, pero por momentos Dostoievski peca de descriptor en una novela ya de por sí lo suficientemente extensa y a veces le cuesta avanzar. Eso sí, todo lo que transcurre en la cabeza de Raskólnikov es sublime.
7. EL NIÑO 44 (Tom Rob Smith). Leído por recomendación y siendo al principio bastante reacio a hacerlo debido a que es tremendamente crítico con la Unión Soviética, la historia de por sí es magnífica. El mejor thriller que leí en 2017.
6. HAMLET (Shakespeare). Como “Crimen y castigo”, “El beso de la mujer araña”, “La conjura de los necios”, “Desayuno en Tiffany’s”, la trilogía de Primo Levi o tantos otros, llegué a él desde las canciones de Los Chikos del Maíz. Más allá del “Te be or not to be, that is the question” me pareció una excelente obra de teatro. Un género literario del que en principio no soy aficionado. Por si alguno no lo sabe, “El Rey León” está inspirado en esta obra de Shakespeare.
5. OPEN (André Agassi). Para que una autobiografía sea interesante, la vida del protagonista debe ser especialmente atrayante. Y la del exnúmero 1 norteamericano lo es, especialmente su carrera deportiva -tremendamente agitada y llena de éxito, con sus correspondientes andaduras por el barro-. Lo que más me gustó de Agassi es que pese a ser el primer jugador de la historia en ganar el Golden Slam en su carrera (después lo hizo también Nadal), se extiende sobremanera en los relatos de sus derrotas y apenas hace mención a muchas de sus grandes victorias. En esto último me siento identificado con Agassi, recordando mucho mejor las grandes citas deportivas en las que fallé en el plano personal, que mis escasos éxitos.
4. Y LAS MONTAÑAS HABLARON (Khaled Hosseini). Una sucesión de historias que se entrelazan formando un puzle soberbio, sumado a la capacidad narrativa del escritor afgano.
3. FRANKENSTEIN O EL MODERNO PROMETEO (Mary Shelley). Otra historia extraordinaria e increíblemente original si contextualizamos la época. Escrita hace dos siglos, parece tiempo suficiente para que la gente, independientemente de que lo lea o no, sepa de una vez que Frankenstein es el creador, ¡no el monstruo!
2. MIL SOLES ESPLÉNDIDOS (Khaled Hosseini). Un libro sobre mujeres en Afganistán no puede no ser duro, pero Khaled Hosseini, mi gran descubrimiento literario de 2017, cuenta una historia tan real como conmovedora. La mujer, la pasión, el sometimiento social y la lucha por la insumisión. Top 3, claro.
1. COMETAS EN EL CIELO (Khaled Hosseini). Una novela a la que no le sobra ni una letra con una conmovedora historia que se sitúa en un marco histórico tan fascinante como poco apetecible, moviéndose a lo largo de la Afganistán de segunda mitad de siglo XX. De esos libros que una vez acabados fascina incluso el hecho de tenerlo entre las manos porque se trata de una auténtica obra maestra. Me había pasado anteriormente solo con “La ladrona de libros”.
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lunes, 1 de enero de 2018
Silencio, es su casa
Voy a comentar un comportamiento del ser humano que me indigna. Había
pensado en ello varias veces antes, pero lo hice por última vez durante
mi visita a Budapest, una hermosa ciudad en la que lamentablemente no
necesitas andar demasiado para ver personas sin hogar.
Si se
guarda silencio o se habla con un volumen moderado en lugares tales como
hospitales, si a la gente le molesta estar en un hotel y que en las
habitaciones próximas o en los pasillos la gente no respete los descansos
ajenos, etc... ¿por qué la gente no guarda silencio durante unos
segundos o procura no alterar el sueño de quienes duermen sin un techo
bajo el que ampararse hasta que se aleja lo suficiente como para no
molestarle? Personalmente, me pone muy nervioso, o furioso, ver una
persona sin hogar durmiendo y que la gente pase como si no hubiera
nadie. Además de todos vuestros propósitos para el nuevo año os invito a
que llevéis a cabo uno de los más sencillos de cumplir: cuando veáis
una persona sin hogar, al menos, respetad su descanso.
martes, 24 de octubre de 2017
La leyenda de Jesse Owens
Hay una historia ligada a Berlín que me emociona por demás y lo hace con
la particularidad de combinar ficción y realidad. La parte ficticia cae
a cuenta de "La ladrona de libros", la mejor historia novelada que
jamás he leído, mientras que la realidad corresponde a los Juegos
Olímpicos de Berlín de 1936. Es la vivencia de un personaje de ficción
tremendamente entrañable: Rudy Steiner, un niño gamberro, desobediente,
deportista y súper competitivo de Himmelstrasse -con el que
no puedo no sentirme identificado- que en la Alemania Nazi tenía como
referente a un atleta negro. Se trataba de Jesse Owens, aquel velocista
negro que llegó a este Olympiastadion de Berlín para poner en jaque la
supuesta supremacía de la raza aria y llevarse cuatro medallas de oro en
los Juegos Olímpicos a los que Hitler pretendía dar un uso
propagandístico del Tercer Reich. En este mismo estadio, más de setenta
años después, Usain Bolt detuvo el cronómetro en 9,58 segundos en la
final de 100 metros del Mundial 2009, firmando el actual récord del
mundo de velocidad. Aquello me puso la piel de gallina, pero
personalmente me quedo con el carbón con el que el infante alemán tiñó
de negro su piel, el Hubert Oval haciendo las veces de Olympiastadion y
el demente de Rudy estrechando las manos de los rivales imaginarios de
un Jesse Owens al que encarnaba él mismo antes de batir a todos en una
carrera tan imprudente como emotiva. «Algún día caerás. ¡Ya lo verás,
Liesel!»
| Yo en el Olympiastadion, el templo deportivo en el que se forjó la leyenda que inspiraba a nuestro queridisimo Rudy Steiner |
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jueves, 12 de octubre de 2017
12 de octubre
Se me hace difícil creer que alguien pueda encontrar motivo alguno de
celebración en una fecha como la de hoy. Entiendo que cuando uno
conmemora un acontecimiento, con dolor u orgullo, lo hace cuanto menos
consciente de aquello que representa; y no se limita a enarbolar un
pañuelo con el riesgo de hallarse rindiendo tributo a un proceso
histórico colonizador plagado de sufrimiento y muerte de personas
inocentes. En consecuencia y por una razón de humanidad, quiero creer
que solo una osada cuestión de
desinformación lanza a algunos desafortunados a hacer alarde de
"hispanidad" en un día como hoy.
Trazo mi vida con absoluta fidelidad a
unos principios que son absolutamente incompatibles con el regodearse en
el saqueo de los pueblos aborígenes o en la imposición cultural. Será
por eso que en mi opinión resulta impactante ver como choca la Ley
18/1987 que declara festivo el 12 de octubre con el artículo 578 del
Código Penal que regula el enaltecimiento del terrorismo y que recoge
una serie de conductas que parecen coincidir con aquello que se
conmemora en esta fecha. Claro que no aspiro a ver a la Fiscalía del
Estado ni a la Audiencia Nacional tomando hoy nota del desfile de las
Fuerzas Armadas. Y todo esto dejando de lado aquello de sentirse
orgulloso de ser español. Tan incongruente, por otra parte, como
despreciar a alguien por el mero hecho de ser español. Sentir orgullo de
ostentar una nacionalidad es tan absurdo como estar orgulloso de tener
el pelo oscuro o cuatro extremidades. Ni estoy orgulloso ni me
avergüenzo de ser español y argentino. Lo soy y punto. ¿Cómo estar
orgullosos de aquello que nos ha venido dado o que ha sido fruto del
azar?
El 12 de octubre es una fecha que desde una perspectiva histórica
no ofrece motivo alguno de celebración. Y no por ello España deja de ser
un lugar maravilloso. Lo sabe todo aquel que haya contemplado su
fascinante geografía, gozado de su inmejorable clima o tratado con su
gente (salvo episodios desafortunados como al que le pueda haber tocado
lidiar conmigo). Pero se me hace difícil agitar una bandera que
simbolice un Estado sin una independencia real del Poder Judicial, un
país con millones de viviendas vacías y a su vez miles de familias con
niños durmiendo en las calles (¿art. 47 CE?) porque se prefiere rescatar
bancos a personas, un sistema educativo que margina al estudiante con
dificultades familiares y que se empeña en alejar a las clases bajas de
la Universidad, un país anclado en otra época que contempla y admira una
Corona cuyo único mérito conocido es haber sido nombrado por Franco
como sucesor a título de rey, un sistema sanitario que se desmorona como
consecuencia de una política gubernamental que prioriza invertir en
Defensa antes que en sanidad.
¿Alguien en su sano juicio puede estar
orgulloso de todo eso? No os conforméis con agitar una bandera.
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