sábado, 27 de julio de 2019

[Reseña] Nanga | Simone Moro

GERMÁN EGUILIOR.-

 Debo decir que no soy un habitual de la literatura deportiva. Ya no. Lo fui en su día, donde hasta los 'veintitantos' me empapé de libros de deporte en general y de fútbol en particular. De cualquier manera, la literatura sobre alpinismo es diferente. Son, como norma general, relatos sobre historias reales que bien podrían confundirse con novelas. El último libro que había leído sobre alpinismo había sido «K2. El nudo infinito», de Kurt Diemberger, en septiembre de 2018.

El libro «Nanga» lo tenía en carpeta desde hacía un par de años. De hecho, pretendía leerlo antes que aquel de Kurt Diemberger sobre la tragedia del K2 de 1986, pero el visionado de un espectacular documental (link) sobre la catástrofe del K2 en 2008 durante el verano pasado me hizo revolver en la historia del K2 y desear leer el relato sobre la otra gran desgracia del 'Chogori'.

Antes de hablar sobre el libro quiero decir que, si has llegado a estas líneas, además de que lo agradezco, no esperes una reseña libre de 'spoilers'. No me imagino a nadie leyendo este relato sin conocer, en líneas generales, qué ocurrió en el Nanga Parbat durante la temporada invernal de 2016. Asimismo, me gustaría destacar las razones que me llevaron a querer leer este libro. Una de las historias de montaña que más me fascinan fue la ascensión invernal al Nanga Parbat lograda por la expedición que conformaban Álex Txikon, Ali Sadpara, Tamara Lunger y el propio Simone Moro en febrero de 2016. En el momento de lograrlo, 12 de los 14 ochomiles ya habían sido ascendidos en la temporada invernal, restando solo el K2 y el Nanga Parbat, ambas en la cordillera del Karakórum. El alpinista italiano que relata y protagoniza esta historia era ya todo un experto en primeras ascensiones invernales, habiendo protagonizados las primeras ascensiones en la temporada más fría las cimas del Shisha Pangma (2005), Makalu (2009) y Gasherbrum II (2011). Mucha culpa tuvo de que me enamorara de la historia el exfutbolista Michael Robinson, quien presenta uno de los programas deportivos más interesantes de la televisión, y en Informe Robinson relató con maestría aquella primera ascensión invernal al Nanga Parbat (link). El protagonista de aquel documental fue Álex Txikon, aunque también participaron Simone Moro y Tamara Lunger. He visto el reportaje en innumerables ocasiones y desde entonces nunca he dejado de leer artículos y entrevistas publicados tanto durante la expedición como posteriormente. Por tanto, un libro sobre aquella histórica conquista contado por uno de sus protagonistas no había manera de que no deseara leerlo.
 
El libro está estructurado en capítulos muy cortos (86) de no más de dos o tres páginas por norma general, que hacen su lectura muy amena. Y, sobre todo, que facilita a posteriori el repaso a lo que, anuncio ya, me ha parecido un libro fantástico. El alpinista de Bérgamo introduce el libro contando cómo despertó su pasión por la «montaña asesina» y dejando claro que su estilo no se deja llevar por el "qué" sino por el "cómo". Algo que quien ha seguido mínimamente al italiano no puede dudar. Una vez introducido el lector a la montaña, Simone divide su libro en tres partes bien diferenciadas: el primer intento, el segundo y el tercero y definitivo. Como no podía ser de otra manera, los dos primeros intentos no dejan de conformar una especie de prólogo sobre el triunfo que compartieron Ali, Alex, Simone y Tamara en 2016. Y es que, después de leer el libro, me resulta imposible no incluir a Tamara Lunger en este cuarteto de triunfadores.

Simone Moro introduce magistralmente al lector entre las laderas del Nanga Parbat, haciéndole sentir incluso las gélidas temperaturas de la «montaña desnuda». La primera parte versa sobre el intento que acometieron Denis Urubko y Simone Moro, quienes juntos lograron las primeras ascensiones invernales al Makalu y Gasherbrum II. En el Nanga Parbat el tiempo no acompañó tal y como había vaticinado Karl Gabl, en quien el lector tendrá una sensación de confianza plena tras leer las hojas escritas por el alpinista italiano. Aquella vez, en 2012, no hubo más remedio que retirarse habiendo alcanzado una cota de 6600 metros. El segundo intento narra la acometida de Simone Moro junto a David Göttler, que tenía lugar un año después de los ataques terroristas que en el campo base del Nanga Parbat costaron la vida a 11 alpinistas en 2013.

La parte más interesante es, a mi criterio, aquello relacionado con el tercer intento. Y supongo que lo mismo pensará el autor, habida cuenta que ese intento con cumbre incluida es la auténtica razón por la que existe este libro. Es en la página 103 del libro publicado por Ediciones Desnivel cuando por fin aparece el nombre de Tamara Lunger y piensas "ahora empieza lo bueno". Fue la espectacular ascensión sin oxígeno de la sudtirolesa al K2, en el año 2014, lo que llamó la atención del reconocido ochomilista, quien contactó con Tamara para aunar fuerzas. Desde mi punto de vista, como lector, ha sido especialmente interesante conocer toda la intrahistoria entre los dos alpinistas italianos ya que, hasta la fecha, había conocido esta expedición con el foco puesto sobre Álex Txikon y, por tanto, no es hasta el final de la aventura en la «montaña asesina» cuando se unen ambas cordadas. De esta manera, me resultó especialmente interesante conocer en voz de su protagonista el intento por la vía Messner, que no se dejaría vulnerar, y que obligaría a la cordada italiana a cambiar de estrategia. La invitación de Txikon para unirse a la acometida por la Kinshofer configura la cordada que hollaría posteriormente la cima y que todos conocemos.

Tras la desgraciada muerte de Daniele Nardi este año, precisamente en el Nanga Parbat, cuando hacía un intento invernal por el espolón Mummery, se vuelve un poco extraña y triste toda la parte referida a los desencuentros de Nardi con Txikon y Moro, y da un poco de luz del asunto teniendo en cuenta siempre que son palabras de Simone Moro, uno de los involucrados. No vale la pena que yo profundice sobre esto, pues de nada sirve mi interpretación de unos hechos que ya he leído condicionado por la opinión de uno de los protagonistas.

En todo caso, y aunque la unión estuvo a punto de no producirse, el bergamasco y la sudtirolesa se unieron a la expedición que lideraba Álex Txikon. Ellos tres y Ali Sadpara configurarían el equipo de cuatro alpinistas, habiéndose marchado Daniele Nardi, que intentaría hollar la cima del Nanga Parbat en invierno. El relato del trabajo en equipo emociona y las noticias de Karl Gabl sobre la ventana de buen tiempo dibujo una sonrisa esperanzadora al lector, que se convence de lo que ya sabe: se puede llegar a cima. El mal estado físico de Tamara Lunger en el día de cumbre, que se encontraba afectada por el comienzo del ciclo menstrual, impidió que se convirtiera en la primera mujer con una primera ascensión invernal a un ochomil. Quizá sea eso el toque amargo que embellece la historia hasta convertirla en casi perfecta. Ese dolor que te deja que la sudtirolesa no hollara la cima. De cualquier manera, después de leer el libro se hace difícil dejar a Tamara fuera del exitoso equipo que hizo historia, pues se entiende que su aporte fue absolutamente determinante para que la empresa llegara a buen puerto.

Simone Moro decidió no solo poner su nombre sino escribir él mismo su libro, lo cual me parece la única opción válida para alguien que firma un escrito. Lo hace además con un estilo muy agradable para el lector, el cual se ve inmerso en el Nanga Parbat desde el primer momento. A todo aquel que alguna vez haya empuñado un piolet y caminado con crampones le recomiendo su lectura. Al que no esté tan próximo al mundo de la montaña no se lo recomiendo, pues probablemente le aburriría y no se acercaría al precioso mundo de las arrugas de la tierra. A ellos les invitaría a que vieran el documental de Informe Robinson, «Invierno en el Nanga Parbat», que habla sobre la misma historia que el libro de Simone Moro.


PD: Si alguien va a comprar el libro, le sugiriría que no lo hiciera en ninguna gran web que al día siguiente te lo entrega en casa. Que se acerque a una librería de su pueblo o ciudad y se lo encargue a la quiosquera o quiosquero. Quizás tarde unos días en recibirlo, y si tiene mala suerte una semana, pero estará contribuyendo a una economía más sostenible y ayudando a una trabajadora o trabajador que seguramente lo necesita mucho más.

miércoles, 17 de julio de 2019

Avalancha

GERMÁN EGUILIOR.-

 Mont Blanc. Martes, 16 de julio de 2019.

3:28 a.m. Llevo ya un rato dando vueltas y David abre los ojos. Me pregunta si es hora de levantarnos. Aún quedan dos minutos, pero técnicamente sí. Nos preparamos, desayunamos y salimos de Tête Rousse. A lo lejos se ve el Refugio de Goûter, pero la conocida «Bolera» del Mont Blanc y una vertiente de rocas se interponen en el camino. El mal agudo de montaña es siempre una amenaza, por lo que fijamos una norma: cada hora en punto paramos a beber. Sí o sí. Así llegan las 6 a.m. cuando nos detenemos a reponer líquido. De repente oímos un estruendo espectacular. Yo sugiero que puede ser un helicóptero que está llevando a cabo un rescate. David cree que es el glaciar que hemos dejado atrás, que está fragmentándose y dando lugar a una de las peores amenazas: las grietas. Entonces nos giramos y vemos que no hemos acertado ninguno de los dos. Detrás nuestra, a lo lejos, afortunadamente, la nieve y las rocas se precipitan, levantándose una nube de nieve que va ocultando la propia ladera. El ruido verdaderamente asusta. Uno no quisiera estar cerca de ahí. Es difícil pensar en algo tan bello a la par que aterrador como una avalancha. Goûter nos espera. Guardamos el agua y seguimos camino.

Foto tomada por David en la pared desde la que contemplamos la avalancha

jueves, 27 de junio de 2019

Empatía efímera

GERMÁN EGUILIOR.-

«Te entiendo, pero no mucho». «Lo siento, pero no tanto». «Me duele, pero poco tiempo». Y así, cada conjunción adversativa viste de insensibilidad a una especie que rehúye al dolor, sabiéndose incapaz de lidiar con él. En un mundo achacoso se suceden las tragedias y el ser humano se acoraza una y otra vez, temiendo quién sabe qué, y mostrando ante cada una de ellas su pobreza moral. Únicamente en ocasiones muy concretas un hecho puntual, por alguna razón, se adhiere a nuestras retinas y nos impregna de dolor, aunque sea momentáneo.

Ha sido el caso de la terrible imagen de Valeria y Óscar, cuyos cuerpos yacían inertes en el Río Bravo. Porque, mientras unos esquivamos el dolor, otros huyen de la miseria. La imagen irremediablemente nos recuerda a la de Aylan, el niño sirio que unos años atrás golpeó nuestra conciencia desde la costa de Turquía y que también, de manera fugaz, caló en lo más profundo de nuestras miserias. ¿Qué cambió entonces? ¿Y qué cambiará ahora? 

Observamos el hecho, respiramos profundo, nos duele fugazmente y seguimos camino. Estamos tan habituados a transitar entre la desgracia ajena que casi nos hemos inmunizado por completo. Casi nada duele. Casi nada cala. Casi nada llega. La evolución nos ha puesto en un punto en el que la empatía tiene más tintes de defecto que de virtud. Empatizar se ha tornado signo de debilidad para una especia a la que nada importa más allá del «yo».

Quizá el dolor por la tragedia de Valeria y Óscar debiera hacernos pensar antes de abandonarnos una vez más, pero me temo que, definitivamente, el ser humano ha perdido. No hay resquicios para la humanidad. No cambió nada entonces y nada cambiará ahora. 



Imagen: @rodriguezmonos

martes, 25 de junio de 2019

Je suis nadie

No hay banderas a media asta, minutos de silencio, ni un mísero 'je suis' en su memoria. Son cifras, y solo cuando hay algún superviviente que lo pueda constatar. 22 personas que soñaban con otra vida a partir de alcanzar nuestras costas fallecieron la semana pasada como consecuencia de las políticas migratorias del Gobierno "socialista". La deshumanización ha llegado a tal punto que somos capaces de oponernos a la cooperación internacional para socorrer migrantes y refugiados. España ha optado por desentenderse de los naufragios en aguas marroquíes. Son ya 173 personas las que han perdido la vida en 2019 tratando de alcanzar suelo español. Y lo más doloroso es que ni siquiera duele.

jueves, 20 de junio de 2019

Precariedad laboral

191 muertos por accidente laboral en el primer cuatrimestre del año. La espeluznante tasa de mortalidad indica que la precariedad laboral sigue cobrándose más de una vida diaria en España. De cualquier manera, los 191 muertos, que son sin duda los accidentes de mayor gravedad, no deben restar importancia al hecho de que los accidentes laborales durante el primer cuatrimestre del año hayan superado los 200.000 (9.000 más que en el primer cuatrimestre de 2018). El debate sigue siendo si subir el salario de los pobres es perjudicial para la economía nacional, pero, ¿cuántas veces habéis escuchado hablar de qué se puede hacer para evitar los accidentes laborales? Ninguna, porque la vida del pobre no es tan importante como que las grandes empresas quieran instalarse en nuestras fronteras.

domingo, 9 de junio de 2019

Nadie como él

GERMÁN EGUILIOR.-

Nadie se mueve como él. Nadia Comăneci cuando logró la primera puntuación perfecta de 10 en unos Juegos Olímpicos se desplazaba por las barras con menos precisión que la que usa Nadal para moverse sobre la tierra batida. En cada desplazamiento, en cada golpe, en cada giro, Rafa se alía con una arena que no le patina como a la demás. La arcilla se sabe suya y juega para el balear.

Nadie resiste como él. Incluso Máximo Décimo Meridio, tras batallar en el Coliseo, acabó cayendo bocarriba y recibiendo la muerte sobre la arena. Dominic Thiem devolvía larga la última bola y Nadal caía de igual manera que el Gladiador sobre el polvo de ladrillo de la Philippe Chatrier. Pero solo unos segundos después se levantaba para saludar a quien por tercer año consecutivo había sentenciado en Roland Garros. Mariano Puerta, Roger Federer tres años consecutivos, Robin Söderling, Roger Federer de nuevo, Novak Djokovic, David Ferrer, Novak Djokovic otra vez, Stanislas Wawrinka y Dominic Thiem dos veces más. Pleno con 12/12 en finales de Roland Garros, de las cuales seis han sido contra quienes, junto a él, ostentan el privilegio de empuñar las mejores raquetas de todos los tiempos. Pero absolutamente nadie ha podido doblegar a Rafa Nadal en una final de Roland Garros.

Nadie resucita como él. El carácter extraordinario de Jesús al haber vuelto de la muerte al tercer día quedó reducido a lo anecdótico tras las extraordinarias resurrecciones de Rafa en 2013 y 2017. En 2013, Roland Garros volvía a ver a Nadal levantando un Grand Slam seis meses después de haber sido enterrado por algunas de las plumas más prestigiosas del ‘planeta Tenis’, y acabaría la temporada en lo más alto del ranking tres años después de la última vez. En 2017, tres cursos después de haber levantado su último ‘major’, el que firmara el récord de 10 temporadas consecutivas haciéndose al menos con un Grand Slam volvía a reinar en Roland Garros para, posteriormente, volver a mandar en el ranking ATP que a final de año sentenciaría a Rafa como la mejor raqueta del planeta; superando el anterior récord establecido por el mismo y gobernando el circuito a final de año después de cuatro temporadas.

Nadie gobierna como él. Quien con 18 años debutara en Roland Garros ganando el torneo, después de 14 años y con 33 primaveras en su regazo, sigue imponiendo su dictadura en la que desde hace ya un puñado de ellas es el más transparente y legítimo régimen dictatorial que la humanidad jamás ha conocido. Rafa Nadal vuelve año tras año a poner en juego su trono e invita a 127 osados a un cuadro en el que cada mes de junio intentan cambiar una historia que, a día de hoy, tiene a Rafa Nadal con un balance de 93-2 sobre la arcilla de París.

Y es que, con 12 títulos de Roland Garros, tampoco nadie ha ganado nunca tanto como él. Ni siquiera en un torneo menor, lo cual viene a evidenciar una de las hazañas más grandes de todos los tiempos. Don Rafael Nadal Parera, amo y señor de la tierra.
Rafa Nadal, instantes después de lograr su 12º Roland Garros.

viernes, 7 de junio de 2019

Tregua al disfrute

Hace ya más de tres años, cuando el final parecía inmediato, me prometí limitarme a disfrutar del tenis de Nadal cada vez que saltara a pista. O lo que quedaba de él, que parecía no ser más que la resaca de lo que algún día había sido.

El enésimo milagro en forma de resurrección ha traído desde entonces cinco finales más de Grand Slam -con tres títulos- y ocho finales de Masters 1000 -con siete títulos-, además de un oro olímpico y haber vuelto a dominar el circuito desde lo más alto del ranking ATP. Y hablando de 'disfrutar', me resulta imposible obviar aquel último Wimbledon de 2018, donde mis ojos se deleitaron con dos de las más preciosas batallas que jamás han contemplado: victoria sobre Del Potro y derrota ante Novak Djokovic en el All England Club. Y es que ganar ya no importa tanto.

Hoy, Nadal, que no somete a Federer desde hace más de cinco años y con quien acumula cinco derrotas consecutivas, vuelve a medir fuerzas con el suizo por un lugar en la final del domingo. Hoy, la Philippe Chatrier vuelve a cruzar a los dos hombres que reescribieron la historia, ocho años después de que se enfrentaran por última vez sobre el polvo de ladrillo parisino. Hoy, por primera vez en los últimos tres años y medio, pido tregua para no solo "disfrutar de Rafa". Esto es París, es la tierra batida, es Territorio Nadal y hoy hay que ganar.

Imagen: ATP

jueves, 30 de mayo de 2019

Suicidar a otra persona

No sé por dónde empezar a escribir sobre este hecho que, por enésima vez, nos retrata como sociedad. El suicidio de Verónica es consecuencia de la vileza de esta especie, capaz de todo lo que ninguna otra. Humillar y destrozar la vida de alguien no es límite alguno para el ser humano, y lo demostramos día tras día por más vidas que se queden por el camino. Da igual que sea a bordo de una patera en el estrecho, durmiendo en las calles o provocando el suicidio de aquellas cuya dignidad es ultrajada a cambio de una sonrisa burlona o de una cruel perversión.

Puede que desde un punto de vista penal solo sean responsables aquellos que han difundido el vídeo de Verónica, pero desde un punto de vista moral lo es toda una sociedad que ha normalizado la difusión sin consentimiento de vídeos de esta índole; y que llenan las galerías de los teléfonos móviles, con mayor éxito si hay una cuenta de de alguna red social que distinga a la protagonista. ¿Quién para esto? ¿Dónde se educa?

Verónica no verá crecer a sus hijos y ya no vivirá ninguna experiencia más, tras solo 32 años. Sus hijos vivirán sus vidas enteras con un vago recuerdo de lo que fue su madre. Desgraciadamente Verónica no va a ser lo última.

Qué tristeza que no hayas encontrado otra alternativa para hallar la paz.
Lo siento, Verónica.



La noticia en el Diario Público.

viernes, 17 de mayo de 2019

La ingratitud de Mauro Zárate

A lo largo del día de hoy he leído de todo para referirse a él, pero no sé si se ha inventado ya el adjetivo que califica con precisión a un impresentable como Mauro Zárate. Un tipo que eligió quién sabe qué en lugar del cariño de una hinchada incondicional que le abrió los brazos cada vez que volvía a casa tras fracasar en sus periplos por el mundo. Y en Vélez, al César lo que es del César, su rendimiento siempre fue bueno; pero eso solo era un agregado a la hora de devolver el cariño a aquel que había jurado amor eterno a la institución que siempre le había dado todo.

Aquel recibimiento a Mauro en Ezeiza, antes de iniciar su tercera etapa en Vélez, me sigue emocionando a día de hoy y sigo estando tremendamente orgulloso de aquello. No por él, por nosotros, o más propiamente dicho, por vosotros. Cuando aparece el desagradecido entonando el «Todos los momentos que viví...» se me dibuja una sonrisa de decepción, fruto de la pena que me genera que, después de toda una vida, no haya sido capaz de entender qué significa esta institución.



Muchas veces traté de encontrar una explicación a su paso a Boca entendiendo que, si las razones eran económicas, podía haberlo hecho mucho antes. Y que, con 31 años bien entrados, tenía que haber una verdadera razón de peso para faltar a la fidelidad del más sincero de los amores. He sentido cierta suerte de vergüenza ajena al ver las imágenes de Zárate celebrando con euforia un tanto en una tanda de penaltis, o metiendo con calzador un "pasó el equipo grande" cuando nadie le preguntó; desafiando a los que estuvieron siempre y queriéndose ganar ahora a una hinchada que ha disfrutado de los jugadores más ganadores de América Latina. El hincha de Boca no necesita que le digan que su equipo es grande, al hincha de Vélez no le puede ofender lo que diga este ingrato y Mauro Zárate sigue igual de perdido que cuando ponía morritos frente al espejo o cuando hacía el saludo nazi junto a los 'tifosi' de la Lazio.

Foto: Goal.com

miércoles, 1 de mayo de 2019

Día Internacional de los Trabajadores

El 1 de mayo no es día para celebraciones sino para detenerse a reflexionar sobre la situación laboral de la clase trabajadora. Desde la última reforma laboral la siniestralidad laboral no ha hecho más que aumentar cada año y 2018 no fue la excepción. De los 618 trabajadores muertos como consecuencia de accidentes laborales en 2017 pasamos a 652 en 2018. Casi dos trabajadores cada día.

La prevención de riesgos laborales que -como no podía ser de otra manera- no fue prioridad para el gobierno de derechas, tampoco lo ha sido para el PSOE hasta ahora. El programa electoral con el que han ganado las elecciones dice que impulsarán la modificación de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales que data de 1995. Aquella que no modificaron entre 2004 y 2011 cuando estuvieron al frente del Gobierno. Además, su programa menciona, con acierto, que los accidentes laborales siguen aumentando. Esperemos, por el bien de la clase trabajadora, que en esta nueva legislatura se acuerden de la tercera letra de sus siglas y protejan los derechos de un proletariado que sigue retrocediendo décadas a pasos agigantados en materia de derechos.

Por una clase obrera que deje de morir cada día; de llegar absolutamente deteriorada físicamente a la tercera edad; que tenga el trabajo como medio de vida y no que ejerza de instrumento necesario en la vida de excesos de las clases altas; que cotice por lo que verdaderamente ha trabajado y tenga una pensión nunca por debajo del SMI.

Y por favor, que acabemos de una vez con esa barbaridad que es que las empleadas del hogar no tengan derecho a la prestación por desempleo.

martes, 30 de abril de 2019

La izquierda entusiasta

Veo una izquierda entusiasmada y no encuentro los motivos. Hace no tanto tiempo clamábamos por el fin del bipartidismo y no dudábamos que a efectos prácticos PP y PSOE eran lo mismo. Sin embargo, hoy se celebra con fervor la victoria del PSOE con el "lo que pudo haber sido" como única razón. Parece que una vez más España se conforma con el mal menor. 

Tras estos comicios se considera que el PP ha tocado fondo. Un PP que, tocando fondo y perdiendo 3,5 millones de votos y 71 escaños, se mantiene como segunda fuerza. Entre 2008 y 2019 los votos de la derecha han oscilado entre los 10,8 millones de 2008 (todos del PP) y los 11,1 millones que se repartieron ayer PP, Ciudadanos y Vox. La derecha no ha perdido un solo voto, y en cuanto vuelvan a aglutinar fuerzas volverán a mandar. Además, ahora con esta nueva versión desenmascarada que se sustenta en el odio, el miedo y la ignorancia de un buen puñado de votantes. Nada menos que 2,6 millones, cuyas miradas han sido dirigidas hacia Venezuela y no saben nada del Brasil de Bolsonaro o los EEUU de Trump. 

Ante el miedo a la irrupción de la extrema derecha el mayor acto de heroicidad de la "izquierda" española ha sido acudir a votar, aunque se ha olvidado que hace ya varias décadas que el PSOE traicionó al 50% de sus siglas. La clase trabajadora de este país se volcó ayer con aquellos que no se atreven a derogar la reforma laboral o con aquellos que mantienen un sistema educativo elitista. La izquierda española que hoy presume orgullosa ha elegido al partido que en este primer tramo del año ronda las dos decenas de indultos. ¿Habéis leído algo del indulto a un policía local que falsificó documentos para encubrir a su hermano? ¿Y del indulto a un Guardia Civil que puso una multa sin fundamento legal con el objeto de perjudicar al exmarido de su pareja? No, claro que no. La izquierda española ha elegido a los que elecciones tras elecciones hacen de la Ley d'Hondt una de sus grandes valedoras, mientras deposita los más de 300.000 votos de PACMA directamente en la basura, que sigue sin entrar al Congreso. La izquierda española cruza ahora los dedos y pide a Pedro Sánchez que pacte con la izquierda. ¿No hubiera sido mejor votar directamente a la izquierda?

Imagne de EuropaPress.es

martes, 23 de abril de 2019

¿Romanticismo o ingenuidad?

Hace cuatro días que el pueblo español hacía historia entregando los mandos del Gobierno, por vez primera, a un partido condenado por corrupción. Construyen su fuerza política a partir del miedo y de la información tendenciosa. Advierten sobre Venezuela mientras callan sobre Honduras o Arabia Saudí. Elevan su potencial desde unos medios de comunicación que ya ni necesitan enmascarar los intereses económicos que les mueven. Y se saben ganadores habida cuenta de la impasibilidad de un pueblo que ni piensa ni empatiza. Han configurado un país con mujeres machistas como Christina Seguí, homosexuales homófobos como los de Victorio & Lucchino y negros xenófobos como el tarado, en el más estricto sentido de la palabra, que desde hace unos meses merodea por platós de televisión. Y todavía hay quien se atreve a creer que la izquierda sale reforzada del debate electoral en una sociedad condenada por el síndrome de Estocolmo. ¿Romanticismo o ingenuidad?